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Luis Ricardo Guerrero Romero

A los pocos minutos de cerrar la puerta, en la casa nueva de la señorita, la pareja comenzó a mirarse, a dejar de lado las sombras del pasado, se redujo espacio entre la carne y se abrió un espacio entre la piel, era pues ese momento donde la colmena espera por el apicultor aficionado en el arte de saborearla, de disfrutar. Luego todo silencio cálido, calladas experiencias hablaron los dos, uno de lo que se había extrañado, el otro de lo que siempre se necesitó. Nada iba a parar el decurso amatorio, nada en al menos esa noche, que aún en la oscuridad brillaba un excedente del placer.

Hubiera sido bueno que ocurriera, que el pensamiento y la imaginación le abrieran paso al acto, a la ejecución. Pero nada de lo anterior pasa en la realidad, en la realidad física carnal, sólo acurre una y cientos de veces en la mente de la cautivadora mujer, que piensa en eso y más, antes de tomar la decisión mortal, antes de usar nuevamente su Cuchillo Jack Commando, y penetrar a su amante en turno. La fatal idea de reír al lado de sus prospectos, la letal seducción de acabar con cada pretendiente, eso era la locura y el disfrute de la señorita de la casa nueva. Cuando ya había terminado, por sus labios sensuales los sonidos de la palabra: ¡disfrutémonos!, rompía el sigiloso encuentro.

Quizá con mejor vida y con una salud estable, el pensamiento de la señorita de la casa nueva habría sido otro, pero con su enfermedad terminal, no podía sino elucubrar historias de placer o de odio, así que tales sucesos aparecen en la mente de ella, ella que nunca ha estado con ningún varón, ni estará, sólo que consiga a alguien en este mes que le resta de vida, alguien que no se asuste al escuchar su imaginación, en donde todo es éxtasis concupiscible, o donde todo es un desenlace mortal.

Lo cierto de esto es la voz sencilla y apacible que sale de ella, al terminar de imaginar una y mil historias, lo cierto de esto es disfrutar.

Cada uno de nosotros, sabe qué y cómo disfrutar, nos satisface disfrutar, no precisamente como lo hace el personaje del relato anterior, pero hemos de encontrar el modo y la forma de hacernos sentir, de hacer-nos, de disfrutarnos. Encontramos, asimismo, de dónde se origina una que otra palabra de uso, y es el caso de: disfrutar, este verbo intransitivo es definido como aquello que da o propicia el gozo, ya el idioma inglés lo dice: enjoy, voz que surge a partir del latín gaudere [yaudere, yaude;] (gozo). Sin embargo, en nuestra hermosa lengua decimos disfrutar, y no tiene nada que ver con una fruta, ni con los placeres o propiedades que ésta nos ofrece. Tal verbo se genera a partir del prefijo adverbial griego δις (di, dis: dos veces) —no confundir con δυς, que es negación o separación—; y su lexema latino: fruor, fruitus: de buena salud, gozar: dis-fruor> más sufijo ar (acción de) dis-frut-ar > disfrutar. Así el que disfruta tiene salud por doble, gozo doble. ¿Qué otra cosa mejor que tener una salud al doble? Ni Obama la tiene.

Claro es, el disfrutar sólo aparece cuando estamos sanos, por muy penitente que sea un sujeto, no disfrutará el suplicio o la agonía en una enfermedad, por muy criminal que sea alguien, no disfruta. ¡Disfrútate, disfrútalo, disfrutémonos!

l.ricardogromero@gmail.com