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Talento en las caderas

Luis Ricardo Guerrero Romero

En esta época del año que se exigen ayunos, mientras las arcas de los templos se llenan de limosnas de los incautos penitentes, nos viene a bien divagar de las cosas contradictorias pero con atracción, por ejemplo la contagiosa canción de Celia Cruz con  Willie Colon: No tiene talento, cuyas primeras líneas nos cantan la verdad: “No tiene talento pero es muy buena moza, tiene buen cuerpo y eso es otra cosa muy poderosa en televisión, tiene un trasero que causa sensación”. Esta canción de sabiduría popular nos habla sobre las veces donde el talento-aptitud-inteligencia, está de más si el sujeto en cuestión tiene de más en sus atributos –mujer u hombre–. Lo anterior en los sistemas no es diferente, mientras un sistema político o religioso ofrezca beneficios extraordinarios como el progreso total y la paz social, o bien una segunda vida en un ignoto sitio, no importan las penitencias o el desfalco padecidos. Entonces el talento humano, queda estrujado, la libertad es un gemido del homo sapiens sapiens.

Pero hay talentos indudables que gritan a pinceladas la libertad del ser humano, como lo demuestran las pinturas del cubano Roberto Fabelo, en su: Homenaje a Balthus en el muro del Malecón, obviamente la maestría de Balthus en la obra: Lección de guitarra, también es expresión de arte y libertad;  y que decir de las pinturas de Terry Rodgers, –por ejemplo Ghost of liberation–. Una extensa lista de artistas nos han deleitado con maravilloso y sublime ingenio los sentidos. Así es el arte, es una caja de talentos, tiene un peso cultural y social.

A los talentosos los tendría que evaluar un “talentómetro” o habría que estudiarlos con la numismática –ya veremos por qué–. Que al talentoso lo estudie la ciencia de las monedas y medallones, lo decimos porque el sentido inicial de la palabra talento surgió en el valor del dinero, (ya sabemos que en otro sentido a una persona se le valoriza según su ingenio o aptitud). El ingenio pesa y es valioso, la misma palabra talento nos lo explica a partir de la voz del griego antiguo: atalánta; (α copulativa) y ταλαντον, (talanton) quiere decir: peso. Así se le nombró a las monedas en Grecia, asimismo en la lengua latina se conserva talentum, para indicar el peso, pero también ingenium. La evolución de esta palabra se indica como: talanton˃ talentum˃ talento.

En la Biblia existen numerosos relatos donde el sustantivo talento es moneda: “E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro” (1Reyes 9.14); “por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra” (Mateo 25. 25). Pero también la numerología se incluye en estos relatos como en la cita de 1Reyes 10. 14: “El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era de 666 talentos de oro”.

Hoy empleamos el sustantivo talento, para quienes tienen un peso significativo en relación con los demás, ya que su ingenio que es una disposición natural. Es una bonita paradoja, el talentoso –el pesado– no cae, desafía la gravedad y se encumbra. Midamos nuestros trabajos como quien mide su virtud con la escuadra de 24 pulgadas, trabajemos en ser mejores las 24 horas del día.