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Luis Ricardo Guerrero Romero

Además de lo ya por todos conocido, que quizá algún ente Pandora de cierta región china puso al planeta en una sobredosis de precauciones e histerias, ahora entendemos aquella locución latina: Vulgus veritatis pessimum interpres (el pueblo es el peor intérprete de la verdad). Ya que, muy por delante de las acciones que la vida hoy nos exige muchas personas continúan en la burla, el desentendido; excelente será que dudaran metódicamente, como otrora Descartes lo habría hecho. Sin embargo, eso de los métodos ha quedado desentrañado de la mente humana ya desde hace tiempo, cuando toda información nos ha sido dada súbitamente.

No obstante, impera el desenfreno, el golpeteo de notas, estadísticas de maniquíes. Efímeras en tiempos eternos. Un porcentaje de la humanidad ha sido custodiada por el desenfreno. Nuestra labor colocar el freno, ser imparciales no bastará, ser indiferentes, provocará asco. Ante todo, ser. Ser antes de dejar de ser. Eso lo sabían los helénicos y lo replicaban los existencialistas, eso lo entendemos hoy. A dónde va el monje budista; a encontrarse, va por su ser. Dónde está el cartujo (Stat Crux dum volvitur orbis), éste simplemente está. Todos los demás andamos en el desenfreno, una pandemia no fue un mal, sino una revelación. Qué si fue creada; qué si ha sido estrategia; qué si por negligencia o por oportunismo. La cosa es que pasará, pero no se irá sola. Su aliado es el desenfreno, el egoísmo, pero a la vez también lo es la humanidad y la caridad.

La idea del desenfreno es una noción de azotamiento, flagelación. La voz helénica ασοτια (asotia> azotia> azote) nos refería el desenfreno. Concepto cultivado en la técnica de domesticar a los caballos. A estos cuadrúpedos se les añadía un freno, que al ser dirigidos o parados se les azotaba, se les frenaba para que sus impulsos animales no continuaran por el sendero de la suposición. Las máquinas por lo general también tienen un freno, algo que los inmoviliza para y por algún motivo, les impide que desarrollen el movimiento, eso es el freno. El estomatólogo-ortodoncista que leyere entenderá la analogía de que hay fenómenos irregulares que, aunque sean parte del hombre, se deben frenar. Ahora entendemos que un azote es un freno, y un desenfreno es que alguien o algo ha soltado ese freno que todo ser humano requiere para crecer, ya en la economía, ya en la salud, ya en la educación, y un extenso etcétera solicitan permanecer fuera del azote pandémico. Por lo cual, nos resta actuar, nos depositaron como tantas veces la voluntad, el imperioso arte del autodominio, la salud es ante todo lo que habremos de cuidar. Seamos humanos, seamos frenados en el espíritu de la verdad. Con o sin Covid-19, no al desenfreno.

l.ricardogromero@gmail.com