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Julio Hernández López

Felipe Calderón Hinojosa no tiene las credenciales académicas, políticas ni morales para presentarse el próximo miércoles en la casa matriz del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (abreviado: el Tec de Monterrey) a dar una “ponencia magistral” en el contexto de un Simposium Internacional de Derecho.

Durante la administración de Calderón y en el contexto de la llamada “guerra contra el narcotráfico” que él desató, fueron asesinados por el Ejército dos estudiantes de posgrado a nivel de excelencia, Jorge Mercado y Javier Arredondo, justamente a las puertas del campus matriz de la citada institución educativa.

Los jóvenes fueron señalados en los primeros posicionamientos oficiales como sicarios armados “hasta los dientes” (título, este, de un documental sobre el caso, dirigido por Alberto Arnaut), que se habrían enfrentado a los soldados que a su vez, en correspondencia al fuego disparado en su contra, habrían ultimado a los delincuentes. La escena de los crímenes fue adulterada, armas de alto calibre fueron acomodadas a los lados de los asesinados para “demostrar” su supuesta culpabilidad, se pretendió desaparecer evidencias de su condición de estudiantes y la maquinaria gubernamental a cargo del citado Calderón Hinojosa fue echada a caminar para intentar la justificación de tales asesinatos (como sucedió en muchos otros casos durante el desgobierno del político michoacano).

A pesar de las evidencias de que los estudiantes habían sido acribillados por elementos de las fuerzas armadas, la administración calderonista hizo todo para distorsionar los hechos, mantener a salvo a la Secretaría de la Defensa Nacional e impedir que hubiera justicia en ese caso inequívoco de agresión letal de militares contra estudiantes.

El propio exrector general del Tec, Rafael Rangel Sostmann, ha señalado: “¿Quién dio la orden a los soldados de proceder de esta forma? Algunas personas piensan que el caso de los dos alumnos fue un caso especial y dependiente de la zona militar local. Pero creo que definitivamente esto no fue así. Me cuesta trabajo creer que los mandos intermedios locales hayan dado la orden de desaparecer la identidad y de acusar a los alumnos de ser parte del crimen organizado”.

Por todo ello, miembros de la comunidad del Tec de Monterrey en la capital neoleonesa demandan que no se presente Calderón en ese campus. No es una negativa al ejercicio del derecho de expresión sino la exigencia de responsabilidad de un exgobernante en uno de los actos de criminalidad que toleró y protegió. En una solicitud hecha a través de change.org llevaban hasta ayer casi quince mil firmas de rechazo a esa visita infamante (https://bit.ly/2OqQA1l ).

En Puebla, con el gobernador Luis Miguel Barbosa a un lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador explicó las razones por las que considera que va triunfando en la lucha contra la corrupción: “como arriba no se permite la corrupción, pues eso está bajo control; repito, eso no me preocupa. Estoy ahí pendiente nada más como guardián, cuidando que nadie se vaya a atrever a robarse el dinero del Presupuesto, que es dinero sagrado del pueblo”.

Aún cuando llegó al mando estatal por la vía de Morena, Barbosa es un político formado en la escuela del nada remilgoso perredismo chuchista. Su candidatura fue un pago al servicio político de haber renunciado al PRD junto con una decena de senadores más, en un brinco oportunista hacia el partido que ya se perfilaba como ganador electoral. Así fuera tan solo por la presencia del citado Barbosa junto a él (en un marco institucional), López Obrador debería moderar su de por sí muy discutible entusiasmo en cuanto a tener a la corrupción bajo control.

En cambio, el tabasqueño se mostró inusitadamente solidario y cariñoso con el mencionado Barbosa, a un grado coral no visto ante otros mandatarios estatales: “Muchas gracias al gobernador de Puebla, que lo queremos mucho, mucho, ¡Gobernador! ¡Gobernador! ¡Gobernador!”. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.