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México SA: González Anaya, a prueba

reforma energética

El flamante director general de Petróleos Mexicanos, José Antonio González Anaya, detallará hoy cómo y en qué áreas se practicará el recorte presupuestal ordenado por el “ministro del (d) año” Luis Videgaray, el chile de todos los moles (y males) quien es el mandamás en el consejo de administración de la ex paraestatal, por mucho que formalmente el presidente de ese órgano colegiado es el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell.

Juez y parte –como los es en prácticamente todo donde mete la mano, que no es poco–, desde la Secretaría de Hacienda Videgaray ordenó el tijeretazo presupuestal en la ahora empresa productiva del Estado, y como cabecilla en dicho consejo de administración sin chistar aceptó su propia instrucción, de tal suerte que 75 centavos de cada peso del recorte total 2016 lo aporta Petróleos Mexicanos (en 2015 fue de 50 centavos de cada peso tijereteado). Lo mejor del caso es que en enero pasado el de la casa en Malinalco declaró que en el gobierno federal “estamos listos” para “respaldar” a Pemex. Qué bueno que lo aclaró, si no imagen qué hubiera sucedido.

De entrada, González Anaya considera que la empresa del Estado a su cargo tiene viabilidad de largo plazo, por contar con “un importante inventario de reservas totales, bajo costo de producción y la reconocida capacidad y talento de sus técnicos”. Pemex, dice, no va a quebrar, aunque su antecesor en el puesto, de la mano del “ministro del (d) año” muy cerca estuvo de lograrlo, si es en realidad no lo concretó.

Es de suponer que Emilio Lozoya dejó la torre de Marina Nacional luego de recibir generosa liquidación, como si durante sus tres años de estancia en la oficina principal de Pemex los resultados hubieran sido espectacularmente buenos. Pero como en el gobierno federal suelen hacer las cosas al revés, en lugar de ser investigado por negligencia y demás, el susodicho obtuvo un cheque rebosante, mientras la empresa productiva del Estado se hundía cada día más.

En tres años de gobierno peñanietista, dos recortes presupuestales y una “reforma energética”, Lozoya desmanteló a la petrolera mexicana sin que el consejo de administración chistara. Las propias cifras de Pemex dan cuenta de ello: cuando el niño marca OHL se instaló en la oficina principal de la ahora empresa productiva del Estado el activo total era ligeramente superior al pasivo total (2.022 billones de pesos contra 2.02 billones, respectivamente), lo que develaba una situación difícil, pero rescatable.

Un trienio después, con la deuda desbordada y asfixiando las finanzas de Pemex, el pasivo total superaba por mucho al activo total de la empresa (3.24 billones de pesos contra 2.14 billones, respectivamente). En ese periodo el pasivo total se incrementó 60 por ciento, mientras el activo total apenas lo hizo 5.8 por ciento (hasta septiembre de 2015). ¿Y dónde estaba el consejo de administración, con el “ministro” a la cabeza, de facto?

Pero no sólo eso: con Lozoya en la dirección general de Pemex y Videgaray en la presidencia del consejo de administración, se desplomó 12 por ciento la producción petrolera; 8 por ciento la exportación de crudo; 10 por ciento la producción interna de petrolíferos y 22 por ciento la de petroquímicos; la producción interna de gasolinas automotrices cayó 11 por ciento y la de diésel 8 por ciento (obviamente la importación de dichos combustibles aumentó para cubrir la demanda interna).

De cualquier suerte lo anterior no evitó que la voraz Secretaría de Hacienda arrasara financieramente con Pemex, le exigiera aún más de lo que la empresa generaba y todavía la obligaba a tapar hoyos mediante creciente endeudamiento, el cual alcanza un nivel igual de histórico que peligroso. Con Lozoya al frente de Pemex, la deuda financiera consolidada total de la empresa productiva del Estado se incrementó la friolera de 89 por ciento, al pasar de 786 mil 859 millones de pesos en diciembre de 2012 a un billón 485 mil 29 millones el 30 de septiembre de 2015.

Y la cereza fue que mientras las ventas totales de la ex paraestatal (internas y externas) se desplomaron 45 por ciento con Lozoya al frente de Pemex, nadie evitó que este personaje se dedicara a “rescatar” a los quebrados astilleros gallegos (51 por ciento del astillero Hijos de J. Barreras, en un negocio que comenzó con el querubín Juan Camilo Mouriño en tiempos de Felipe Calderón y coronó el padre de aquel, Carlos Mouriño Atanés, en tiempos de Enrique Peña Nieto) y generara empleos formales y bien remunerados… en España, y recomprara a precios de oro ex paraestatales de fertilizantes vendidas como gangas (por “no estratégicas”) en tiempos de Salinas de Gortari a los amigos del propio Salinas de Gortari (Alonso Ancira, para ser precisos).

Desde que se sentó en la oficina principal de Pemex, los resultados de Emilio Lozoya fueron desastrosos, pero consentidos y aplaudidos por un consejo de administración que, por estar dominado por Videgaray, aparece como inexistente o en el mejor de los casos como zombi de Hacienda. A pesar de ello, el niño marca OHL se fue con una jugosa liquidación, un gran abrazo del “ministro” (gracias por las complicidad, hermano) y, dada su “gran labor”, la “felicitación” del inquilino de Los Pinos.

Toca el turno a José Antonio González Anaya, a quien han encomendado “limpiar” financieramente a Petróleos Mexicanos. Si lo hace bien, como sucedió en el IMSS, la empresa productiva del Estado es viable a largo plazo, por mucho que la “reforma” energética la condene a la desaparición a corto plazo. Este funcionario cree que el problema del consorcio es de liquidez, pero no de solvencia, es decir, actualmente no tiene dinero en caja pero sí cuenta con lo suficiente para enfrentar “los retos”.

Habrá que estar atento a todo esto, pero una de las primeras tareas para rescatar a Pemex es la de reactivar a su consejo de administración, cuyos integrantes deben ponerse a trabajar y a usar las neuronas, y no a comportarse como meros zombis de Luis Videgaray, quien tiene manos de ácido. Caso contrario, el hundimiento de Petróleos Mexicanos está garantizado.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Defensor a ultranza de la “reforma” energética”; cancerbero de Peña Nieto, peleador de cantina contra los “ofensores” de la “modernización” del sector energético y, en fin, porro que creyó merecer todo, al senador David Penchyna a duras penas le aventaron un hueso: el inquilino de Los Pinos lo propone como director del Infonavit, de tal suerte que en el mejor de los casos este provocador se dedicará a los créditos de vivienda y no a los esperados cuan suculentos enjuagues energéticos.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.