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Luis Ricardo Guerrero Romero

En las zonas denominadas suburbios, allí se encontraron nuevamente un par de amigas que con usual alegría se veían para conversar sobre algo que nadie más sabe. Aquella vez reían, sabías que era la segunda ocasión de la semana de sus reuniones. A veces, te molestaba que el coche de ella estorbara la pasada, pero otras ocasiones te gustaba verla bajar. Al abrir la puerta también se apertura la imaginación. Sencillamente no deseabas que pronto acabaran de hablar. Tú, una madre soltera, aburrida por la hostilidad de tus proyectos, y auspiciada insanamente por tus padres, los abuelos de tu pseudo hija, que, a la edad de 6 años, aún no sabe por qué razón te interesa dar más tiempo a las redes sociales, el novio, y actividades personales. Será la culpa de tus padres que no te saben educar, será tu propia ignominia que te impide pensar lo que piensas.

Sigues viendo por la cámara de tu celular, donde está instalada la app de videovigilancia. Aquellas amigas se gustan, se comen un elote, se besan. Se te ocurre pensar que eso es un insulto, no lo dices, pero te molesta ver que dos mujeres se aman. Oyes llorar a tu hija, ella grita, y en vano lo hace para ti, ya que, tu madre o tu hermana atenderá tu maternal compromiso. Le otorgas más tiempo a tus encuentros de noviazgo, tu hija puede esperar, sólo es una vida pequeña y ella es una responsabilidad menor. Eres precisa al pensar: lo primero es el trabajo, el sexo, el dinero, y el asunto de ser detective de esas dos amantes, que algunas noches se dejan ver. Se han obsequiado flores, eran racimos de pensamiento.

Sobre el pensamiento hay muchísimo que pensar, pero de nada servirá pensarlo, porque: dónde quedará lo pensado. Asimismo, pensar en la cómoda vida que lleva la madre soltera del relato anterior puede no abonar al pensamiento. Así que, iniciemos esta divagación asidos de la botánica, me refiero a: viola x wittrockiana, coloquialmente conocida como: pensamientos. Flor de variedad de color, pero no de pétalos, constituida por sólo cinco, cual extremidades superiores, inferiores, y una cabeza. Analogía vaga de nuestro ser. El ser que piensa con todo su cuerpo.

Es indudable distinguir que cada parte de nuestro cuerpo está pensado por nuestro pensamiento. Que cada movimiento ya lleva en sí, una carga eléctrica del pensamiento. La esencia del hombre es pensar, es representar realidades, es decidir, dis-poner. La voz latina: pendere, (de donde se origina nuestro verbo) significa colgar, como lo está un péndulo, como lo está nuestra inquietante vida, o la vida de la madre soltera del texto anterior. Es decir, hay una báscula en la cabeza humana, hay pensamientos para la balanza. Somos sí, pensamiento, pero sí, además somos decisiones; en suma, eso es pensar: decidir, ponderar.

Pienso que el pensamiento se debe cuidar como la planta pensamiento, a saber: 1) necesita buena iluminación natural, aunque la semisombra no le hará tanto mal; 2) precisa suelos (contextos) con cantidades grandes de nutrientes y materia orgánica; 3) cada tercer día hay un periodo de floración. No espantemos si a veces no pensamos; y, 4) el clima que aguanta el pensamiento, en su mayoría, es clima no extremoso. Los aspavientos mentales mortifican también el ser. Así que, piensa, dispensa, compensa y recompensa; pues ningún pensamiento es indispensable, pero sí, pensable.

l.ricardogromero@gmail.com