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México SA: Crecimiento tijereteado

reforma energética

Primer mes del año y los especialistas del sector privado ya aplicaron su primer tijeretazo a la estimación del crecimiento económico mexicano en 2016 y, de pasadita, en 2017. Tradición obliga, pues desde que en Los Pinos se instaló el equipo que “sí sabe cómo gobernar”, la constante (interna y externa) ha sido un recorte tras otro, de tal suerte que el grupo peñanietista de tres falló tres, y va por otro, cuando menos.

Así es. El Banco de México divulgó ayer su Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado: enero de 2016, levantada entre 34 grupos de análisis y consultoría nacionales y foráneos, en la que tales expertos reducen de 2.74 a 2.69 por ciento su proyección sobre el crecimiento económico mexicano en el presente año, en el entendido de que aún tienen 11 oportunidades para seguir utilizando las tijeras, como hicieron de forma permanente entre 2013 y 2015. Por si fuera poco, hicieron lo propio para la expectativa de 2017, que bajaron de 3.29 a 3.18 por ciento.

De concretarse tales estimaciones, y considerando los resultados de la primera mitad sexenal, la tasa anual promedio de “crecimiento” económico con Peña Nieto en Los Pinos a duras penas alcanzaría 2.3 por ciento –con todos y “reformas”–, proporción similar a la registrada con Vicente Fox en la casa presidencial, la cual, dicho sea de paso, resultó mucho menor que la reportada por sus dos predecesores.

El compromiso oficial (que tarda más en pronunciarse que en incumplirse) es que con las “reformas que el país necesita” la economía mexicana crecería a un ritmo anual promedio de 5 por ciento. Sin embargo, en los hechos deberá registrarse un verdadero milagro guadalupano para que –si bien va– en el sexenio que prometió “mover a México” se logre una media de 2.5 por ciento.

Para 2016 la proyección oficial de crecimiento (Criterios Generales de Política Económica) es de un comodísimo margen de entre 2.6 y 3.6 por ciento. La estimación gubernamental ya no es fija, sino que se mueve por “rangos” con un diferencial cercano a 40 por ciento. Este es el holgado margen de error que se autoriza el “ministro del (d) año”, luego de errar tres veces al hilo (2013-2015) y registrar un raquítico promedio de 1.9 por ciento anual en la primera mitad del gobierno peñanietista. Entonces, de entrada los especialistas consultados permanentemente por el Banco de México apuestan al cálculo más bajo del gobierno federal para el presente año.

Donde los citados especialistas se quedan cortos en su revisión sobre el tipo de cambio peso-dólar. Si bien incrementan su previsión para 2016, al elevarla de 16.67 a 17.55 bilimbiques por billete verde, en el arranque del año la divisa nacional recibió una golpiza que la llevó a 19 por uno, con todo y “sacrificio” de reservas internacionales. Su apuesta es que amaine la “volatilidad pasajera” (Videgaray-Carstens dixit), aunque difícilmente se lograría una cotización medianamente estable de 18 por uno (es decir, casi 40 por ciento superior a la prevaleciente en el arranque sexenal). En cuanto a la inflación oficial los expertos son optimistas para 2016, pues estiman que ésta, si bien será superior a la de 2015, no pasará de 3.1 por ciento, luego del 3.38 por ciento por ellos mismos estimado en el mes previo.

Por el lado de “los principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico en México”, el grupo de expertos duplicó sus angustias en cuanto a la debilidad del mercado externo y la economía mundial, al igual que las relativas a la inestabilidad financiera internacional y mantuvo las asociadas al precio de exportación del petróleo mexicano y la plataforma de producción de oro negro. Lo que llama la atención es que redujeron sensiblemente sus preocupaciones por los problemas de inseguridad pública en el país, por mucho que en buena parte de la nación se registra un reguero de pólvora.

Y si del Banco de México se trata, allí su más reciente reporte sobre las remesas enviadas por los paisanos que fueron expulsados de su propia tierra como resultado de la “sólida” economía de este país y el mar de oportunidades que ofrece (versión oficial).

En 2015 acumularon cerca de 25 millones de dólares, monto que supera en 33 por ciento el ingreso petrolero de ese mismo año, con lo que paradójicamente los paisanos no sólo inyectan más recursos que el oro negro en la misma economía que los expulsó, sino que sus dineros –recibidos por sus familias– se han convertido en el “gran motor” del mercado interno. A cambio, aquí los políticos de todas las mafias sólo buscan su voto, y los funcionarios- empresarios del sector financiero sus billetes verdes. Qué vergüenza.

Semanas atrás comentamos en este espacio que de acuerdo con la estadística del Banco Mundial, en los últimos tres sexenios esos mexicanos inyectaron más de 355 mil millones de dólares a la economía nacional, proporción cercana a 30 por ciento del producto interno bruto a precios actuales, y casi el doble de las reservas internacionales del Banco de México. En ese periodo, el envío de remesas se incrementó en alrededor de 500 por ciento, algo no visto en ningún renglón de la actividad económica autóctona, aunque sí, y mucho más, en las fortunas de los barones marca Forbes.

En ese periodo de cada dólar que en remesas enviaron los emigrantes latinoamericanos a sus respectivas naciones, casi 40 centavos correspondieron a mexicanos. El Banco Mundial detalla que en 2015 la región captó alrededor de 67 mil millones de dólares en remesas, y de ellas cerca de 25 mil millones correspondieron a nuestros paisanos. En el ranking internacional, México ocupa el escalón número cuatro en captación de remesas.

En la primera mitad (2013-2015) de Enrique Peña Nieto los paisanos inyectaron a la economía mexicana alrededor de 73 mil millones de billetes verdes. Con Felipe Calderón ese monto superó 144 millones y con Fox alrededor de 138 mil millones. Y lejos de mejorar las condiciones económicas internas para el eventual regreso de los expulsados de su tierra, los tres hicieron todo para empeorarlas.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Y en el ya clásico uno, dos, tres boxístico, ayer besaron la lona el famélico pesito (2 por ciento y se necesitaron 18.80 de ellos por cada billete verde), la bolsa mexicana de valores (-1.23 por ciento) y el de por sí alicaído petróleo (-5.2 por ciento; el barril se vendió a 24.47 dólares).

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.