Norcorea da por rotas las negociaciones que EU veía “bien”
6 octubre, 2019

Un rostro y un corazón

Pilar Torres Anguiano

corazón firme como la piedra
corazón resistente como el tronco de un árbol;
rostro sabio
dueño de un rostro y un corazón
hábil y comprensivo
Códice Matritense

Miguel León Portilla. Fotografia y escultura de Sergio Peraza, 1996

¿Puede el pensamiento de las culturas prehispánicas considerarse una filosofía?

La misma pregunta aplica para la filosofía mexicana y la latinoamericana. Y es que, quienes de alguna manera aspiramos dedicarnos a ella, casi siempre tenemos que partir por la aclaración, la justificación o la apología. ¿Existe? ¿Qué es lo que la distingue de los demás?

Algunos, condicionados por el universalismo, niegan que exista una filosofía particular, porque la filosofía aborda cuestiones comunes llegando a conclusiones universales; y no dentro de circunstancias culturales. Por otro lado, los culturalistas afirman que la filosofía no es científica, sino histórica; y que aquello que llamamos “verdad” es siempre contextual y circunstancial. La filosofía, aquí, alcanza generalidades, a partir de circunstancias culturales concretas.

¿A quién le creemos?

Más o menos esa era la pregunta que le hubiera hecho a don Miguel León Portilla en una conferencia que le escuché hace muchos años. Pero no me atreví porque no me pareció lo suficientemente estructurada; porque tal vez está trillada y temí tartamudear. Le saqué, básicamente. Y qué bueno, porque bien dicen por ahí, que más vale quedarse callada y aunque los demás piensen que uno no sabe nada, a abrir mi bocota y confirmárselos. Tenía razón, era una pregunta muy tonta, pero alguien la formuló mejor que yo.

Al respecto, don Miguel responde: “Léanse los textos indígenas y medítese luego en su más hondo sentido. Quienes se hallen libres de la antigua credulidad de los sistemas, podrán comprender si hubo o no verdaderos filósofos, creadores de ideas profundas y propias dentro del mundo náhuatl prehispánico y si es que ese pensamiento, ese filosofar, puede o no tener algún significado para el hombre inquieto de hoy día”.

Para el filósofo León Portilla, es indiscutible la existencia de una filosofía de los pueblos mesoamericanos. Sin embargo, hay varias limitantes generadas por el sesgo de una mirada occidentalizante y occidentalizadora, al estudiar el pensamiento de los pueblos prehispánicos; algo así entre malinchismo y miopía intelectual, creo yo. Y es que, la prehispánica, es una forma de pensamiento que está lejos de las concepciones sistemáticas de la filosofía, como únicas maneras posibles de filosofar.

Una de sus obras más importantes es “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes”, la investigación doctoral y en la que recoge documentos en lengua originaria para explicar el pensamiento de los pueblos nahuas acerca del origen, del ser de las cosas, de lo que hay después de la muerte, de nuestro lugar en la tierra, de cómo se comportan el cielo y las estrellas; y de cómo debemos comportarnos nosotros. Si eso no es filosofía, entonces no sé qué sí lo será.

En su obra, don Miguel muestra…

–Que la complejidad del pensamiento náhuatl y su universo, se construye de manera simbólica, en flores y cantos.

–Que el tlamantinime, el sabio, es ejemplo y guía para los demás y, en ese sentido, iluminaba la realidad y permiten que las personas descubran aspectos de sí mismas que no conocían; por ello se afirmaba que poseía el atributo de saber hacer sabios los rostros y firmes los corazones.

–Que esa misión de los tlamatinime constituye el ideal de la educación.

–Que, en la descripción del ideal de hombre y mujer, se dice de ellos que debían alcanzar a ser dueños de un rostro y un corazón –in ixtli, in yóllotl– configuración moral y principio dinámico de la acción.

–Que yóllotl, la palabra nahua que designa corazón, deriva de la misma raíz de “movimiento”. Así, en el pensamiento nahua, se configura la noción de personalidad que es al mismo tiempo una esencia que permanece y una movilidad que se vincula con los otros.

–Que un buen ser humano es quien “sabe estar dialogando con su propio corazón”. Y que los poetas y artistas son los encargados de introducir el supremo simbolismo de lo divino en las cosas, para que cobren vida las cosas en el oro, el barro o la piedra.

Más que un filósofo, historiador o antropólogo, Miguel León Portilla es precisamente eso: un tlamantini propiamente dicho. Porque más que defender o difundir el pensamiento mediante romantizaciones y mitificaciones, hace hermenéutica y filosofía; y mediante ello demuestra su importancia y universalidad. Así la importancia de la labor intelectual que desempeña el Dr. León Portilla en México y el mundo.

De los grandes filósofos y escritores siempre hay que escribir en presente, no en pasado. Porque las ideas se actualizan cada vez que alguien las piensa; y cada vez que alguien lo lea, el tlamantini le hablará al oído a sus futuros lectores.

A decir verdad, envidio a todos los chavos de prepa a quienes les dejarán de tarea leer “La visión de los vencidos” y se sorprenderán con lo que ahí encontrarán.

Para un filósofo no hay mejor homenaje que pensar sus ideas, porque vuelve a la vida; y sigue haciendo sabios los rostros y firmes los corazones.

Que así sea por siempre con León Portilla.

@vasconceliana