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Tanta propaganda redujo al periodismo profesional
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Luis Ricardo Guerrero Romero

Ya tenían tiempo yendo a la misma frutería, los recién casados en tiempos de pandemia veían cómo poco a poco las personas que los rodean los trataban de un modo distinto. Uno de los tratos que cambió fue cuando a ellos les comenzaron a decir señor, señora. Ella con el espíritu de una treintañera no parecía sentirse cómoda cuando se le mencionaba de tal modo, él, con el ego y la vanidad viril, tampoco sentía un placer al ser referido como tal. Cierta ocasión, ella le dijo al empleado de mostrador: —por qué me dices señora, ¿dónde me ves los hijos? A lo que el dependiente le dijo que no era por hijos o no, sino porque la veía llegar con su marido.

Había pues una melancolía a la juventud, un recuerdo a aquellas formas de ser referidos como jóvenes, chavos. Al escucharse como señor y señora algo de vida se les escapaba de las manos. Entones, ¿quién es el señor, ¿quién es la señora?

De modo categórico podemos decir que sólo es señor o señora cuando se tienen patrimonios que respalden el cargo. Lo cual, comúnmente es ya entrando los 40 años. Esa era la idea de antes, debido a que, como el periodo de vida era menor, las personas que tenían 40 estaban a poco tiempo de dejar la vida. Entraban a una etapa senil. Del latín: senior: más viejo, más maduro, es de donde se originó la voz señor y señora. Es decir, todo aquel que sea tal, debe ser más viejo que los iuniores (juniores). De hecho, esta palabra dio pie a los senadores, quienes tenían que ser mayores de 45 años, los viejos.

El hombre y la mujer vieja es quien ya pasó los 45 años, lo cual dota de experiencia, arrojo y cierta sabiduría en áreas específicas. Evidentemente, la cosa va cambiando, pues en el senado, no encontramos a personas sólo de 45 años en adelante, que debería ser una inteligente decisión, ya que hay cierta edad en que la avaricia y el querer chingar al otro no aparece tan seguido, o bien la mezquindad y el robo. Pero, por otro lado, ser señor y señora, ya no sólo es si se tiene patrimonios, pues estamos en un periodo de relativismo, señor y señora a veces se les ve más a los que tienen hijos. Señoras y señores, damas y caballeros, nunca serán sinónimos, no en un senado.

l.ricardogromero@gmail.com