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Sácate los espléndidos

Luis Ricardo Guerrero Romero

Animada por el sabor, aroma, intensidad y efectos del licor de absenta, me arrastré una vez más a aquel rincón de mi habitación, el lugar más fresco y menos iluminado, el espacio silente y mejor aseado por Asunción (caballero de compañía asignado por mis padres para que en él repose la soledad), el punto geométrico de mis alucinaciones, sitio de aciertos y curul de mi propia ley.

Siempre acostumbrada a saber que Chon me encontraría, me levantaría mientras con fuerza toca mis muslos, amañada a sentir su agitada respiración y su aliento a khat (catha edulis). Motivos suficientes, pero también necesarios para embriagarme y sentirlo cerca. Las chicas que hemos tenido todo, nos es indispensable asirnos en la nada de los demás para sabernos humanamente dependientes. De no haber sido por estas estratagemas que, en compañía de mi desenfreno, el licor de absenta, y los brazos erguidos de Chon a causa del khat, estaría peor; es decir que, ese lugar donde me anidaba cada noche de mi apetencia me hacía hermanarme con la sociedad, me recordaba pensar lo poco complementada que me sentía entre celulares y todo tipo de aparatos de moda, viajes cada ocho días, tres o cinco comidas en las que me cansaba de masticar. Dios bendiga el licor, los brazos de Chon apretando mis muslos, bendiga también las drogas y las sales con las que ahora relajo mi cuerpo en este espacio puramente mío desde donde pienso que sería espléndido tener: un licor, a Chon, drogas, y muslos.

Espléndido, ¿a qué le darías hoy ese adjetivo? Quizás al tener una vida cómoda, quizás a sólo tener vida, probablemente a una piedra, y tendrías más razón. Aunque según el relato anterior, a la narradora-personaje (intradiegético), le hacían falta unos tragos de verdad y un par de muslos para sentirse espléndida en la vida, a muchos de nosotros se nos ha olvidado evaluar que hay tantas cosas a las cuales les damos o nos dan un brillo, luego entonces, son espléndidas.

La palabra en cuestión: espléndido, se llega a emplear en situaciones donde un anfitrión es muy basto, cordial, generoso; asimismo, espléndido le decimos a la persona que da con miramientos y se abstiene de egoísmos: ¡Qué espléndido tu marido, un varón señero y selecto!

Hay pues una gama de sentidos para adjudicar eso de espléndido a alguien o a algo, en realidad, tal voz se suscita a partir de un objeto no vivo: la piedra. El calificativo espléndido es original de la constitución de las piedras brillantes, del latín: splendens: brillante, también resplandecer (splendens> esplendens> >esplendo> esplendor> espléndido). Adquirir brillo por medio del desgaste, del pulido. En este caso, un mineral espléndido por antonomasia es la plata, entre otras piedras que según la norma de la gemología cumplirán con las categorías de espléndidas.

De tal suerte que, si de una piedra nos viene el ejemplo del brillo para ser espléndido, bástenos recordar que los seres vivos podemos superar las bellezas de piedras, si optamos por pulirnos en nuestro quehacer. ¡Saquemos los espléndidos comportamientos humanos!

l.ricardogromero@gmail.com