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Federico Anaya Gallardo

Empecé a escribir esta nota en la víspera de la elección intermedia del obradorismo, el sábado 5 de junio de 2021. La capital federal estaba gris, meditabunda. Detuve la escritura durante la jornada electoral que, como millones, viví en mi barrio, casilla y cuentas de redes sociales. Han pasado tres semanas de división social intensa, polarización. Ambos bandos claman victoria. Fascinante, no me quejo. Al contrario: yo firmé para vivir esto cuando tenía 18 años (1982) y el aburrimiento priísta nos ahogaba. Estas líneas se publicarán luego de una larga resaca electoral. Resaca difícil, pues hay de todo para todos. (En aquella carta-compromiso que firmé adolescente, bien que leí que el diablo pluralista había escrito “complejidad” y “caos” en la letra chiquita. Y sonrió socarrón cuando, pese a ello, firmé enardecido.)

Lectora, ahora retomo el hilo de lo compartido en este espacio contigo. En las semanas previas a la jornada electoral analicé algunas variantes del discurso de las derechas mexicanas. Apunté la genealogía nazi-fascista del golpismo de Pagés Rebollar en Siempre! Señalé cómo –desde los días de Cárdenas hasta la masacre de Iguala– el odio de esas derechas al proyecto popular se ha enfocado en el normalismo comprometido con los pobres del campo. También exploré cómo el viejo régimen priísta atrajo a los jóvenes radicales que se le opusieron entre 1950 y 1980, sumándolos a la derecha “institucional” que, al tiempo que pregonaba ser heredera de la Revolución Mexicana reprimía a la juventud revolucionaria. En otro espacio indagué cómo un historiador que empezó su carrera en los 1970 criticando al “mandarín” Martín Luis Guzmán por su abyección ante el priísmo, vergonzosamente terminó emulándole como intelectual orgánico de “la dictadura perfecta” (Memoria, № 275, julio-septiembre 2020, pp. 42-47, Liga 1.)

Ese historiador, Héctor Aguilar Camín, encabezó durante el último año el esfuerzo de las derechas mexicanas por poner freno al obradorismo. Para ello incluso se reconcilió con su antiguo némesis Enrique Krauze. Así las cabezas de las dos grandes camarillas intelectuales del último medio siglo (Nexos y Vuelta/LetrasLibres) encabezaron el 17 de septiembre de 2020 un primer desplegado oponiéndose al obradorismo y manifestándose “En defensa de la libertad de expresión”. (Liga 2.) Por ello no es de extrañar que el presidente López Obrador retomase el 16 de junio de 2021, en su mañanera, el discurso seminal de esta empresa de derechas: la estrategia presentada en mayo 2020 por Aguilar Camín a sus viejos amigos de la prepa jesuita (Instituto Patria) en una reunión zoom de la generación 1962. (Liga 3.)

En esa reunión de exalumnos, don Héctor explicó que el gobierno de López Obrador perdería el apoyo popular porque la insatisfacción con sus decisiones iría permeando de arriba hacia abajo. Puso el ejemplo de la debacle de los expresidentes Calderón y Peña: “Primero fueron las críticas en el círculo rojo y luego eso se volvió un lugar común para todo mundo. Eso va a suceder aquí también, porque ha sucedido sistemáticamente. Esto que estamos nosotros pensando y viendo, esto que está pensando y viendo Reforma, esto que está pensando y viendo la gente pensante del país, las calificadoras, los analistas económicos, los diarios internacionales, esto se va a volver parte de la visión común de los mexicanos”. El mandarín aclaró que hay un “nosotros” pensante y una “masa” no-pensante. El mandarín dictó que lo que la élite pensante ve hoy, mañana será lo que vea la masa no-pensante. Pontificó que esto es necesario e inevitable; que así lo proclaman ciencia económica y los medios internacionales.

