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México S.A: Deuda: como la humedad

reforma energética

Año tras año el saldo de la deuda pública aumenta, al igual que el pago de su servicio (amortizaciones e intereses) que consume crecientes cuan abundantes recursos presupuestales que asfixian a las finanzas públicas y cancelan proyectos productivos. En el círculo perpetuo, el gobierno federal (como los estatales y municipales) se endeuda cada día más para no fallarles a los acreedores, aunque sí a los mexicanos, quienes son los que cubren este circuito.

Con Peña Nieto en Los Pinos (y junto a él Luis Videgaray) la deuda pública creció a paso veloz, mientras los ingresos apenas caminaban y el crecimiento del país se mantenía estancado. Resultado: hasta los eternos “amigos” del régimen encendieron los focos rojos y “exhortaron” al gobierno a poner fin a la enloquecida carrera de endeudamiento. Obviamente, no hizo caso.

Si se atiende la sempiterna promesa gubernamental de que (“ahora sí”) reducirá el nivel de la deuda pública con respecto al producto interno bruto, en 2017 el plan es “abatirlo” en apenas una décima de punto porcentual, si bien va, cuando en los primeros cuatro años de EPN se incrementó 15.4 puntos del PIB.

Así, el gobierno peñanietista avienta la papa caliente a la próxima administración para que ésta intente desactivar la bomba del “México en movimiento” y deja la responsabilidad del pago a las generaciones venideras de mexicanos. Como bien detalla el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados, “si se analiza el crecimiento real anual de la deuda del sector público es posible identificar con claridad que a partir de 2013 se observan incrementos superiores a 9 por ciento; sin embargo, sobresale el aumento de 14.6 por ciento en términos reales de 2015 respecto de lo registrado un año atrás. La Secretaría de Hacienda estima que para el cierre de 2016 registrará un crecimiento de 10.3 por ciento y que para 2017 crecerá a una tasa de 2.3 por ciento en términos reales”.

El propio CEFPdetalla que “es de destacar que los ingresos del sector público observaron tasas de crecimiento que fueron de 0.7 por ciento en 2010 a un máximo de 6.3 por ciento en 2013. Para 2015 estos crecieron a un ritmo de 4.4 por ciento y se espera que al cierre de 2016 alcancen un incremento de 5.9 por ciento. Respecto del crecimiento del PIB, pasó de 5.1 por ciento en 2010 a 2.5 por ciento en 2015, manteniéndose este nivel de crecimiento en el producto interno bruto estimado tanto para el cierre de 2016 como para 2017”, es decir, más deuda, poco ingreso relativo y estancamiento económico.

De acuerdo con las estimaciones oficiales, la deuda del sector público cerrará 2016 en 48.5 puntos porcentuales del PIB, de los cuales 32.2 corresponderán al endeudamiento interno y 16.3 a deuda contraída en moneda extranjera. De acuerdo con información presentada por la Secretaría de Hacienda en los Criterios Generales de Política Económica, la deuda neta del sector público comenzará una trayectoria descendente a partir de 2017, año en que observará una reducción de 0.1 puntos porcentuales del PIB y alcanzará 46.6 por ciento del PIB en 2022. Esa misma trayectoria decreciente se observará para la deuda contraída en moneda extranjera, mientras la adquirida en moneda nacional comenzará a reducirse a partir de 2018.

El plan gubernamental es dar la impresión de que comenzó a “reducir” el monto del débito, aunque en realidad se trate de proporciones verdaderamente raquíticas (una décima de punto porcentual en 2017). El problema empeora cuando se documenta que el propio gobierno ha incumplido su promesa de “reducir” la deuda. De hecho, el CEFP documenta que en 2017 la deuda crecería 2.3 por ciento en términos reales, mientras los ingresos reportarían una caída de 10.6 por ciento con respecto a los obtenidos en 2016.

El citado centro de estudios advierte que “mientras la deuda del sector público ha registrado tasas de crecimiento superiores a 8.5 por ciento en promedio, en el periodo 2010-2016 los ingresos del sector público y el PIB lo han hecho a tasas reales de 3.8 y 3.1 por ciento en promedio, en ese orden, lo cual nos da un panorama más amplio de las implicaciones que tiene este nivel de deuda y su ritmo de crecimiento, vinculado al crecimiento del PIB y los ingresos del sector público, situación que evidencia que de continuar dicha tendencia se pondría en riesgo la sostenibilidad de las finanzas públicas”.

Por lo que toca al Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP, la deuda pública en su expresión más amplia), el CEFP advierte que año tras año la Secretaría de Hacienda ha incumplido su “compromiso” de reducir su proporción con respecto al producto interno bruto.

El citado centro de estudios lo explica así: a partir de 2012 el gobierno federal se comprometió a reducir paulatinamente dicho saldo, que comenzaría en 36.5 por ciento del PIB; sin embargo, para 2016 se estima que tal saldo representará 50.5 por ciento del producto interno bruto, es decir, el “compromiso” de reducir en los hechos se convirtió en un brutal incremento de 14 puntos porcentuales del PIB, con el agravante de que la economía permaneció estática y la deuda al alza.

Entonces, una promesa incumplida más: lejos de reducir el citado saldo el gobierno peñanietista lo ha incrementado de forma permanente, todo, desde luego, a cargo del bienestar de los mexicanos de ahora y los que vendrán. Advierte el CEFP: “se han fijado metas máximas que son superadas año tras año y el inicio de la trayectoria descendente se ha ido prorrogando. Sin embargo, algo que llama fuertemente la atención es que en los Criterios Generales de Política Económica 2014 se mencionaba que el nivel máximo se alcanzaría en 2015, con un nivel de 41 por ciento del PIB, cuando en los hechos alcanzó 47.6 por ciento. De acuerdo con los CGPE 2016 el nivel máximo se alcanzaría en 2016, pero en un nivel de 47.8 por ciento del PIB, y se estima que al cierre del ejercicio se ubique en 50.5 por ciento. Lo que resulta evidente es que la trayectoria esperada ha ido incrementando su nivel sistemáticamente”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

¿Se abrazarán hoy Benito y George? ¿Amanecerán los mexicanos con un dólar a 20 desnutridos pesitos? No dejen de ver el siguiente capítulo de la insoportable telenovela “México en movimiento”… El pastel y las velitas son para la más bella y sólida del periodismo mexicano, La Jornada, que arriba a sus primeros 32 años de vida; 11 mil 545 ediciones, y contando, bajo la batuta de Carmen Lira. ¡Felicidades!, y a cumplir muchísimos más. ¡Salud!

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.