Dictan sentencia al asesino del periodista Santiago Barroso
28 marzo, 2019
Anuncia AMLO fortalecimiento de las normales del país
29 marzo, 2019
  • “Blindaje” en el Istmo
  • Angoitia-Televisa, en la cena
  • FBI, Pompeo, Maduro

Julio Hernández López

Más de mañana que la Mañanera, Donald Trump madrugó con un tuit de sobrada presión para el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador: «México no está haciendo NADA para ayudar a detener el flujo de inmigrantes ilegales a nuestro país. Todo es conversaciones y nada de acción (…) ¡Puedo cerrar la frontera sur!». Varias horas después, en un mitin en Michigan, volvió a amenazar: “¡Vamos a cerrar la maldita frontera!”, pues a pesar de que México podría detener “tan fácilmente” el paso a dos caravanas de migrantes, “no lo hace”.

Como suele suceder con el intempestivo multimillonario rubio, sus palabras son exageradas y políticamente injustas: la administración obradorista no ha hecho TODO, pero sí ha hecho MUCHO (las mayúsculas son para mantener consonancia con la grafía escandalosa de Trump) de lo que ha solicitado el imperioso gobierno vecino. Por lo demás, son varias las ocasiones en que el citado Trump ha amagado con cerrar el paso en la línea de contigüidad de ambos países.

Por principio de cuentas, la Casa Blanca ha logrado que el presidente de México contenga su previsible disposición natural a responder en tono parecido o incluso más rasposo. López Obrador mantiene batallas políticas y verbales en muchos planos y contra diversos actores y factores políticos, pero ha decidido no enfrentar a Trump, en una ya prolongada apuesta fundada en razones geopolíticas muy pragmáticas. Todo el armado nacional que ha ido construyendo el tabasqueño podría ser dañado, en grados que no serían menores, por un manotazo político, económico o financiero proveniente del norte: cerrar la frontera entre los dos países, por ejemplo, significaría un fuerte problema inmediato para México.

Lo cierto es que el gobierno obradorista se ha esmerado en atender las exigencias de los funcionarios estadunidenses. Desde recibir al yerno Jared Kushner en la casa de un vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez (donde también estuvo Alfonso de Angoitia, copresidente ejecutivo de la misma televisora, según reveló ayer el canciller Marcelo Ebrard), hasta el consecuente envío a Washington de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para recibir instrucciones de la secretaria estadunidense de seguridad interior acerca de la manera de apretar el puño gubernamental en el sur, dar marcha atrás a promesas y “políticas” supuestamente generosas y humanitarias hacia esos migrantes (hasta empleo, se les llegó a ofrecer) y convertir el Istmo de Tehuantepec en la nueva frontera blindada de Estados Unidos, militarizada por México.

Trump presiona en público pero recolecta frutos en privado. El director del Buró Federal de Investigación (FBI), Christopher A. Wray, “está en México reuniéndose con los integrantes del gabinete de seguridad del presidente López Obrador. El encuentro es para establecer los lazos de cooperación en materia de seguridad que deben seguir los dos países”,  según dijo un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca al periodista mexicano Jesús Esquivel.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, por su parte, hizo saber ayer ante congresistas de su país que “personalmente” ha tenido conversaciones con representantes de otros países, entre ellos México, para analizar la posibilidad de que uno de ellos diera asilo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El alto nivel del secretario estadunidense sólo recibió como respuesta mexicana una especie de desmentido por parte del coordinador de comunicación social de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el joven Roberto Velasco.

En los hechos, el problema migratorio está creciendo y se complica para México, con Estados Unidos en aprovechamiento de las circunstancias para tener más injerencia y control en México y, en particular, para crear las condiciones de “crisis” que, exacerbando temores e ira de los votantes gringos, ayude a la reelección de Trump.

Lo sucedido ayer en el puerto de San Felipe, en Baja California, simplemente confirma el grave riesgo que significa el uso de las fuerzas armadas, en este caso la Marina, para enfrentar hechos delictivos pertenecientes al multifactorial ámbito del crimen organizado. Un pescador de totoaba, el preciado pez al que se atribuyen virtudes medicinales y afrodisiacas (llega a venderse en el mercado chino en 8,500 dólares por kilo), fue baleado por un miembro de una partida de marinos que pretendía frenar esa pesca ilegal.

Sin embargo, el problema no es tan sencillo. Miles de pescadores se acogieron durante la administración de Enrique Peña Nieto a una compensación económica para dejar de pescar totoaba, pues junto con este pez suelen ser atrapadas y muertas, como daño colateral, vaquitas marinas que están en riesgo de extinción. Esos estímulos económicos no han sido entregados en el curso de la presente administración federal, según denunciaron ayer algunos de los pescadores que persiguieron a los marinos agresores, incendiaron automóviles y lanchas e irrumpieron en instalaciones federales. Por ello, masivamente, los pescadores de la región decidieron romper la veda impuesta para el caso del pez totoaba. A enfrentar esa protesta fueron enviados marinos, con el resultado que se menciona.

Las negociaciones del gobierno federal con la sección 22, del magisterio oaxaqueño, parecían avanzar. Ayer mismo fueron levantados los campamentos de profesores que se habían instalado a las puertas de San Lázaro, aunque advirtieron que regresarán la semana próxima. La cámara de diputados citó a sesión el próximo martes y se espera que para entonces ya estén arregladas las diferencias entre las partes. El secretario de educación pública, Esteban Moctezuma, dijo que se está cerca de cerrar este episodio. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.