Coordinadores de PES, PVEM, MC y PT fijan postura por primer Informe
1 septiembre, 2019

Vocación al desastre

Luis Ricardo Guerrero Romero

—Almohadilla de grasa, ligamento pulmonar, venas pulmonares, pericardio fibroso, porción mediastínica de la pleura parietal, nervio frénico izquierdo, arco de la aorta, músculo palpitar anterior derecho, músculo palpitar posterior izquierdo, válvula aórtica, válvula mitral, y un largo etcétera es el corazón, o no es que sea el corazón sino su estructura. Estructuras, siempre estructuras. El hombre es vocación al desastre. La llamada a ser lo que sé es, con acierto lo vemos en el juego de palabras que Arendt, la realidad es real-izarse. Todo hombre debe izar su existencia, levantar por una fuerza que subyace: no más poleas, no más estímulos, ahora sólo nos tenemos a nosotros mismos y nada más. La única certeza humana es el desastre, proyecto poético, calamidad sublime que no se descubre del todo jamás—.

Luego de oír historias similares a la anterior, decidí no volver a tocar un libro, toda la gente con la cual me había instruido estaba loca, todos menos yo. Ese o esos, no eran mi lugar, yo debía estar en las fiestas, en las drogas, en el sexo, sexo, sexo. Donde no se piensa en nada, únicamente en el placer. Una vez le oí decir a mi antiguo profesor sentirse lacerado luego de coger con su mujer, ¿por qué si la ama?, ¿por qué si la necesita? Respondió que era la necesidad de amar lo que lo hería, contestó que el requerir de alguien para realizarse limitaba su autonomía como ser humano. Por eso y por más aberraciones me contengo de leer, siempre que se lee se envuelve en una realidad que no me deja izarme. Yo me sostengo en la vocación al desastre, al choque, a la catástrofe humana. Todo pensamiento me resulta desastroso, ¡sálvame, Dios de pensar en ti!

El desastre, hecho importante que tiene atrapado al narrador del relato anterior, la calamidad según una traducción hebrea es un símil al desastre. Con o sin razón el personaje circunspecto a la lectura se siente con la capacidad de decisión para alejarse del peligro que puede hacerle el pensar. Pues en efecto, un resultado comprobable ante la negación de pensar y pensar-se, será el desastre. El narrador del texto anterior está condenado al desastre, sin duda lo está.

No obstante, estas letras no están para juzgar a ningún ser de ficción, sino para dilucidar el cómo y por qué alguna palabra está en nuestra valiosa lengua, tal como la voz desastre que funge como adjetivo. Empezaremos por decir que esta palabra es un compuesto de lo estelar, que es una comparación con el espacio exterior lo que nos hace calificar esto o aquello como desastroso. Pues es a partir del prefijo des (del latín dis, prefijo de separación o rompimiento de la cualidad), y de la raíz astrum, como se generó desastrum. El choque de cuerpos celestes provoca el desastre. Acabaremos descendiendo: ¿no es el hombre un cuerpo celeste que al ser impactado por tal o cual cosa se ve proclive al desastre?

Desastres hay naturales, antrópicos, biológicos, entre estos hay sus semejanzas; pero el desastre supremo es el desastre de la humanidad.