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Rogarse y negarse

Luis Ricardo Guerrero Romero

Seguramente habrá otras leyendas que no has escuchado, y aunque sepas relatos casi inefables, sucesos que resultarían complicados aceptar, incluso anécdotas sumamente peculiares, jamás podrás escuchar cosa semejante como la que guardo en mi mente. Las ideas que te expondría son episodios que a nadie le has escuchado, breves pero inauditos momentos, reptadoras amenazas que exponen la vida de más de uno de los seres que más admiras y amas. Debido a ello, y por causas morales que me reservaré en plantear en este día, no esperes oír de mi boca ni media palabra que despierte el interés para que yo te comente tan encriptados secretos.

No acepto el rogar de tus labios, tus ruegos me son una hormiga en el planeta, un suspiro entre tormentas, una arena en el desierto. Saber que ruegas es un rezo frente a la calamidad, un milagro ante la muerte oído por algún dios que se ocupa en desordenar el mundo mientras tu lamentas caer. Así que no continúes esa rogadora forma de hablar, nada me hará hablar, nada podrá contra el principio del placer que me despierta el saberte inquieto por la verdad, mientras inquiero por tu curiosidad.

Por favor amigo inseparable, que has cohabitado a mi lado el mundo, no te atormentes en desear saber lo que sólo me fue reservado a mi persona. Tu vives en mí, dentro de mi mente, pero hay cosas que debo de callarme antes de pensarlas para que nunca sepas que digo cuando duermes, cuando vigilo más yo que tú en la mente. Lo que hoy me ruegas es un acto de improperio contra mi ser, suficiente he hecho con dejarte vivir en mi mente tanto año. Debo dormir y no sigas tu ruego de salir a verme cuando duermo, pues no soportaría un desdoblamiento más.

Lo que el relato anterior nos expone quizá no es algo muy nuevo, un sujeto que habla consigo mismo para reprenderse y prohibirse un desdoblamiento más. Hemos escuchado sobre eso, gente que procede a salirse de sí, para contarse la vida desde afuera. Este fue el caso del narrador anterior, un ser de sí que se ruega ante sí salir y saber más de lo que conscientemente se sabe.

Pues no importa ahora acaso si se cree o no de tal fenómeno paranormal, pues lo que interesa entonces es otro fenómeno; el del lenguaje y su verbo rogar. Con frecuencia al escuchar esta palabra las imágenes de súplicas y lamentos, de peticiones fervorosas o insistentes preces se nos dibujan en la mente, puesto que parece ser un sinónimo rogar y suplicar con insistencia o humillación.

No obstante, les ruego no ignorar que fue a partir de la voz latina: rogo, de donde provino nuestro verbo rogar. Tal palabra significa pedir, pero además según dicta la historia los romanos empleaban la palabra rogatio (palabra de idéntica raíz) para proponer una ley, la cual al ser votada se contemplaba como una praerogativa (prerrogativa). De allí, de la dinámica de la ley igual surgen voces como: abrogare (abrogar), arrogare (arrogar), arrogantis (arrogante), derogare (derogar), interogare (interrogar), prorrogare (prorrogar). Así es que, la próxima vez que usemos ruego, no pensemos que estamos siendo sumisos ni o displicentes, sólo estamos pidiendo algo, incluso estamos siendo duros en solicitar ese favor, pues lo pedimos cual si fuera una ley llevarlo a cabo.