Federico Anaya Gallardo
Hace algunos días, al discutir en la mesa de abogados de Momentum (Liga 1) el embate en contra del subsecretario de derechos humanos Alejandro Encinas Rodríguez por el Caso Ayotzinapa, volví a señalar a mis colegas que el presidente López Obrador no sería prudente si activase su facultad para destituir al Fiscal General de la República. Resulta que el Artículo 102 Apartado A fracción IV de nuestra Muy Liberal Constitución dice que el fiscal puede ser removido por la Presidencia si ocurre alguna de las causas graves que marca la ley. Pero, a renglón seguido, esa misma norma señala que “la remoción podrá ser objetada por el voto de la mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores”. Las y los senadores tienen sólo diez días hábiles para oponerse pero, ¡atención! la cámara alta puede sesionar con la mitad más uno de sus miembros (65) y la mitad más uno de ese quórum es 33. En el extremo, 33 senadoras y senadores podrían vencer la remoción del fiscal general.
Por supuesto, lectora, estoy presentando el peor de los escenarios imaginables. Pero lo interesante es que ese extremo nos muestra el poder de las élites de oposición representadas en el Senado de la República.
Veamos: al día de hoy, último trimestre de 2022 (cuarto año de la Administración López Obrador), las bancadas de oposición senatorial reúnen un total de 50 escaños. Son 23 del PAN (que incluyen a la sonorense Lilly Téllez, que abandonó Morena); 12 del MC (que incluyen al quintanarroense José Luis Pech y a la bajacaliforniana Alejandra del Carmen León Gastélum, que abandonaron Morena); nueve del PRI; tres del PRD; y cinco del recién reconocido “Grupo Plural” (que incluye al michoacano Germán Martínez Cázares, que abandonó Morena; y a la poblana Nancy de la Sierra Arámburo, que abandonó el PT). (Liga 2.)
Recuerda, lectora, que en 2018, al principio de este Senado, Morena apenas tenía 59 escaños (46.09% de la cámara). Sólo gracias a la suma de los seis escaños del PT (4.68%) y los cinco del PES (3.9%) el partido de la Administración López Obrador llegaba a 70 votos, apenas cinco arriba de la mitad más uno (65) necesaria para aprobar leyes ordinarias. Cuatro años más tarde, Morena ha perdido cuatro escaños que se pasaron a la oposición y, recientemente, uno más al morir en un accidente el senador tamaulipeco Faustino López. Como el tampiqueño Faustino era el suplente de Américo Villarreal, su escaño queda vacante y deberá llenarse mediante una elección extraordinaria (que será probablemente muy competida). Por su parte, el aliado PT perdió a la senadora De la Sierra, así que Juntos Haremos Historia tendría apenas 65 escaños, justo lo necesario para ganar una votación ordinaria.
Claro, en 2021 las pérdidas obradoristas se compensaron con la suma de los seis escaños del PVEM –pero en los temas polarizantes, como el que te planteo al principio de este artículo, las y los verdes deben ser considerados aliados vacilantes.
En otras palabras, si la coalición del gobierno federal en el Senado no logra que todas sus legisladoras estén presentes en una sesión, la oposición bien podría vencerles. En este escenario, ¿es prudente polarizar el Senado removiendo al fiscal Gertz? Recordemos que este último, pese a sus escandalosos abusos en el caso de sus parientes políticos, recibió el apoyo de senadoras y senadores de todas las bancadas.
Recordemos también que si bien derrotar la remoción del fiscal sólo requiere mitad más uno de los votos, el nombramiento de una nueva persona titular de la FGR necesita dos tercios de la cámara alta, es decir, 85 votos… quince arriba de lo que puede comandar el presidente con todos sus aliados.
Mi buen amigo Ernesto Ledesma me decía que esto no sería tanto problema, porque el presidente es quien propone la terna de candidatas a la FGR. Pero esto también tiene maña. A nombre de debilitar los poderes de la Presidencia, #FiscalíaQueSirva logró que la terna presidencial necesariamente se escoja de una lista ¡elaborada por el Senado! Es decir, el presidente no es libre de formar la terna. Las diez personas de la lista senatorial son el resultado de una negociación entre las bancadas –por más que la “bolsa” de candidatos y candidatas a fiscal se forma a través de una convocatoria abierta. En 2019, cuando Gertz Manero fue seleccionado, esa bolsa original era de 27 personas. De ellas el Senado escogió diez y de estos diez nació la terna que López Obrador envió a la cámara.