Y vaya que los medios internacionales le hacen caso al mandarín de la intelectualidad mexicana. (Hay que reconocer las public relations de los exalumnos jesuitas.) Desde París, Le Monde criticó la “hiperpresidencia” de López Obrador y lamentó que la misma anuncie un retorno del PRI autoritario. Desde Hamburgo y Berlín, Die Welt concluyó que el mesianismo obradorista no es compatible con la democracia porque opone irracionalmente a ricos contra pobres. Finalmente, allí tenemos el artículo de The Economist en que se denuncia a López Obrador como falso mesías y en el que el venerable medio británico llamó a los votantes a “frenar al presidente rechazando a su partido, Morena”. (Liga 4.)

La revista londinense no ocultó qué estaba en juego. Acusó a López Obrador de necrofilia ideológica, de “un amor por las ideas que han sido probadas y han demostrado que no funcionan”. The Economist sabe que seguimos debatiendo izquierdas y derechas. Yo sospecho que ese debate continuará mientras una clase social explote a otra –por más que rojos y blancos se condenen mutuamente al basurero de la Historia. Así pinta el amanecer mexicano luego de las elecciones intermedias del obradorismo: la lucha de clases sigue. Por esto es que en la coalición anti-obradorista se afiliaron entusiastas toda clase de anti-comunistas.

Un año luego de las contundentes pontificales de Aguilar Camín, el 16 de junio de 2021, el presidente recapituló la sección de la propuesta de Aguilar Camín en la que el intelectual vaticinó que Andrés Manuel caerá en 2022 por “pendejo y petulante”. Y con los resultados electorales en la mano, le respondió: “No les ha funcionado su estrategia, ni les va a funcionar. Pero van a seguir. Y tienen derecho a hacerlo”. (Liga 5.) Nota, lectora, la diferencia en el tono de estos dos hombres. En mayo de 2020 Aguilar Camín mostraba su desesperación ante el ascenso de una persona a quien él considera ignorante y quien encabeza un “proyecto revolucionario” (sus palabras, no las mías, no las de AMLO). Lo despreciaba y aseguraba a sus cofrades de prepa que eventualmente las cosas regresarían a su cauce “natural”… apenas las masas entendiesen lo que las élites siempre han sabido… que sólo ellas, las élites tradicionales, merecen el mando. López Obrador planta cara, resiste e insiste en convocar a esas masas a apoyar su cuarta transformación. Pero, mientras Aguilar Camín desprecia a su oponente y desea su eliminación, el presidente aclara que su contrincante tiene derecho a oponérsele. (¡Y le regala otros quince minutos de fama!, comentaría atribulado don Lorenzo Meyer.)

Pensé que Aguilar Camín o Krauze, como galantes capitanes de la empresa de derechas del último año, aparecerían en algún momento en el espacio televisivo que aglutinó a todos los componentes de la alianza electoral anti-obradorista, Atypical TeVe. Pero, hasta donde he podido explorar en YouTube, esto no ocurrió. Los desayunos organizados por Alazraki con Javier Lozano Alarcón y Ángel Verdugo Beltrán tuvieron un cartel pesado –tan pesado, que probablemente espantó a los iniciales promotores de la “gran coalición” de las élites. Un análisis del abanico de opiniones que atrajo Alazraki ayudará a entender la dinámica que llevó a los extraños resultados electorales del pasado 6 de junio de 2021. Me propongo explorar estos temas en las siguientes entregas de esta columna.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
http://revistamemoria.mx/wp-content/uploads/2020/08/Memoria-275-web.pdf

Liga 2:
https://www.eleconomista.com.mx/politica/Mas-de-650-cientificos-e-intelectuales-piden-a-AMLO-frenar-ataques-contra-la-libertad-de-expresion-20200917-0070.html

Liga 3:
https://www.youtube.com/watch?v=zXgpJlGjnvg

Liga 4:
https://www.infobae.com/america/mexico/2021/06/03/de-falso-mesias-a-hiperpresidente-die-welt-the-economist-y-le-monde-arrecian-criticas-contra-amlo-a-horas-de-la-elecciones/

Liga 5:
https://www.youtube.com/watch?v=Q3cxlIxbn0M