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Opiniones irresponsables: sobre depresión y farmacéuticas

Renata Terrazas

Opinar sobre cualquier tema es práctica común de las personas. Quizá la diferencia entre nuestro tiempo y los anteriores es el alcance de estas opiniones. La apertura de espacios en medios de comunicación y las propias redes sociales, nos inundan con opiniones de todo tipo, de expertos y de aspirantes a serlo.

Justo por su alcance, la responsabilidad que tenemos sobre lo que opinamos en la esfera pública debe ser mayor. Porque no es lo mismo decir entre un grupo de amigos lo que piensas sobre una enfermedad o algunas personas, que escribir un tuit sobre ello o, peor aún, escribir una columna en algún medio de comunicación.

Y menciono esto porque esta semana me sorprendió leer la opinión de una persona a la que varias personas jóvenes siguen, sobre la depresión y las farmacéuticas. Un joven que claramente carece de cualquier tipo de experiencia en la materia y desde la lectura de un libro, ¡un solo libro!, se atreve a señalar qué funciona y qué no para las personas diagnosticadas con depresión.

Si la opinión fuera sobre el libro, y no aseverara que “la depresión está ligada a la pérdida de sentido, a la soledad,  y las pérdidas del respeto y el estatus” y además añade “a la dignidad”, como si este chico tuviera elementos para sostener esa frase, podríamos pensar que es una reseña de libro y tan tan. Pero no, opina como experto, sobre un tema que cobra muchas vidas al año y que es uno de los grandes retos que tenemos como sociedad en este siglo.

Yo no les hablaré de depresión, no vengo aquí a decir qué es y qué no es, ese debate se lo dejo a los expertos. Lo que sí puedo decirles es que quienes tenemos espacios en medios de comunicación, por pequeños que sean, debemos ser menos soberbios, hablar de lo que sabemos y medir las posibles consecuencias de nuestras palabras impresas en papel o en algún medio digital.

Una persona que ha intentado suicidarse, que vive una vida de lucha contra la depresión ¿qué podría pensar después de leer la columna de Gibrán Ramírez?, el autor al que hago referencia. ¿Con qué cara podría decirle alguien a una persona con depresión que es cuestión de que le eche ganas?

El debate público se sostiene en la información y en la responsabilidad sobre nuestras opiniones y declaraciones. Cuando inundamos el espacio público de hipótesis simplonas, verdades a medias y opiniones sin fundamento, dinamitamos cualquier posibilidad de diálogo; y es el diálogo en el ágora pública, más que cualquier otra cosa, lo que mantiene viva una democracia.

Por último, la depresión no es cosa de juego y no es un tema de opiniones de fanáticos que después de leer un par de libros crean conocer de qué se trata. Eso es soberbia e ignorancia, antivalores en la transformación de cualquier república.

@Renaterra_zas