Sabemos que el candidato preferido de Andrés Manuel era el maestro Bernardo Bátiz Vázquez. El Senado tuvo la gentileza de incluirlo en la lista de diez y, por supuesto, el presidente lo envió como parte de la terna. Pero, pese a todas las expectativas, y a la mitad de una última ronda de preguntas a los tres aspirantes, el caballero representante de Zacatecas y presidente de la Jucopo, Ricardo Monreal Ávila, anunció que ya se había negociado que el fiscal general fuese Alejandro Gertz Manero y no Bátiz.
Don Bernardo refirió esa parte del entuerto legislativo en su columna de La Jornada dos semanas más tarde (Liga 3). La tituló “Cuarta Transformación, un pendiente”. Y te la cito, querida lectora, en extenso. No tiene desperdicio. El viejo militante de las luchas democráticas aseguraba hace cuatro años que, aunque la trasformación marchaba, “los obstáculos [eran] muchos”. Unos venían “del desorden heredado” y otros eran “deliberados, acciones concertadas, campañas ideadas por expertos en guerra sucia”. Pero aparte había (y sigue habiendo) “obstáculos … autogenerados” que él identificaba como “inercias, …prácticas antidemocráticas que se aceptan como inherentes a la política, porque se han reiterado tanto que llegaron a convertirse en una segunda naturaleza de la actividad pública”.
Bátiz señaló que las cámaras del congreso general aún tenían “prácticas añejas, copias del viejo régimen, de cuando el pastor del grupo mayoritario tenía en su curul un teléfono rojo para consultar con el Ejecutivo o para recibir línea; también ha conservado vestigios de la forma en que se relacionan los líderes de los grupos parlamentarios con el resto de los legisladores [quienes] los aceptan con funciones de autoridad y no sólo como coordinadores entre iguales”.
El viejo y sabio abogado denunció –como siempre ha hecho– la falta de respeto a los principios parlamentarios, y a la libertad de opinión y de voto de cada persona legisladora. Señaló que el líder de bancada “compromete su voto [colectivo] de antemano” y que quien ocupa el escaño ya tiene línea “antes de escuchar argumentos y reflexionar sobre ellos”.
Y concluyó duro y claridoso: “Adelantar a los medios de comunicación el resultado de una determinación, como sucedió en el caso del fiscal general, cuando el proceso aún no está concluido; comunicar que había un ganador cuando algunos de los aspirantes al cargo continuaban en sus participaciones ante el pleno, avisar de antemano cuál será el sentido del voto, convirtió a los actos finales del debate y votación en una mala comedia y constituyó una falta de respeto a los participantes y a la naturaleza del parlamento. / Así no va la Cuarta Transformación; los procesos parlamentarios no pueden seguir siendo la calca de lo que fueron durante el sistema anterior, oídos sordos a los discursos y argumentos, debates a veces de altura, pero sin ánimo de ser escuchados y arreglos en las reuniones de coordinadores. / Y que no me digan que no se puede; la Asamblea Constituyente de Ciudad de México así funcionó, en debates abiertos y tanto en las comisiones de dictamen como en la de coordinadores, siempre las puertas abiertas para quienes quisieran asistir y participar fueran o no integrantes de la comisión.”
La gigantesca diferencia entre la Constituyente chilanga de 2016-2017 y el Senado de la República de hoy es que, en aquélla, el pueblo había logrado una mayoría clara para la izquierda mientras que, en la actual cámara alta, los populares no tenemos esos números. Y adonde el pueblo no domina, gobiernan las élites.
En el debate de Momentum que mencioné al principio, los tertulianos acordamos que es más prudente decir “embate” que “enfrentamiento” al ver los ataques contra Alejandro Encinas de parte de la FGR y el Ejército. También dijimos que es más prudente decir que el Ejército muestra una “pasiva resistencia” a entregar todos los datos sobre Guerra Sucia y Ayotzinapa, en lugar de decir que “desobedece” o “pasa a la insurrección”. La prudencia debe regirnos, especialmente en tiempos complicados. En su artículo de hace cuatro años, Bátiz afirmó que “la fiscalía quedó en buenas manos”. Hoy tenemos prueba y argumento que demuestra lo contrario. Pero el Senado que se regodeó en 2019 en las viejas prácticas es el mismo –e incluso un poco peor– en este 2022.
No perdamos de vista a las damas y caballeros representantes de los estados en la cámara alta. Su poder es muy grande. Y son controlados (“arreados”) por los liderazgos más tradicionales de nuestra política.
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=KeOwXRTEIlM
Liga 3:
https://www.jornada.com.mx/2019/02/04/opinion/015a2pol





