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Luis Ricardo Guerrero Romero

Germán Comba, así seré identificado en los próximos 3 años, después de este periodo, me cambiaré nuevamente el nombre. Mis padres han de estar enfadadísimos; uno, por darles muerte, dos, por haberme cambiado el nombre más de una decena de ocasiones. No es que yo lo quiera, es que el sistema me lo pide con sus persecuciones y demás asuntos burocráticos. Imposible vivir en un lugar con el mismo nombre después de hacer tantas valentías. Al menos luego de mis viajes por cada uno de los municipios de Chiapas. Pero hoy, he decido que Ocozocoautla de Espinosa es el lugar para refrescar mis negocios. Los negocios de Germán Comba.

Durante el carnaval Zoque coiteco inicia mi entrada gloriosa. En este tiempo no hay más conciencia que la circunscrita por las fiestas. Allí es donde empieza mi propio festejo, el festejo Comba. La mayoría de las personas desean ver espectaculares eventos y yo deseo ver cómo sus anhelos no significan nada ante un deceso. Las máscaras ayudan a llevar a cabo el trabajo sucio. Ante un rostro pasivo, apacible, paciente, nada hay que imputar. No espero que reconozcan mis crímenes, no quiero que Germán Comba sea buscado por la justicia. Por eso, luego de concluir mis rutinarias bajezas, también devasto al Señor Comba, quien en su apellido arrulla su inmoral humanidad. Ahora: ¡alerta! En un mundo relativo, lo irónico es que todo puede ocurrir.

Que nos salve lo inverosímil de que exista un Germán Comba, que el mismo se rescate en la maquilada imaginación de donde fue parido. El mundo no quiere ningún sujeto aguafiestas de carnavales, ni personajes que sorteen la justicia con sus identidades falsas. El hombre mismo ya es suficiente desciframiento, demasiado hay de encriptado en el corazón del hombre para sumar a gente como ese Germán Comba.

Para la único que nos ha sido útil la anterior historia es para entender el sentido que se le da a una que otra palabra usada, y dejamos caer la lupa en esa voz que increpa, avisa, despierta y activa. Es una palabra que sale urgente por nuestra voz, es el llamado de ¡alerta!

Alerta, como adjetivo o como adverbio de modo en alertamente, es una palabra que no se deja en segundo plano, pues cuando nos decimos estar alerta supone todo nuestro ser, nuestros sentidos, es pensarnos y sentirnos en posición porque algo puede pasar. Alerta es el faro que ilumina al futuro. Esta palabra tiene su origen en la milicia de expresión italiana: all’ a la, y erta (síncopa de eretto) un punto elevado, desde el latín: erigere, erigir, levantar. Lo que nos daría el sentido de dirigirnos hacia un punto elevado, un punto geográfico desde de donde sea posible ver lo que se aproxima.

De tal suerte, subir en hombros de gigantes nos hace estar alertas, como dijo Newton: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”. El tipo no hizo sino estar alerta. ¿Qué es hoy lo alertador para el hombre?, ¿hay una voz interna que nos alerta? No dejemos en la comba de la desesperanza nuestro futuro.