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Luis Ricardo Guerrero Romero

Disponerse a hablar sobre la noche es un tema bastante largo, cuántas historias suceden por las lóbregas horas: de terror, de suspenso, los cuentos de los tres cochinitos, de Peter pan, los más inocentes se cuentan por las noches. ¿Me pregunto si un velador habrá descubierto el sabor de la noche a fuerza de tanto vivirla? O Pancho que espera la noche para cenar.

Sucede de todo en la noche, y lo extraordinario no es que suceda, pues en la mañana también acontecen actividades, lo asombroso es que la vida nocturna se paladea diferente.

La idea comienza así: érase que, en la antigua Grecia, la hija de Caos engendraba el Éter y el Día, érase una diosa lúgubre más allá del país de Atlas, su nombre lacónico como todo lo efímero, pero tríadico como lo profundo: Nix, (Νυξ) la prosopopeya presente de la noche. De modo que esta diosa era identificada como el fenómeno nocturno.

Del griego νυξ–κτος, noche; pasó al latín nox, noctis, noche. Y esta idea de noche tiene una relación con las tinieblas, el momento de morir. En ejemplos como: éste enfermito ya no amanece; se entiende que se queda en la noche, la misma idea persiste en: ya descansa en el sueño eterno. La “imagen” de la noche es interpretada como el momento oportuno para la culpa o el delito, en el latín encontramos la palabra noxia: ofensa, detrimento; que tiene la misma radical que noche. En aspectos siderales ubicamos también un Niz o Nix, como un satélite de Plutón, de contemporáneo descubrimiento. Y un ilustrativo aspecto de la noche como pecado, al menos en la relación culpa-conciencia lo vemos en San Juan de la cruz: “En una noche oscura, con ansias en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura! Salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada”. No es en vano el epíteto que se utiliza para describir la noche, podríamos pensar: pleonasmo acaso, ¡pero no! es la idea de Νυξ.

Hay situaciones que nos gustarían que duraran toda la noche, como un bonito sueño, no obstante, los sueños no duran sino unos cuantos minutos, pero a causa de nuestro estado de conciencia opacado, suponemos soñar toda una noche, en la noche el tiempo es un juguete y cada sujeto se entretiene al modo que más le place. La idea de la noche se confunde con la oscuridad, lo tenebroso, lo oscuro, lúgubres matices, nada santo se hallará en las noches, toda vigilia deshace al hombre que imita al centinela.

Ya lo dijo José Emilio Pacheco en “Los elementos de la noche”

Bajo el mínimo imperio que el ver no ha roído se derrumban los días, la fe, las previsiones. En el último valle la destrucción se sacia en ciudades vencidas que la ceniza afrenta. /La lluvia extingue el bosque iluminado por el relámpago. La noche deja su veneno. Las palabras se rompen contra el aire. /Nada se restituye, nada otorga el verdor a los campos calcinados. Ni el agua en su destierro sucederá a la fuente ni los huesos del águila volverán por sus alas.