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Triunfo inagotable

Luis Ricardo Guerrero Romero

Sentí la sed, esa avidez casi indescriptible de probar, de enjugar mi garganta con el agua turbia, cálidas gotas embriagantes que se apoderan mi mente, pero más del corazón. Es una necesidad imperante, una exclamación abundante, es un idilio entre un licor y yo. De verdad sentí sed, pero fue una forma sutil en que mi mente me hacía el llamado al abandono de los tragos, sorbos de magia, magia de aspiraciones etílicas que sólo entre botella y botella se saben hablar. ¡Triunfen bebidas, extasíenme con el perfume de sus etanoles sagrados!

…Ya son 335 días continuos en que despierto y siento sed, luego de cepillar mis dientes, elevar las gracias al Creador, saco del cajón de la revistas una botella más, el primer sorbo matinal es el más difícil, después de ese, todos los demás sólo son colaterales al primer llamado de sentir sed. Triunfen tragos limítrofes al deseo, amantes inmarcesibles del dios Baco que reina por los siglos de los siglos.

Hemos oído varias interpretaciones que se le da al triunfo, la forma en que el personaje del relato anterior otorga el triunfo a las bebidas espirituosas, es otra más a la lista, como bien se dice, es difícil probar el triunfo, suerte quizás de sinestesia: ¿por qué se le designa al sentido del gusto la satisfacción del triunfo? A lo mejor el narrador del texto anterior lo sabe, o tal vez es Baco quien entiende mejor el triunfo.

Lo anterior lo indicamos al rastrear la idea de la palabra triunfo que desde un inicio es viable entenderla desde el lenguaje antiguo helénico, pues es en la voz: θριαμβος (thriambos) expresión empleada en los himnos emitidos a Baco, con la intención de honrar su magnánima presencia, una especie de ¡hurra! Luego de esto es imprescindible dar razón sobre cómo llegó ese triambos, hasta nuestro triunfo. La primera idea es saber que en Roma se enunciaba: triumpho: obtener honores, pero ya en el contexto social, esos honores eran dados por el senado. El triunfador debía haber mermado a la tropa contraria con 5000 bajas, entre otros requisitos. Pero volviendo a nuestra descripción, entendemos que en la fonética griega triambos se volvió labial sorda, en lugar de labial sonora en su última silaba, /b/ por /ph> f/; así thriambos> triambos> triumpho> triunfo, llegó a nuestro lenguaje triunfando contra los: hurras, y bravos. Triunfar, inagotable tarea con o sin vino.