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Luis Ricardo Guerrero Romero

Camino a los suburbios de la ciudad, entre casas de hipoteca del INFIERNAVIT, después de los centros comerciales que ostentan luces alegres, existen una variedad negocios que se denominan: “Luxury …”, esto es que, evidentemente no son cualquier negocio, sino más bien, un giro comercial de prestigio. Erasto Rodríguez, viudo de Michell Quiroz, es uno de los tantos trabajadores que se desempeña en las muchas tareas de las tantas tiendas que son “luxury”, desde luego, él, y sus hijos nunca gozan de las atenciones de esas tiendas, pues no hay ese tipo de comodidad para los habitantes del arrabal. Sin embargo, Erasto está presente como un prestigioso trabajador, saluda a los clientes con pompa, aunque algunas veces él mismo ha confesado desear saludarlos con falos.

Existen clientes de todo tipo, aunque éstos sean consumidores en establecimientos “luxury” no son: comensales, compradores, clientes o consumidores de lujo. Hay digamos, cierta desigualdad, entre los lugares que se hacen llamar de lujo, y los que dejan allí sus sueldos. Erasto, el viudo del finado Michell, sabe de eso, porque antes de haberse casado, fue misionero y se dio cuenta que, incluso en los templos hay representantes de Dios que buscan el lujo, será porque buscan la luz. Cuando enviudó Erasto, un mes después lo despidieron y ahora tiene un puesto de carnitas sazonadas con leche, naranja, especias y la receta secreta que aprendió en los establecimientos luxury. Es exactamente el mismo sabor, a un costo tres veces menor. Pero aun y con eso, en los barrios sólo se come ese tipo de antojo los sábados antes de oscurecer, antes de la luxury.

Barberías, tiendas de comida, plazas comerciales, agencias de viaje, spa, fraccionamientos, y hasta estéticas de mascotas, se han vuelto luxury, es un sello ridículo que la mercadotecnia en otra más de sus mentiras ha presentado a la sociedad que cree, y no es suficiente creer, sino creer que se cree.

En el relato anterior vemos la suerte de Erasto, pero también leemos el abuso de los que ostentan ser de lujo. En el abuso de los neologismos llegó a nuestro lenguaje tal palabra en cuestión, que, nuevamente la ignorancia le atribuye tal expresión a Norte América, o bien a U.S.A, por eso dice la frase: “¡cuidado, alguien te USA”. Puesto que en realidad la voz: luxury, proviene del sagrado latín. Ya en la antigua Roma se decía: luxus, para adjetivar aquello que es: elegante, suntuoso, de magnificencia, o lujo. Asimismo, esta palabra tiene enlace con la lujuria, que por definición es el deseo exacerbado por algo, en especial por el contacto sexo-genital. Pero, la idea es que ese algo es un deseo enorme, suntuoso, lujoso, como las carnitas de Erasto que aún recibe con pompa a sus clientes.

l.ricardogromero@gmail.com