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Sierra de San Miguelito: la defensa de un área natural a partir de su importancia histórica

Armando Hernández Soubervielle*

El pasado 8 de enero, María Luisa Albores González, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, hizo llegar al alcalde interino de San Luis Potosí, Alfredo Lujambio Cataño, un oficio donde lo conminaba a “solicitar la opinión de las instancias en materia de desarrollo urbano y ambiental tanto estatales como federales” previo a apoyar los proyectos del Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano. La petición de la secretaria Albores partía de que, en el punto de mira de varios intereses inmobiliarios, se encuentran cientos de hectáreas de la Sierra de San Miguelito, en proceso de ser declarada como Área Natural Protegida con carácter federal, un hecho que se le recordaba al edil interino en la carta en cuestión.

La depredación a la que se le intenta someter tuvo su episodio más cercano en la reunión del 18 de enero, en la cual regidores y síndicos de la capital discutieron el programa aludido. El madruguete –por no llamarlo de otra forma– no procedió y, de momento, el proyecto que busca fraccionar y urbanizar la Cañada del Lobo y una porción de la Sierra de San Miguelito, se canceló. El riesgo, sin embargo, sigue latente y, por ello, me gustaría aportar, más allá de su importancia ecosistémica, desde la disciplina histórica.

Por todos es conocido que gran parte de los edificios antiguos (ss. XVII-XIX) que se yerguen en el centro histórico de la ciudad de San Luis Potosí, sobresalen por mostrar una estructura revestida de piezas de cantería de un particular color rosa pálido. Esta piedra y sus características han servido para identificar rasgos

de la arquitectura de San Luis Potosí, dotándola de un sello propio, más allá de estilos y soluciones formales. Que hoy en día la comunidad de Escalerillas, ubicada al poniente de la zona metropolitana de San Luis Potosí, se dedique exclusivamente a extraer y trabajar este material, ha hecho que, erróneamente, se le señale como la fuente original de la cantera y cuna histórica de su explotación para revestir la ciudad. Tanto la tradición oral como el propio gobierno se han encargado de difundir esta idea equivocada. Los documentos nos revelan otra cosa.

La primera noticia que tenemos de un denuncio –señalamiento jurídico de posesión– de una cantera para su explotación, se remonta al año de 1595 (apenas tres años después de la fundación del pueblo), cuando el maestro de cantería Benito Antúnez de Miranda indicaba haber descubierto una cantera de piedra blanca, para hacer portadas de iglesias, arcos y otros edificios. ¿El sitio de su descubrimiento? “A una legua del pueblo, con rumbo del camino que va a la ciudad de México”. El banco en cuestión se encontraba en las faldas de lo que ahora conocemos como Sierra de San Miguelito, hacia el sur del entonces pueblo de San Luis y contiguo a lo que era el camino real que conducía a la capital del virreinato. Otro testimonio documental de la existencia de un banco de piedra en las inmediaciones de la misma sierra, se remonta al año de 1641, cuando los jesuitas señalaron una “cantera de piedra color rosado” que se encontraba a “dos leguas del dicho pueblo, en una ladera de los cerros, mano derecha del camino que sale hacia esta ciudad [México]”. Ambas canteras se encontraban entre la actual presa de la Cañada del Lobo y la fracción del Aguaje, por tanto, no resulta extraordinario que los paseantes que hoy recorren el piedemonte de la Sierra de San Miguelito, encuentren indicios de explotación pétrea, muchos abandonados, otros, aún trabajados por aferrados canteros que se niegan a que muera su oficio, e, incluso, permiten que subsistan algunos topónimos, como el del cerro que lleva por nombre “La Cantera”, recordando que esta sierra vistió de piedra una ciudad por varias centurias.

El avance del desarrollo urbano ha ido alterando el paisaje y con ello “devorando” los cerros donde se encontraban los antiguos yacimientos. Proyectos de carreteras los atravesarán y el río de asfalto y chapopote irá poniendo en riesgo también ese otro aspecto, el histórico. La Sierra de San Miguelito es fuente de vida y equilibrio ecológico, pero también es historia, y la fuerza de ambos aspectos deberían ser suficientes para protegerla de intereses depredadores que acabarían también con un eslabón fundamental de nuestra identidad, uno que apenas estamos empezando a comprender y valorar desde la ecología y la historia. Digamos no a la explotación de la Sierra de San Miguelito.


*Profesor Investigador de El Colegio de San Luis. Dedicado al estudio de la ciudad desde una perspectiva de la historia social de la arquitectura y el arte, con un enfoque integrativo. Especialista en los siglos XVII y XVIII para el caso de San Luis Potosí. Interesado en la conservación y defensa del patrimonio cultural y natural.