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Luis Ricardo Guerrero Romero

Habiéndose escuchado aquel sonido, te precipitabas a buscar lo que tanto anhelaste, con probabilidad era una buena idea sacar tu celular e iniciar una grabación en vivo, tus seguidores de Facebook, tanto como los de IG, seguramente te premiarán con algún tipo de aprobación. Entonces corres, cual tipo aventurero, un bohemio aficionado. Te localizas en aquel sitio. Nadie te pidió estar allí, como nunca nadie te pidió existir. Mojaste tus labios una vez más, la hidratación por medio de la lisozima no parece nada estético, pero no te interesa, es baba al final del día. Escuchas cinco veces más ese sonido, ya no pudiste otorgarle una tregua a la paciencia, actúas. Llevaste a cabo lo que tanto presagiaste, pero nadie te creerá sin la prueba, sin la fehaciente documentación digital. Así son los días ahora, no importa cuánto, no importa cómo, no importa qué, sólo importan las vísceras y un par de minutos como testimonio.

Estás de frente y las afrentas no cesan, sólo el obturador como aquel ojo perpetuo se conjuga con tus intenciones nada sanas, nada honestas, nada humanas. Sabes que no te quitará el sueño y no hay nada. Nada que ver en tus libelos pensamientos, sólo ese sonido eco mojado de tus lascivos placeres.

El sonido, los sonidos, pueden atraparnos en realidades que no sospechamos, como tal dictó el filósofo: “Nihil est in intellectu quod prius non fuerit sub sensu”; y es que, si acatamos a tal enunciado, habremos de atender que lo sensual, es decir lo dado por los sentidos, realmente puede glorificarnos en el saber, pero también, nos tiende una trampa.

Aunque lo que se discute ahora es un tema antiquísimo, vale la suerte decir que los sentidos ayudan al cazador, mientras afectan a la presa. Uno de los instrumentos-herramientas por antonomasia para la captura es el lazo, la red, ya en animales, ya en humanos, el atrapar es caer en la trampa.

El sustantivo en cuestión es un ejercicio onomatopéyico, del bajo German: Tramp [jamp] y aún en a la fecha el que cae, como es un vagabundo, surge el concepto de trampa. La trampa es lo que atrapa, lo que caza, lo que enlaza en cualquiera de nuestros sentidos, e incluso en la inteligencia emocional la persona tiene trampas. Es de tal modo que el sonido [jamp] escrito como Tramp generó nuestra voz: trampa. Es una de las tantas voces que se suscitaron gracias a la percepción de lo que escuchamos. Con alta probabilidad, el sonido ya indicado es el de una red que cae sobre el cuerpo de algo o bien del mar.

En el griego antiguo la palabra: παγιδα (pagida) es traducida como trampa, pero la acepción más próxima es la de: red, lazo. Es así como, aquello que cae (red o lazo) sobre la presa hace: ¡jamp! Desconocemos qué sonido genera nuestro cerebro cuando es atrapado por algún tipo de nuevo saber, o cuando cae en la trampa, desconocemos si la sinapsis neuronal emite un chasquido al hacer conexiones, pero no desconocemos que las trampas están hechas para las víctimas, ya desde una presa que llevamos a la boca —porque hasta a las plantas les hacemos trampas, se les cuida con amor para luego devorarlas—; ya desde el engaño en la comunicación, ya desde la mercadotecnia, la reina de la trampa; estamos rodeados de trampas. Estamos en la red que hace ¡jamp!, capturándonos y a costa de nuestra libertad.

l.ricardogromero@gmail.com