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México S.A: Pobreza: ¿sólo los viejitos?

reforma energética

Con la novedad, mexicanos incrédulos, de que “a partir del año 2021 millones de mayores de 60 años estarán condenados a una vejez de pobreza, con ingresos insuficientes de apenas una tercera parte de su último salario”. En cinco años, pues, la penuria los alcanzará, por lo que dejar las cosas como están “supone condenar a una generación de futuros pensionados a tener una pensión más baja”.

Sabia advertencia –la anterior– del presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), Carlos Ramírez Fuentes, aunque a todas luces tardía, fuera de contexto y desfasada en el calendario, porque, pensionados o no, el problema no es “una generación” de mexicanos, sino de varias, pues cuando menos desde 1970 millones y millones de mexicanos han sido obligadamente incorporados al ejército nacional de pobres mientras el desarrollo social se mantiene como asignatura pendiente.

De 1970 a 2015 el número de habitantes se incrementó 150 por ciento (de 48 a 120 millones, en números cerrados, de acuerdo con el (Inegi), y en igual periodo los mexicanos en pobreza patrimonial aumentaron 106 por ciento (31 a casi 64 millones, según cifras oficiales reportadas por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, CAM).

En esas cuatro décadas y media (casi dos generaciones de mexicanos) se incorporaron al censo nacional 72 millones de personas (las más “viejas” rondan ahora los 46 años de edad), y en el mismo lapso cerca de la mitad de ese total (33 millones) fue “condenada a la pobreza” (Ramírez dixit) e incorporada al ejército nacional de depauperados y no por razones pensionarias –aún lejanas para ellas– o porque no registraron el paso del dios Cronos, sino por el devastador modelo económico que socialmente no ha dejado piedra sobre piedra y arrasa con cualquier posibilidad ya no de tener una vida digna de cabo a rabo, sino de una vejez digna a secas.

Dice el presidente de la Consar que dejar las cosas como están “supone condenar a una generación de futuros pensionados a tener una pensión más baja”. Sin embargo, parece olvidar que tal condena la ordenó y firmó casi dos décadas atrás el entonces inquilino de Los Pinos Ernesto Zedillo, al echar a caminar el negocio privado de las Afore, al que el propio personaje calificó de “la gran solución social al México moderno de hoy… un sistema para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo”.

Y esa “gran solución” logró que, cuando llegue el momento de su pensión, los mexicanos nacidos a partir del primero de julio de 1997 estén condenados a la pobreza, porque en el mejor de los casos (con cifras actuales de la Auditoría Superior de la Federación) recibirían 22 por ciento de su último salario (de por sí miserable), o lo que es lo mismo 22 centavos de cada peso (en igual contexto los que tengan derecho de pensionarse por la Ley 1973 obtendrían 60 centavos de cada peso).

La gravedad social del asunto no estriba en la posibilidad de que el futuro alcance a los mexicanos a partir del año 2021, sino que desde hace tres décadas y pico el gobierno federal –la estructura de tecnócratas voraces que se mantiene intocada desde el inicio de la década de los 80 del siglo pasado– ha hecho hasta lo impensable para que la mayoría de los habitantes de este país sobreviva en la pobreza y la miseria. Pero para algunos eso no es “condena”, sino un “México moderno y en movimiento”.

A la par, el gobierno federal ya no sabe qué hacer ni qué inventar para quitarse de encima la obligación constitucional de garantizar pensiones dignas para los mexicanos. Ha destrozado leyes, cancelado derechos y prestaciones, modificado estructuras para traspasar el manejo a manos privadas, etcétera, etcétera, para lavarse las manos y dejar que los mexicanos se rasquen como puedan, si es que pueden.

Pensiones miserables para los que ponen los dineros, pero negocios ilimitados y de ensueño para las empresas privadas que usan esos recursos para financiarse, muy barato, y obtener pingües ganancias de ello. Todo para los corporativos y los dueños de las Afore, pero ni un peso para los dueños de ese dinero. Como bien lo publicó La Jornada (20/1/6), “en 2015 los fondos mexicanos de pensiones no obtuvieron rendimientos; su crecimiento, de casi 166 mil millones de pesos, derivó sólo de las aportaciones realizadas por los trabajadores a lo largo del año; de hecho, acumularon cinco pérdidas durante el año, que sumaron 56 mil 388 millones de pesos”.

En la tienda de enfrente, en 2015 “las 11 administradoras de fondos para el retiro (Afore), obtuvieron en conjunto 26 mil 816.9 millones de pesos por concepto de ingresos por comisión, cifra 5.2 por ciento superior a los 25 mil 492.4 millones obtenidos durante 2014, es decir, mil 324.5 millones de pesos más por la administración de los fondos de pensiones, de acuerdo con datos oficiales del organismo regulador (Consar). Una vez descontados los costos de operación por 10 mil 658.3 millones de pesos (que según estudios realizados aún son altos), otros gastos y pago de impuestos, las Afore resultaron un negocio que generó el año pasado utilidades netas por poco más de 8 mil 897.7 millones de pesos”.

Pero los mexicanos de a pie son los “condenados a una vejez de pobreza” (y también los niños, adolescentes, jóvenes y adultos). Sólo para dar una idea de qué tamaño es el problema, la información disponible (Inegi y Coneval) revela que de 2010 a 2015 la población nacional se incrementó en 7 millones; en ese periodo, 4 millones de mexicanos se sumaron al ejército nacional de pobres (60 por ciento del total), y contando.

Entonces, no sólo los viejitos. No. Son varias generaciones sacrificadas en pos del “México pujante y moderno” que sólo privatiza las ganancias y socializa las pérdidas, y de qué manera. En el balance, el marcador es desastroso: uno de cada dos mexicanos es pobre; ocho de cada 10 socialmente vulnerables y sólo uno de cada 10 sin carencia alguna y con derechos plenos. Y eso que todavía no llegamos a 2021.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

La mayoría consideró que ni por casualidad ganaría la estupidez, frivolidad, abyección, racismo, xenofobia, cretinismo y demás linduras de Trump. Y ya ven: el yerro fue total, pues el peligro de que sea el inquilino de la Casa Blanca crece día a día. Es terrorífico, y lo peor del caso es que a los gringos no se les puede pedir sensatez… Y el tipo de cambio se puso alas: 18.16 famélicos pesitos por billete verde.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.