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Patrimonio cultural y el 19/S: Mirando desde una arqueología crítica

Chessil Dohvehnain

I

El sismo del 19/S no sólo dejó herida a la población del centro y sur del país, sino que también dañó en gran medida muchos de los pilares espirituales de las comunidades afectadas, algunos de los cuales fueron erigidos desde el siglo XVI y son considerados patrimonio cultural arqueológico e histórico de la nación.

Afortunadamente, y demostrando una vez más cómo el gobierno es rebasado por estas situaciones a pesar de sus pretensiones de querer abarcarlo todo, grupos de científicos sociales se organizaron en redes sociales de diferentes instituciones para correr en socorro de una de las muchas aristas que nos dejó la crisis de hace casi un mes.

Alex Carmona, estudiante de la licenciatura en arqueología de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UASLP, es uno de ellos. Colega y amigo, viajó a Morelos del 24 al 28 de septiembre, para apoyar en labores de brigadista, y de rescate y conservación del patrimonio cultural.

Esta es una breve entrevista realizada el 3 de octubre, al poco tiempo de haber vuelto de Morelos. Lamentablemente, y de acuerdo con las notas en diversos medios, el panorama desolador que se entrevé en sus respuestas no ha cambiado mucho.

II

¿A qué comunidades fuiste, y cómo fue el impacto personal de estar allá?

Se llaman Tlalmanalco, Yecapixtla, Jumiltepec y Amecameca. Realmente cuando llegué lo primero que sentí fue como una gran impotencia al ver muchísimas casas y edificios dañados, y que mucha gente seguía viviendo ahí a pesar de tener la señalética de peligro.

¿Qué te motivó a moverte hacia allá?

La principal motivación fue profesionalmente hablando. En Tlalmanalco se encuentra el objeto de estudio de mi tesis de licenciatura y era de vital importancia ir a checar las condiciones en las que se encontraba, debido a que se trata de un edificio del siglo XVI.

¿Cuál es tu tema de tesis?

La pintura mural de la iglesia del Ex Convento de San Luis Obispo de Tlalmanalco. Es un registro y análisis de las pinturas que se encuentran dentro.

¿Qué fue lo que más te impactó al llegar?

La reacción que tuvo la gente con este tipo de comunidades afectadas. Existían carteles pegados por las calles de Amecameca y de Jumiltepec donde expresaban su agradecimiento a las personas, mas no al gobierno.

¿Durante tu estancia, el gobierno estuvo activo ayudando o sólo fue la sociedad civil organizada?

La única ayuda que vi del gobierno fue a través del Ejército, que estaba repartiendo los víveres junto a los brigadistas.

¿En dónde te hospedaste o cómo te mantuviste? ¿Los víveres esenciales y recursos escaseaban?

Me hospedé en una casa en Jumiltepec. Fue de las que prestaron para los brigadistas que fueron. No había agua desde el temblor en la comunidad, y la luz era muy intermitente.

¿Estuviste solo o colaboraste con gente de otras instituciones?

Tuve la oportunidad de colaborar con personas de la Escuela Nacional de Restauración (ENCRyM), que se encontraban haciendo valoraciones de los daños, así como con voluntarios de Monterrey que andaban llevando víveres.

¿Qué tan graves son los daños al patrimonio cultural, y cuál es la percepción que la gente local tiene con respecto a ellos?

Los daños que alcancé a observar son de muchísima importancia, sobre todo en Yecapixtla, en donde su principal iglesia (San Juan Bautista), se encuentra demasiado dañada, a tal grado que las autoridades municipales han pensado en demolerla, en caso de que no pueda rescatarse en su totalidad. Las personas están muy preocupadas ya que es parte de su identidad religiosa, aunado a esto como uno de los principales atractivos que hay para la zona.

¿Fuiste testigo de actos de demolición del patrimonio cultural cercano, o escuchaste de actos tales en las cercanías del área dónde te encontrabas?

Por fortuna aún no tomaban la decisión de demoler algún tipo de patrimonio cultural.

¿El Centro INAH Morelos está activo en las labores de rescate y conservación?

Por el momento aún no iban los del INAH Morelos a checar. Espero que próximamente tomen cartas en el asunto.

¿Cuál fue el estado de ánimo general de tus colegas de restauración al trabajar?

¡Mostraban demasiada preocupación por el daño a los conventos! Así como ante la problemática del recurso para hacer los trabajos de restauración.

¿Crees que cómo arqueólogo, profesión en la cual te entrenas, fuiste útil? ¿Qué labores desempeñaste?

A mi parecer sí, ya que los restauradores no están bien formados para realizar un registro (arqueológico) de los edificios, ya que en caso de que no se logren rescatar, es crucial tener esa información de los edificios.

Ante una situación como ésta, ¿qué consejo les darías a tus colegas de profesión para actuar y ayudar?

Que realmente volteen a ver no solamente las grandes urbes, sino también a las pequeñas comunidades en las que podemos ayudar.

¿Tu trabajo de tesis se vio afectado por los daños al patrimonio cultural?

Se vio afectado en tanto que modificó completamente mi cronograma. No tenía planeado ir a hacer otra visita hasta finales de mes, sin embargo también fue urgente debido a que parte de mis objetivos de investigación tuvieron que modificarse.

