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Nomás un puño de hierba

Luis Ricardo Guerrero Romero

Antes de colisionar en la esquina, Adrián Apanco suspiraba tres veces. Pocas personas aún se ponen a averiguar el motivo de sus espiraciones fruto de los anhelos, es por así decir, lo que él reflexionaba en el camino. Por ejemplo, esa costumbre de manejar casi acostado en el asiento de su Buick Electra, mientras miraba por el parabrisas el largo cofre y simultáneamente veía lo que está más adelante. O sea que, eso de manejar para el septuagenario era la analogía perfecta de que el hombre, no cualquier hombre sino un Übermensch podía ver el futuro. Es que, bueno, si lo pienso bien, y con un poco de imaginación —que es la madre de nutricia de todas las cosas que son en cuanto son, y de las que no son en cuanto no son—, conducir un automóvil es muy cercano a ver el futuro. Por eso para AA era más satisfactorio manejar cómodamente inclinado, casi posición de fowler (quizá ese cazador es el cazador del futuro), pues así tomaba el volante con los brazos tendidos hacia adelante conjugándose vista y cuerpo hacia lo que ha de venir.

Pero los hay también, conductores que se comprimen hacia delante, su asiento como una silla en 90° y sus codos doblados como su mentalidad ante el futuro; los que manejan con un brazo afuera dejándose refrescar el corazón que se conecta con su brazo izquierdo; y aquellos inexpertos que bajan la mirada y renuncian ver el futuro, y sólo se satisfacen con ver una pantalla que les avisa lo que sucede en el presente, uno de estos últimos fue el victimario de doble A. Ya que, mientras el Buick Electra y su auriga veían el futuro, manejando con agudeza, porque así se conduce en la vida, el tiktoker torpe, ofuscado por el cannabis sativa y obcecado por sus videos, dio punto final al abuelo Apanco, de un puño de imprudencias acababa una vida. Para el joven estulto las facturas del presente, para el occiso del Electra, la muerte del futuro.

Aunque el relato anterior, podría parecer una nota de accidente vial, en realidad no lo es, pues es más que un puño de letras ordenadas que dan mensajes, pero ahora sólo hablaremos de un mensaje en particular, un mensaje contundente: el puño. Este sustantivo puede entenderse como: a) un cúmulo de cosas, dame un puño de uvas; b) una persona incómoda, ese güey, es muy puño; c) una expresión ostensible de lucha, ¡levantemos el puño!; d) signo de violencia; pero, e) asimismo, de poder; f) el puño jumar que usan los alpinistas; g) en este tiempo de Covid, un puño (el famoso fist bump) es un saludo respetuoso y formal; y demás puñados de sentidos. Sin embargo, hablaremos de mencionada palabra legado de la lengua latina: pugnus (donde la regla indica que /n/ ante /g/, suena /ñ/, dando así puñus, y cerrando la vocal concluyó en /o/, ergo puño).

De aquí se entiende también el adjetivo de pugilista, el que usa el puño. O la idea de empuñar algo, como un puñetero, que no es lo mismo que “el puñetas” tiktokero que asesinó a Adrián Apanco.

l.ricardogromero@gmail.com