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Julio Hernández López

Una de las modas políticas de años recientes fue la designación de funcionarios transexenales, que obedecen a los intereses y factores que propiciaron sus designaciones y que, a la vez, lentifican, obstruyen o abiertamente sabotean a las administraciones subsecuentes, al menos durante el lapso, intencionalmente extendido, que duran esos encargos hechos bajo diseño envenenado. Así se han nombrado fiscales, auditores, comisionados y otras figuras públicas, bajo el cobijo tramposo de una “autonomía” que en los hechos ha sido complicidad con los patrocinadores y problemas para los siguientes gobernantes.

Eso sucede en Veracruz: Miguel Ángel Yunes Linares, quien podría escribir, ilustrar y suscribir una enciclopedia de las marrullerías políticas en México, hizo que el congreso local designara a uno de sus subordinados políticos (y su abogado personal y familiar), Jorge Winckler Ortiz, como Fiscal General del Estado. La vigencia del encargo es de nueve años: de diciembre de 2016 a diciembre de 2025. Es decir, el amigo Winckler ha cuidado la espalda de su jefe Yunes y ha peleado y seguirá peleando con Cuitláhuac García durante todo el sexenio de este (2018-2024) y aún le quedará un año de la siguiente administración estatal.

Ese diseño ponzoñoso salta a los medios de comunicación cada vez que se produce un episodio criminal gravísimo, como ha sucedido en el caso de las 28 personas (tal era la cuenta oficial a la hora de escribir la presente columna) asesinadas la noche de este martes en un bar de Coatzacoalcos. De madrugada, el gobernador morenista Cuitláhuac García, a contadas horas de la masacre, ya estaba apuntando hacia el fiscal Winckler quien, aseguró el mandatario en un tuit, había ordenado la liberación del principal sospechoso del ataque, alguien apodado la Loca, 48 horas después de haber sido detenido por fuerzas policiacas del gobierno de García. En su conferencia mañanera, el presidente López Obrador asumió la versión de su carta veracruzana. Más tarde, el citado fiscal Winckler argumentó que él nunca había tenido a disposición a la persona citada, sino la Fiscalía General de la República.

Más allá de la discusión legal, lo cierto es que en Veracruz se han disparado los casos delictivos estremecedores. Ayer también se conoció un video terrible en el que, luego de un breve interrogatorio, se degüella  ante una cámara a dos jóvenes, de 29 y 31 años de edad cada cual, por ser, presuntamente, “chapulines” distribuidores de droga. Ambas personas habían sido detenidas a bordo de un automóvil en el que habían salido a cenar, revisadas y luego transferidas a una patrulla policiaca estatal, con identificación 3225, que las condujo a manos que luego les ejecutarían.

Veracruz es un estado mártir: lleva varios sexenios “gobernado” por empresarios interesados en los negocios y políticos igualmente empecinados en el enriquecimiento personal. Lo más grave ha sucedido a partir de la administración del priista Fidel Herrera Beltrán, quien heredó el cargo a Javier Duarte de Ochoa, uno de los máximos emblemas a nivel nacional e histórico en cuanto a cinismo, irresponsabilidad, criminalidad y corrupción. Luego llegó el tramposo Yunes Linares y actualmente gobierna el morenista García, relativamente amarrado de manos por la herencia tóxica que le dejó el panista Yunes Linares en la persona del fiscal transexenal Winckler. ¿Cuánto tiempo más resistirá este fiscal en el cumplimiento del encargo obstructor?

Y, mientras el presidente López Obrador ha advertido que si Morena “se echa perder” él “no solo renunciaría (a ese partido) sino que me gustaría que le cambiaran de nombre”, pues tal denominación “no se debe manchar”, ¡hasta mañana, con Morena decidido a no soltar la presidencia de la mesa directiva de la cámara de diputados a Acción Nacional, pues este partido tiene el 15.4% de las curules, mientras el partido obradorista y sus aliados cuentan con 63% de dichos asientos!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.