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Carlos López Torres

Casi igual que el promocional televisivo de Aeroméxico, que menciona a San Luis Potosí como una entidad donde no pasa nada, los funcionarios carreristas no se cansan de repetir los viejos y elusivos argumentos del omiso gobierno de Toranzo Fernández, quien se la pasó tratando de explicar que los malos venían de fuera dada la posición estratégica del estado, cuando era evidente que el crimen organizado ya se había implantado desde el sexenio de Marcelo de los Santos.

Ahora es el secretario de Gobierno quien afirma que los sucesos sangrientos, con ser lamentables, no dejan de ser hechos aislados, en tanto el secretario de Seguridad Pública del Estado, igualito que el diputado Cándido Ochoa, quien con su actitud no menos omisa que la de su ex jefe, defendía en su tiempo la peregrina tesis de la inexistencia de la delincuencia organizada en el estado, que era de paso aseguraba, aunque ahora reconoce el crecimiento del abigeato en la entidad, que dejaron crecer durante el sexenio que gobernaron.

Empero, los hechos son contundentes: las ejecuciones están a la orden del día, los actos violentos contra la población indefensa van en aumento, como lo demuestra el accionar de las pandillas; el crecimiento del consumo de drogas y alcohol ha sobrepasado los límites incluyendo a muchos niños y adolescentes; los secuestros y desapariciones continúan y los feminicidios van en aumento, así como el robo de autos a ciencia y paciencia de las autoridades.

¿Hasta dónde habrán llegado las cosas en el caso de la creciente violencia ejercida contra las mujeres, para que el arzobispo Jesús Carlos Romero Cabrero demande a las autoridades “tomar más cartas en el asunto”?, mientras por su parte la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) consigna en sus informes la desaparición impune de 13 mujeres en los últimos años en San Luis Potosí, donde no pasa nada.

Ciertamente hay que voltear a ver lo que ocurre en las familias potosinas como señala monseñor Romero Cabrero, aunque resulta insuficiente explicar a partir del núcleo familiar y el machismo la violencia contra las mujeres, cuando ya ha sido demostrado que existen causas más profundas como el empobrecimiento sistemático, el desempleo y la desigualdad salarial y laboral a que son sometidos los millones de mujeres que trabajan, el acoso y la trata desplegadas contra las jóvenes que sin oportunidades son engañadas.

Pero independientemente de estas realidades, para las que no se tienen soluciones, ni políticas públicas precisas como el caso de la inseguridad, lo cierto es que también ha sido demostrado que el repetir los mismos argumentos y aplicar las mismas prácticas, así como la recurrencia a foros mediáticos con declaraciones sobre las buenas intenciones para el futuro, lo único que hacen es reforzar lo que se pretende combatir.