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Suerte ensayada

Luis Ricardo Guerrero Romero

El damero, el azar, la fortuna; un citero, la adivinación, la rifa, el sorteo. Las estrellas, costelaciones, el horóscopo, un dado, una bola, la urna, la muerte. Los receptáculos de la vida. Una canción: “Pronto llegará el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte seguro que mi suerte cambiará” (fragmento: El día de mi suerte, Willie Colón / Héctor Lavoe). Los pedazos grandes, el “cachito” que favorece… Aquella “torta bajo el brazo”. La gente busca, caza, y la gente inquiere sobre sí misma o sobre las cosas, una cruz en el piso luego de haberse encontrado un peso, el comerciante se persigna: Padre, Hijo, Espíritu amén, con el perfume asqueroso de olor a billetes, si son verdes es mejor. “sé que antes de mi muerte seguro que mi suerte cambiará”.

Luego la pregunta caprichosa, terca y repugnante: ¿por qué a mí, por qué yo? Parece que es el azar, y para otros parece que es el resultado del conocido: Efecto Mateo. Por otra parte, antiquísimo es también el asunto aquel que dice el texto bíblico: “y lo echaron a la suerte, y éste cayó en Matías, y a partir de ahí, fue contado entre los apóstoles” (Hechos, 1, 26). La suerte, el golpe inusitado que recrea la vida.

En el griego antiguo se enuncia: κληροω (clero: sortear), los que por heredad son elegidos, los que tienen suerte de, o más bien, los que abusan del sistema para apoderarse de toda suerte. Desde la antigüedad, de hecho, el texto bíblico lo indica, no se eligió a alguno por un motivo en especial, sino por suerte. Por el albur, la casualidad, por el esperma suertudo. Qué es casual, sólo el riesgo.

Por otra parte, el asunto del sortear se entiende en el latín a partir de la voz: sors: bola, dado, una tabla, un damero. Una urna, la más exquisita de las suertes está en una urna, donde estarás tú, en donde estaré yo junto a mi perro. La palabra latina sors, es femenina, porque la suerte así lo dijo, porque también la fortuna es mujer, porque además así es la muerte y la urna. Es siempre el oráculo que canta y tabula la mujer divinizada. El hecho no predecible es la suerte, el hecho no previsible es la muerte, aunque hoy te apuntes con un arcabuz, no sabrás, no te enterarás de tu suerte, en qué urna, cómo, cuándo, dónde perpetuamente los restos cohabitaran.

La pinche vida es un guijarro, Alguien la eyectó a la raya, al sorteo, Alguien la subsiste, Alguien grita, ladra, ruge o gime, por ti. Pero sabes que antes de tu muerte, seguro que tu suerte cambiará.

l.ricardogromero@gmail.com