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México S.A: Abstención arrasa

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Como ya es costumbre, la abstención fue la que arrasó en la contienda electoral del pasado domingo: el promedio en las 12 entidades en que se votó por gobernador más la Ciudad de México, con su Asamblea Constituyente, fue superior a 51 por ciento. Aunque en lo particular el ex Distrito Federal se llevó la medalla de oro, con 71.65 por ciento, seguido por el estado de Chihuahua (63.95), Tlaxcala (59.68), Sinaloa (55.72), Puebla (55.33) y Zacatecas (53.76). En Baja California no se eligió gobernador, pero sí presidentes municipales, y la abstención fue de 67 por ciento.

El gran perdedor fue esa gran empresa privada conocida como “sistema de partidos” en la que más de la mitad de la población en edad y condición de sufragar simple y sencillamente no confía. Y cómo hacerlo, si, por ejemplo, en Veracruz la “propuesta” para relevar a la lacra de Duarte fue un par de lacras no sólo de la misma calaña, o incluso peores y de la misma familia.

Peor en el ex Distrito Federal, donde el “sistema” no dejó pasar a un solo candidato independiente –que por tal condición tampoco es garantía– y el pastel de la Asamblea Constituyente se quedó en manos de los partidos (60 por ciento) y de Los Pinos, Mancera, diputados y senadores (40 por ciento). Acaparó el juego y lo hizo con fichas quemadas, quienes prometen una constitución “moderna” y “a la altura” de la ciudadanía (lo que ello quiera decir).

A pesar del ostentoso rechazo ciudadano, a las empresas políticas nada les importa porque de cualquier suerte garantizaron sus respectivos negocios y sus jugosos presupuestos. El PRI fue el más golpeado y Manlio Fabio Beltrones el más abollado. En sentido contrario avanzó Morena, si bien no libró Veracruz ni Zacatecas. Lo lamentable es el marcador que favorece a los depredadores panistas, ahora con rémora perredista. Parece que nadie se acuerda de la docena trágica (Fox y Calderón). En siete estados de la República simplemente “cambiaron” a los depredadores tricolores por los depredadores blanquiazules.

Así, salvo en el ex Distrito Federal, donde se repartirá huesos, cotos y presupuestos, la llamada “izquierda” (la “moderna” y la “progresista”) se quedó con las ganas, y como perro sin amo buscará más “alianzas” antihistóricas que le garanticen recursos y logística para seguir en las andadas, que no son pocas.

Vendrán los jaloneos y, tal vez, reacomodos en el circuito de la autodenominada autoridad electoral (que el domingo se mostró deficiente al no poder arrancar en tiempo y forma, y con toda confiabilidad, el PREP), pero lo cierto es que si bien la abstención se mantiene como reina de la fiesta electoral, a los partidos no les quita ni les abruma, porque finalmente siempre se quedan con el pastel.

Y el sordo pide “escuchar el mensaje de la ciudadanía”. El inquilino de Los Pinos dijo ayer que “mientras en algunos hoy hay euforia, en otros hay tristeza y reflexión, pero a final de cuentas, lo importante es que ganó México y ganaron los mexicanos; es tiempo de dejar atrás la polarización, el encono y el enfrentamiento para trabajar en unidad en favor del país; la pluralidad, la competencia y la alternancia son signos inequívocos de la vitalidad de nuestra democracia” (sin ciudadanos). Así es: escucharán el mensaje con la misma atención y con idéntica rapidez con las que han escuchado a los maestros.

Quien de plano no respetó siquiera la cruda electoral fue el dúo dinámico de la sacra famiglia financiera del sector público: Luis Videgaray, el “ministro del (d) año”, y Agustín Carstens, el “doctor catarrito”, con sus anuncios tendientes al “futuro promisorio” que les espera al país. El primero anunció ayer que “el gobierno federal profundizará la reducción del gasto público en 2017, como propuso la semana pasada la cúpula del sector privado, aun cuando el ajuste pueda tener un efecto sobre el crecimiento” (léase si en la primera mitad de Peña Nieto el “crecimiento” brilló por su ausencia, en la segunda habrá que buscarlo con lupa).

Tres años al hilo de recortes (tanto presupuestales como de estimación de crecimiento) y todavía sonríen. No cabe duda que el citado dúo tiene una enorme capacidad para juntar roto con descosido, pues en su turno el gobernador del Banco de México anunció que “la política monetaria está llegando a sus límites para impulsar el crecimiento”, es decir, por un lado el “ministro” recorta el gasto que repercutirá en un menor “crecimiento” y por el otro el “doctor catarrito” no da de sí para “impulsar” ese mismo “crecimiento”, de tal suerte que si el “avance” era de 2 por ciento anual, entonces habrá que esperar un resultado aún peor.

El presupuesto no ayudará a que México “crezca”. Tampoco la política monetaria. Bien, pero ¿a qué le llaman “crecimiento”? Pues a un promedio anual de 1.9 por ciento en la primera mitad del gobierno peñanietista, y –por lo que ayer anunciaron– una proporción todavía menor en la segunda mitad. Total, las elecciones ya pasaron y, lo peor, ya las perdieron.

De acuerdo con la información publicada por La Jornada (Roberto González Amador) el “ministro del (d) año” detalló que “es importante que el gobierno disminuya sus requerimientos financieros en un momento en que el país enfrenta un entorno internacional adverso ante el cual no se puede realizar todo el ajuste a través del movimiento en el tipo de cambio del peso frente al dólar. El gobierno está comprometido a no elevar impuestos y la disminución del déficit se realizará por la reducción del gasto, que ya fue disminuido el año pasado y en éste”.

¿De qué tamaño será el tijeretazo? Agárrense: “hay una meta ambiciosa de reducción del gasto público en 2017, que permitirá recuperar, por primera vez desde 2008, el superávit primario (diferencia entre ingresos y gastos antes del pago del servicio de la deuda) y esto implica un esfuerzo muy importante de revisión del gasto, encontrar mayores eficiencias y establecer prioridades… se dirá que eso va a tener un efecto sobre el crecimiento de la economía, y es cierto, pero mucho más grave sería el efecto sobre el crecimiento de perder la estabilidad”. Lo mejor del caso es que desde 2015 aseguró que todo eso se corregiría con el “presupuesto base cero”, que nunca pasó de ser promesa.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Promete Miguel Ángel Yunes Linares “investigar el desvío de recursos” públicos en los gobiernos de Fidel Herrera y Javier Duarte, “para que se sepa quién llevó a la crisis a Veracruz. Se castigará con severidad a quienes saquearon y se les obligará a devolver lo que robaron al pueblo”. Bien, pero ¿quién investigará al investigador?

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.