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Trump, sepulturero oficial

Trudeau: ¡lástima, Enrique!
México, escalón número 13

Carlos Fernández-Vega

Parece que todos están conscientes de la inminente “caída” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte… salvo el gobierno peñanietista. Cuando menos no en público, porque el discurso oficial se mantiene “positivo” y “esperanzador”, aunque es obvio que el salvaje de la Casa Blanca no tiene la menor intención de “refrendar los lazos históricos (etcétera, etcétera) entre ambas naciones”. Simplemente extendió el velorio del acuerdo trilateral, pues nunca fue su intención “negociarlo” y/o “modernizarlo”.

Vendrá un sólido, ampliado y benéfico acuerdo bilateral… entre Estados Unidos y Canadá. Y para eso llegó Justin Trudeau a México, para decirle al inquilino de Los Pinos: “lástima, Enriquito; primero no- sotros y después, también nosotros”. El primer ministro fue recibido en el aeropuerto por el “aprendiz” Luis Videgaray, quien debe haberle dicho al oído: “a ver, maestro, México es más grande que el TLCAN; hay cosas que no vamos a aceptar, y no sería el fin del mundo”. Y el político canadiense tembló del miedo.

En vía de mientras, de Washington llega la noticia: en plena negociación del TLCAN (cuarta ronda, segundo día de trabajos), “Donald Trump presentó ayer la cláusula de terminación automática del acuerdo en cinco años. La propuesta fue presentada a un pequeño grupo de negociadores. Se trata de una de las propuestas consideradas como ‘píldoras venenosas’ por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, debido a su potencial para descarrilar el proceso de modernización del acuerdo”.

Los acontecimientos destrozan el alegre discurso del gobierno y los “negociadores” de México, pero se aferran en Los Pinos y zonas aledañas. Como bien lo advierte Moody’s Analytics (La Jornada, Roberto González Amador), “la probabilidad de que se materialice el final del TLCAN es ahora mayor que cuando inició el proceso de renegociación a mediados de agosto. Es posible que el principal motivo del rompimiento tome la forma de una salida unilateral de Estados Unidos. Las negociaciones se han acercado a un punto en el que la cancelación del acuerdo se puede detonar rápidamente y en cualquier momento”.

Sin embargo, Moody’s Analytics advierte que “también existe la posibilidad de que Estados Unidos apriete aún más las condiciones para orillar, sobre todo a México, a retirarse del acuerdo. En este caso, Trump podría librarse de potenciales acusaciones o fricciones en su Congreso, consideró. Y más allá de la fuerte turbulencia financiera y de la potencial inestabilidad en algunas variables y mercados, lo cual podría prolongarse por algún tiempo, el rompimiento del acuerdo comercial dejaría algo rescatable para México: la posibilidad de empezar a reducir la dependencia de su economía con respecto al mercado estadunidense”.

Habrá que estar pendientes de las “negociaciones” en Washington, pero en vía de mientras la junta de gobierno del Banco de México pinta un panorama no muy grato. Porque, de entrada, contradice el machacón discurso peñanietista: “el efecto de las reformas estructurales sobre el crecimiento (económico) parece haber sido más acotado que lo previsto en el momento de su aplicación. Si bien se espera que algunas de ellas pudieran impactar positivamente a la actividad económica en los siguientes años, es poco probable que ello pudiera elevar significativamente el potencial de crecimiento de la economía”.

Las “reformas”, pues, no cuajan (para bien de la nación; para el de los inversionistas han sido muy productivas), y a la par la inversión pública se ha desplomado; es decir, uno de los motores económicos del país se mantiene detenido, tanto que el Banco de México advierte que este indicador “ha caído en más de 45 por ciento desde su pico en el primer trimestre de 2009 al segundo trimestre de 2017”. Y “los efectos de esta caída sobre el potencial de crecimiento de la economía podrían ser muy graves”.

En el corto plazo, entre los factores que podrían incidir en el comportamiento del tipo de cambio “destaca la incertidumbre respecto de un resultado adverso de las negociaciones del TLCAN, así como las elecciones en México del próximo año. La mayoría de los integrantes de la junta de gobierno advirtió que el balance de riesgos para el crecimiento se ha deteriorado, particularmente por la percepción de que pudieran materializarse escenarios adversos en la relación bilateral entre México y Estados Unidos”. Ello sin olvidar que “la economía mexicana está en un proceso de desaceleración, que se ha vuelto más marcado hacia el tercer trimestre del año.

Y ya entrados, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) divulgó su “actualización” sobre el crecimiento económico regional durante el presente año y su pronóstico para el siguiente. Para el caso mexicano, el organismo especializado prevé que en 2017 el “avance” sería de 2.2 por ciento y de 2.4 por ciento en 2018. No explicó el sustento de su estimación, pero sí deja en claro que tal “crecimiento” no está considerado entre los principales de la región.

De hecho, en caso de concretarse tal pronóstico, en 2017 la economía mexicana se ubicaría en el escalón número 13 de 20 posibles en América Latina, y en la posición 18 (de 33 posibles) si se considera la estimación para el Caribe. Y para 2018 la relación serían los peldaños 18 y 23, respectivamente. Así, en el último año del sexenio peñanietista la economía mexicana “crecería” en una proporción idéntica a la que registrarían El Salvador y Jamaica, y apenas por arriba de Haití.

Con base en la “actualización” de la Cepal, el sexenio de Enrique Peña Nieto reportaría los mismos resultados mediocres que los tenidos por sus cinco antecesores; es decir, una tasa anual promedio de 2 por ciento, con todo y el “exitoso” paquete de “reformas”, el cual, según promesa oficial, haría posible que la economía autóctona “saliera del estancamiento” y creciera a una tasa anual no menor a 5 por ciento. Pero si hay algo más terco que el azucarado discurso oficial es, precisamente, la realidad.

Las rebanadas del pastel

En el México lindo y podrido de la clase política se pueden destinar –ilegalmente– billones de pesos al interminable “rescate” bancario (Fobaproa) y sin más pasar la factura íntegramente a los mexicanos, pero de ninguna manera recursos inmediatos y suficientes para la reconstrucción y los damnificados de los terremotos. Es una vergüenza que el gobierno ande de cuentachiles, mientras facilita jugosos negocios privados con recursos públicos… Ayer, el tipo de cambio cerró en 19.20 pesitos por billete verde (Bancomer, el banco “amigo”).

Twitter: @cafevega

cfvmexico_sa@hotmail.com

 

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.