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Nepotismo alucinante

Luis Ricardo Guerrero Romero

Ya tenía tres noches observando aquel árbol cerca de mi casa, dedos pulgar e índice fueron mis cómplices para apenas abrir un poco las persianas. Esperaba, claro, a ver la calle sola para que ningún vecino sospechara lo mismo que yo deduzco: el árbol destellaba una luz anormal. La primera noche que me di cuenta no fue parte de las posteriores en que me convertí en centinela de dicho arbusto. Descansaba en la sala (zapatillas fuera, faja fuera, bolso tirado y algo de Netflix) y un destello como de luces de bengala capturó mi atención, pensé que aquel alumbramiento era parte de los frecuentes fosfenos al tallar mis ojos. Pronto descubrí que no. Fue la noche siguiente cuando comencé mi trabajo detectivesco, mi suposición no fue novata, aquellas ramas al ritmo de un vaivén boreal aventuraban destellos, mínimos pero notorios, súbitos con duraciones ínfimas. Ningún mensaje en el grupo de whats de vecinos, pareciese que sólo yo percataba tal fenómeno. Sola, completamente sola en mi casa, despertaba por la madrugada para ser testigo de ese milagro que la naturaleza abonaba en mis ojos.

Pensé en platicar a mis conocidos más próximos, a los que me mostraban un poco de confianza, pero sabía que no dudarían en ignorarme, ya que, mi historia de vida me había convertido en una heredera del nepotismo magisterial. Todos mis bienes y mi propio empleo son el fruto de quien me antecedió, o las relaciones amistosas y cariñosas, del compadrazgo, del bonito obsequio, de dar las nalgas a otro para poder estar en el sistema educativo público. El nepotismo es así, y así se quedará por siempre, porque a la gente le gusta lo fácil, ganar sin perder. Entenderán que siendo yo maestra del sistema público y a mi edad, era difícil que alguien creyera mis desvelos para ver aquel árbol destellar. Pero tuve que compartirlo, y por eso he posteado en Facebook esta historia. Si alguno quiere ver las fotos, o busca más información, llame al número escrito, si eres varón con menos de 50 años podrás pasar una velada conmigo y presenciar lo que he mencionado, si eres mujer, sólo haz el depósito correspondiente. Atentamente la directora.

Ferviente y feroz es el nepotismo, a unos cuantos beneficia, a veces en el sector educativo, otras, en el de salud, o cualquier trabajo de gobierno. Quizás, un porcentaje mayúsculo está en esos trabajos sólo por dinero, no por convicción, el resultante es obvio, malos trabajadores, malos resultados. En lo personal conozco muchos casos, no tan extremos como el de la maestra del relato anterior, pero mientras unos se esfuerzan en acercarse al sistema público educativo para hacer algo de altruismo ya con la vida solucionada que tiene el magisterio, otros se tiran a la vida fácil y llena de placeres, deben mucho y ganan mucho, son tontos. Pero hasta aquí mi queja, y ahora mi divagación.

El nepotismo verdaderamente nació en el lecho familiar, antiquísimo como la primera sociedad. Debido a que, la voz latina nepos, la cual evolucionó a nepote, es la que dio origen a la palabra nieto. En la antigua Roma, nieto era el sobrino, como lo era el hijo del hijo. Ambas personas: nieto y sobrino, no tenían poder, según se explica poti (poder); ne (negación). De tal suerte éstos eran herederos del poder de sus padres. En una sociedad poco acostumbrada a la educación y trabajo diario para tener mejor vida, era común y aceptado. Pero hoy, el nepotismo no sólo es un cinismo, además es una grosería.