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Pilar Torres Anguiano

‘Soy una Sancho Panza femenina.
Una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay
y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes
que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala,
duermen a la buena ventura y
confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan’.
Elena Poniatowska

No podía creer que la princesa roja estuviera invitada en mi muy conservadora alma máter. No sé cómo se las arregló un compañero para que nuestra universidad le permitiera organizar aquel ciclo de conferencias cuyas cartas fuertes eran algún ex regente del DF, algún ex candidato presidencial, y los escritores Homero Aridjis, Elsa Cros y Elena Poniatowska. Mi escritora favorita era la última en la lista de los conferencistas. Esa tarde estaba lloviendo y yo di un paso en falso que me hizo azotar como chango viejo en la plaza de Mixcoac; pero ahí llevaba mi ejemplar de Tinísima, todo mojado, para ver si me lo firmaba. También llevaba mi Noche de Tlaltelolco casi completamente destartalado, sin portada y con páginas arrancadas firmado por su autora a quien años antes había tenido la fortuna de escuchar en una conferencia en la UNAM. Quería mostrarle mi ejemplar y contarle por qué se encontraba en esas condiciones. Pensé que sería difícil porque seguramente el auditorio estaría repleto. Pero no era un auditorio, sino un salón pequeño. Y ahí estaba Elenita sentada en el escritorio del profesor, charlando con los que nos encontrábamos ahí. Elenita, sencilla, adorable, simpática. Tenía ganas de escucharla toda la tarde, la noche y el día siguiente; y también de platicarle muchas cosas, pero ni siquiera hice el intento. Estaba ocupada en evitar parpadear para no perderme detalle.

Se me estaba ocurriendo preguntarle si las cosas que en su novela ponía en boca de Tina Modotti eran las impresiones que la propia Elena tenía de la vida, de México y de la política… algo así era lo que yo quería saber, pero no fui capaz de formular la pregunta o el comentario y me limité a preguntarle si se identificaba con la protagonista de su libro. Su larga respuesta inició con un “Ojalá yo hubiera tenido tantos amantes…” siguió hablando y siguieron las preguntas de los demás…

Estarán de acuerdo conmigo en que aunque el corazón de los lectores esté dividido entre varios libros que –como dice la frase hecha– “han dejado huella”, o bien “han marcado nuestra vida”, todos podemos reconocer a un escritor que sobresale por encima del resto: tu autor favorito.

La mía desde luego era Elena Poniatowska y así lo afirmaba con toda la convicción, la cultura y la basta experiencia literaria que uno puede acumular a los 20 años de edad.

Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska nació en Francia hace exactamente 90 años. Hija de María de los Dolores Amor y Escandón y del príncipe Jean Jose Evremond Sperry Poniatowski, descendiente del último rey de la República de las Dos Naciones (hoy Polonia y Lituania). La familia de Elena emigró a México en la Segunda Guerra Mundial; tenía diez años de edad cuando llegó con su madre y su hermana a la Ciudad de México, en 1942. Según ella misma cuenta, aprendió inglés en la escuela y español en las calles y con su nana. Estudió taquimecanografía, trabajó como secretaria bilingüe y nunca hizo el bachillerato. Después descubrió el periodismo y desde entonces, Elenita no ha parado de contar la realidad que ve.

En 1962 publicó Lilus Kikus, su primer libro. En 1964, escuchó a una mujer gritar desde la azotea de un edificio de la Ciudad de México, la periodista empezó a reunirse con ella cada miércoles para entrevistarle; de aquellas las notas surgió otro libro: Hasta no verte Jesús mío con el cual obtuvo el primero de una larga lista de premios y reconocimientos.

El día internacional del libro en 2014, Elenita fue la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes pero la primera en subir al púlpito en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá a leer su discurso de aceptación, porque distintas razones impidieron hacerlo a sus predecesoras (Ana María Matute, María Zambrano y Dulce María Loynaz). También fue la quinta ganadora del Cervantes mexicana, después de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol y José Emilio Pacheco.

Celebramos 90 años de su vida, 80 de su llegada a México y 60 de su primer libro. Celebramos la obra de una escritora que muestra diferentes ángulos para ver la vida porque, como bien dice “escribir es alejar la muerte”, pero también “es como caminar en la calle, si das un paso en falso azotas como chango viejo”.

Según el jurado del Cervantes, es “una brillante trayectoria literaria en diversos géneros, de manera particular en la narrativa y en su dedicación ejemplar al periodismo. Su obra destaca por su firme compromiso con la historia contemporánea. Autora de obras emblemáticas que describen el siglo XX desde una proyección internacional e integradora. Elena Poniatowska constituye una de las voces más poderosas de la literatura en español de estos días”.

Al final de aquella conferencia, que refería al principio me acerqué con mis libros para pedir su firma… Le conté que años atrás a alguna compañera de la prepa le había dado envidia mi libro autografiado, rayó la hoja de la firma y arrancó otras tantas…  Tomó mi libro, firmó otra hoja en la que me escribió: “Te ganaste una buena rayada por presumida”. También me firmó mi ejemplar de Tinísima con un dibujito de flores y una dedicatoria que bien podría haberse desgastado de tanto que la he visto y vuelto a ver en estos 25 años.

Lástima que no había smartphones porque me cae que todo lo hubiera facebookeado, instagrameado y requete tuiteado. Ni una foto tengo de aquella tarde con Elenita pero eso sí, nunca la olvidé.

@vasconceliana