John Kelly sobrevuela plantíos de amapola en Guerrero
6 julio, 2017
Macron y Peña Nieto: horizontes distintos
7 julio, 2017

‘Robolucionarios’

Ignacio Betancourt

El primer enemigo del PRI es el propio PRI; las ocultas causas casi resultan evidentes. El entreguismo de su dirigencia le obliga a repudiar sus orígenes (educación socialista, reparto de tierras, mejoría de los trabajadores, etcétera). Un partido que se asumía como heredero y representante de la llamada Revolución mexicana estaría obligado actualmente a mantener demarcaciones sociales que lo  ubican en antagónica contradicción con sus orígenes (los años veinte). Mala señal un engendro que debe repudiar a sus ancestros. De la desmesura de ser portadores de los logros del movimiento revolucionario, a ser empleados del gobierno norteamericano y de los grandes empresarios hay un buen trecho (el que ahora están pagando millones de mexicanos de todas las edades).

Según la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en 367 auditorías realizadas a gobiernos estatales y municipales del país, un total de 19 mil 504 millones de pesos se aplicaron en “desviación de recursos, transferencias de partidas irregulares o ejercicios del gasto ajenos a los objetivos del programa en cuestión, y 6 mil 30 millones resultaron subejercicios”. La pregunta obligada es ¿que va a ocurrir con tan graves latrocinios? La impunidad florece en dolorosos vergeles.

Igual que el teniente coronel de la SS Adolf Eichmann (paradigmático representante de la burocracia nazi), para los actuales funcionarios priístas igual que a Eichmann, el pasado imperdonable de los operadores hitlerianos “no era el de matar, sino el de causar dolor innecesario”. Coincidentemente con Adolf los funcionarios gubernamentales de alto rango sólo consideran verdaderamente repudiable no la corrupción ni la impunidad que los caracteriza, sino el soslayar los principios revolucionarios que los engendraron y que ellos han decidido “representar”. La demagogia como la madre de todos los bienes (para quienes la usufructúan). La desvergüenza encorbatada y bien peinada. Ya el pueblo mexicano no tiene más mejillas que seguir poniendo a las enjoyadas manos de sus victimarios.

Imposible hundir en el olvido al millón de muertos habidos durante el movimiento armado de 1910 (por más que los conviertan en discursos). Ser ladrón y criminal resulta una insignificancia, lo imperdonable sería el olvido de la heredad revolucionaria de la que el propio PRI se apropió desde los inicios de su conformación. Ciertamente lo que Hannanh Arendt (1906-1975) llama la “banalidad del mal” (la coartada ideológica capaz de disolver cualquier culpa) prospera a plenitud en los actuales funcionarios (priístas y panistas y perredistas) de todos los niveles.

En documento entregado por la ASF se da cuenta respecto al proceso de fiscalización, de que hay “mil 422 acciones pendientes de solventar” para que acrediten el ejercicio legal del recurso otorgado. ¿Qué va a ocurrir con esas denuncias? ¿Sólo la preponderancia de “la banalidad del mal”? Cuánta razón tiene el humor popular al llamar a sus verdugos “robolucionarios” (en lugar de revolucionarios).