¿Crees que los trabajos de conservación tendrán futuro en esa zona, o eres pesimista al respecto conforme a lo vivido?

Espero que realmente existan trabajos de conservación en las zonas afectadas, ya que son áreas de localización de una parte muy importante del patrimonio cultural de la región.

III

El patrimonio cultural puede ser cualquier cosa. Desde una imponente y colosal ciudad arqueológica prehispánica, hasta una capilla o templo de pequeñas dimensiones del siglo XVI. O incluso puede ser un baile, un objeto, un paisaje natural, un ritual, una bebida tradicional o un espacio tan común como un parque o una avenida.

El punto es que, para que algo sea patrimonio cultural, cierto, se requiere que ese algo cumpla ciertos criterios estándares (o que cumpla con ciertos valores) definidos internacional, nacional y localmente. Pero ese algo, sin importar sus dimensiones, materialidad, tiempo de antigüedad o forma, tiene que tener algo más que sólo valores científicos, históricos y estéticos. Y ese plus reside en el reconocimiento que un grupo social dado le dé a un lugar, una tradición, un objeto o un espacio natural. Se trata de un valor social.

Es este valor social, fundamentado en las experiencias de las comunidades humanas en su entorno, el cual tiene que tomarse prioritariamente en cuenta cuando se identifican elementos que puedan caracterizarse como patrimonio cultural. Porque es el peso del colectivo, de la comunidad, lo que tiene que definir qué es patrimonio cultural para ellas/ellos y nosotras/nosotros.

Es por ello que tanto sufrimiento y horror se percibe ante las modificaciones de los espacios que las autoridades hacen sin consultar al pueblo; a las comunidades; a los de abajo. Porque para ellos, los de arriba, muchas veces pareciera que los verdaderos valores a considerar son los económicos, los monetarios, los turísticos, por encima de la memoria histórica de la gente que precisamente construye la historia con su día a día.

Y es por ello que gran importancia se ha dado, en cierto sector, a las secuelas patrimoniales culturales que dejó el sismo del 19/S. Muchos de los daños fueron soportados por edificaciones que no sólo son principales atractivos turísticos de las regiones afectadas. Sino que muchos de los elementos son templos erigidos desde el siglo XVI y que aún hoy funcionan como sede de culto entre las comunidades afectadas.

Para esa gente no solo son edificios. Son soportes espirituales para los días funestos; lugares de crecimiento, perdón y salvación; son espacios donde su experiencia encuentra consuelo con las promesas de la calma y la espiritualidad, sea la que sea. Son símbolos de esperanza y de la fortaleza de sus ancestros. Es la memoria colectiva lo que fue dañado. Y es por ello por lo que arqueólogas y arqueólogos, historiadoras e historiadores del arte, antropólogas, etnohistoriadores y restauradoras se muestran preocupados por su pérdida, en conjunto con las poblaciones vinculadas a esos espacios. Porque si ese patrimonio se pierde, con sus edificios se cae también la historia y la memoria de la gente.

El gobierno oficial y el INAH se vieron claramente rebasados por los daños. No fue sino hasta muchos días después que a través de redes sociales se hicieron públicas las convocatorias “oficiales” para brigadas de ayuda diseñadas específicamente para el rescate y conservación del patrimonio cultural dañado.

Convocatorias realizadas mucho después de que estudiantes y egresados en disciplinas afines, se organizaran sin necesidad de recibir órdenes de delegados culturales o políticos en posiciones de poder, para ir a cumplir un deber enraizado en una auténtica y genuina urgencia de apoyar y rescatar la memoria histórica en riesgo, partícipes o no de ella y e independientemente de sus creencias.

Sin duda, los jóvenes profesionales de las humanidades y ciencias sociales han dado un ejemplo, poco mediatizado por supuesto, de una solidaridad apremiante ante la urgencia de proteger, investigar, conservar y divulgar el patrimonio cultural de las y los mexicanos. Un patrimonio que las y los gobernantes actuales minimizan, y uno que las y los candidatos jóvenes (y otros no tanto) e independientes o no al poder, ni siquiera han contemplado.

Un llamado silente a la necesidad de expandir los límites inter y transdisciplinarios entre las ciencias sociales y las ciencias “exactas” se hizo evidente. Y es que mientras las comunidades de jóvenes científicos no despertemos a estas realidades, no habrá futuro al cual merezcamos seguir existiendo, ni sociedad que valore lo que podemos aportar.

Porque si al final seguimos optando por crear conocimientos para nosotros mismos, sin sacarlos de la torre de marfil de las academias; sin divulgarlo ni compartirlo con la sociedad civil encontrándole un provecho para el presente, entonces le estamos fallando a la sociedad, de cuyo dinero público se solventan nuestras investigaciones.

Sin duda, cada vez más tendremos que reflexionar sobre ello, y aceptar el cambio. Porque, querida lectora o lector, si seguimos optando por estudiar y hacer estas cosas sólo como simples hobbies (que, claro, nadie dijo que esto no puede ser divertido, porque en verdad muchas veces lo es), sin hacer caso a los componentes éticos, sociales y críticos inherentes de las disciplinas involucradas, entonces sería mejor salirnos y estudiar y hacer alguna otra cosa. Porque de lo contrario, sólo estamos estorbando.

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