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  • Otros países la seguirán: AMLO
  • Negociación con grandes capitales
  • Campañas de descalificación

Julio Hernández López

Fiel a su estilo e historial, Andrés Manuel López Obrador se sostuvo en cuanto a los lineamientos de política económica frente a la crisis derivada del coronavirus que dio a conocer este domingo en Palacio Nacional e incluso redobló la apuesta: dijo que no hay un plan alternativo, aunque se declaró dispuesto a corregir, si las circunstancias así lo demandan más adelante, y consideró que esta “vía mexicana” será emulada en otras naciones.

La postura optimista del presidente de México navegó entre aguas embravecidas de sus opositores partidistas, empresariales y mediáticos, que fluctúan entre la exigencia de que el gobierno de la República destine suficientes fondos para el rescate no de las grandes empresas sino de las medianas y pequeñas, y la abierta descalificación del ejercicio andresino de poder, deslizando la demanda de que AMLO deje la silla del máximo mando nacional.

La embestida contra el presidente de la República tiene varios niveles. En un plano institucional, aún no desbordado, empleados que a la vez son directivos de cámaras y órganos de representación de empresarios y patrones plantean la necesidad de diálogos que permitan corregir el rumbo anunciado por López Obrador este domingo. Estos empleados-directivos presionan declarativamente mientras sus jefes, los verdaderos dueños de los grandes capitales, se reúnen con AMLO en Palacio Nacional para negociar lo que va más allá de los discursos y las arengas. Ayer fue la primera de estas reuniones cumbre y duró más de tres horas.

El otro plano de presión hacia López Obrador trata de alcanzar los resortes defensivos de los ciudadanos ante presuntas o reales amenazas. En las redes sociales y en ciertos medios de comunicación tradicionales se desarrolla una intensa campaña de descalificación del presidente de México desde presuntos parámetros políticos, físicos y mentales. Se busca sembrar y asentar la percepción de que el país va rumbo a un abismo y que el capitán al mando ni siquiera se permite darse cuenta de la tragedia que asoma.

Esta versión pretende fortalecerse y “confirmarse” ante la inminencia de riesgos reales que se derivan de la crisis global del coronavirus y del acelerado y traumático diseño de un nuevo orden mundial a partir de dicha crisis: si se multiplican las muertes por el citado virus (que se multiplicarán) y si se llega a complicaciones económicas fuertes (que se llegará), estaría “probado” que los críticos de AMLO tenían “razón” cuando planteaban deponerlo o incluso jugueteaban con la posibilidad de actos violentos contra él. Un razonamiento, como puede verse, tramposo y venenoso.

No hay, sin embargo, signos de desgobierno o de inestabilidad adjudicable a López Obrador, quien mantiene el control del aparato presidencial (anoche, luego de reunirse con el Consejo Mexicano de Negocios, tuvo una sesión con miembros de su gabinete, entre ellos algunos de los secretarios que con insistencia se había asegurado que renunciarían o serían despedidos). Los problemas siguen más o menos igual, estancados: la violencia criminal continúa desatada en buena parte del país y los problemas económicos que va causando el COVID-19 están siendo procesados hasta ahora con cierta paciencia social.

Dos factores esenciales para mantener algo parecido al sosiego político parecen estar en sintonía con el mando andresino: las fuerzas armadas, específicamente el general Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional (el papel de la Marina ha sido puesto en segundo plano en la actual administración federal) y Donald Trump, el belicoso presidente de Estados Unidos que seguirá contento con Palacio Nacional mientras sus exigencias sean atendidas puntualmente por el virtual vicepresidente Marcelo Ebrard y el propio López Obrador.

Y, mientras en Oaxaca se pretendía hacer pasar como “detención” lo que fue la entrega voluntaria de un exdiputado priista acusado de autoría intelectual de un ataque con ácido contra una mujer a la que los medios se han referido como “la saxofonista”, ¡hasta mañana! 

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.