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Tu líquido tibio, me liquida

Luis Ricardo Guerrero Romero

Calientito, sentí calientito; así fue la descripción de una amiga cuando me compartía la experiencia de la primera vez que junto con su compañero fue a buscar adrenalina en Valle, tanto ella como él, trabajan de fotógrafos de la vida silvestre, y cierta noche cuando el frío se hacía sentir y el calor humano atraía, una serpiente mordió a Julieta. Afortunadamente salió librada de aquel líquido venenoso que amenazó con liquidarla.

Los líquidos han sido inspiración para poetas, por ejemplo, lo vemos en el siguiente verso: ¡Oh claro honor del líquido elemento, dulce arroyuelo de corriente plata! (Luis de Góngora). Pero no sólo en poetas sino en el habla cotidiana se hace uso de expresiones poéticas que nos hace capaces de relacionar con facilidad y sin ambigüedad expresiones como: me adapto a todo, soy de carácter líquido.

Antes de comenzar a divagar sobre el líquido habremos de distinguir entre el líquido y lo liquido, el socorrido acento ortográfico (la tilde) que debe o no llevar la palabra que exponemos, que al parecer ambas familiares del lexema liqu, –obviamente de la lengua latina–, puesto que encontramos liqueo, liquide, liquo, liquor, liquido, que originó el verboide liquidar, es decir ser claros; serenos; y el estado líquido conocido por todos se hierve aparte. No obstante, ambas palabras empatan con el aspecto fónico de la primera consonante que las integra. La ele /L/, de sonido alveolar, lateral, sonoro y acuoso pues la salivación que producimos al enunciar esta novena consonante de nuestro abecedario es mayor a la salivación del resto de las consonantes, –es un fonema baboso, líquidamente hablando. Sin embargo, la más aceptada relación de origen de la palabra líquido es del latín: liquidus a-um, fluido, claridad, certidumbre.

En los inicios de la química encontramos también el paralelismo del líquido como un elemento en analogía con el agua, como llegará afirmar Tales, quien educía  que el agua (el estado líquido de la materia) es una materia y/o elemento básico de la cual suceden todas las demás. En otro escenario se habla de los fluidos como líquidos, como es el caso de los fluidos newtonianos, que por su inconstante cohesión molecular se ven faltos de forma propia adaptándose al molde que se les disponga.  Para minimizar la tensión superficial los líquidos expuestos en alguna superficie plana adquieren la forma esférica, –piénsese en una gota de agua o aceite al caer sobre una superficie plana–, que responde al principio de Hamilton, el líquido adopta la forma de esfera contribuyendo a reducir el máximo de energía. Y por pura serendipia o tal vez no, la ‘L’ en la simbología indica el litro, que como todos sabemos es la unidad de medida de los líquidos. Finalmente,  si  tienes L años (50 años) y decides tomar 2L de agua diariamente y piensas en como liquidar tus deudas o mejor aún cómo disponer de tu economía líquida, entonces te invito a leer el eficaz ensayo de Zygmunt Bauman: Tiempos líquidos, que nos explica, entre otras cosas, el tránsito de esta sociedad “moderna” que pasó de un estado sólido a uno líquido. También podremos saber más del líquido si pedimos el auxilio de Soma, el dios hinduista del jugo o del líquido, que nos hará entender lo elemental que es para nuestra vida la asimilación con la naturaleza, con suerte beberemos del néctar del amanita muscaria, que nos hará ser trasparentes como el agua.