Luis Ricardo Guerrero Romero

Raptor, raptor de la paz. Frente a ustedes auditorio de esta tarde, puedo trasparentar todo mi ser, y eso soy, por miedo a la gematría, no volveré a describirme por tercera vez con tal calificativo, pero sépanse todos que lo he sido. Dios me ayude, Dios me rehaga. Absolutamente ninguno de nosotros sabe de qué es capaz al entrar en un encolerizado trance, no es recomendable despertar la bestia que nos embiste con el fulgor de la violencia. El poder canalizado negativamente, es violencia; los actos de lesa humanidad son violencia; someter al otro en tu realidad, violencia; fustigar la paz del semejante, violencia también. Hacia con nuestro ser, abnegarnos a la felicidad, violencia; declinar nuestro cuerpo sobre los placeres y vicios desenfrenadamente, violencia; impedir que fluya, trabar la originalidad de nuestra alegría y la de los demás, siempre violencia.

Les reitero, todo esto, pues ante cada cosa más de una vez he buscado ser el protagónico, villano de mi propia existencia, irremediable lujo del cual fui víctima y victimario. Yo mismo soy mi verdugo, yo mismo mi salvador. A pesar de esto, al margen de haberles confesado que la elegancia del espíritu no parió conmigo, sostengo con firmeza, es más, con violencia, que no quiero más violencia. Ustedes están de acuerdo conmigo, pues con violencia penalizan mis deudas. Están de acuerdo, pues como reza el salmo: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”. Es esto el antónimo de violencia. Sin embargo, ni ustedes, ni yo procuramos misericordia, a ninguno de nosotros le ha sido revelado el ósculo entre la justicia y la paz. Si habrán de condenar, condenen. Pero por favor, asistan a todo tipo de manifestación contra la violencia, cuando no hayan atentado contra la tranquilidad de alguien más. De lo contrario, vayan y hagan una revolución, en sus mentes y corazón.

−Luego de lo dicho, Assiba (femenina de 44 años) fue ejecutada. Una vez más, la bandera de Botsuana (país en África austral), graficó la línea de la vida que describe el monitor de signos vitales. Su bandera con la extensa franja negra reveló que la violencia, se combate con violencia. Nada ajeno a nuestra actual idiosincrasia feminista.

No es claro, el por qué Assiba fue condenada a pena de muerte, no precisamos cómo llegó a ese fatal final. Lo único que entendemos, o al menos se puede leer en el primer momento de su declaración, es que, sin duda, todos hemos sido agentes de violencia. Nos queda claro, aunque nunca lo hacemos, para pedir paz, procuremos la paz. Pues incluso, negarle a alguien nuestra presencia es violencia, en forzar, es contra naturam. No olvidemos, el ser humano es un milagro, y los milagros, no se explican, se viven.

Una de las manifestaciones del ser milagro es la palabra, la idea de los significantes y significados, las palabras que nos hacen contactar al mortal, y los muertos, eso es milagro. Dentro de esas palabras que el hombre eyectó al mundo está la voz: violencia. La cual los antiguos helénicos entendían como: constreñir, maltratar, en el argot médico era presionar con fuerza. Así el que fuerza, o rapta al otro es un violento. Tal como indicó Assiba, cualquier impulso en contra del otro ha de teñirse con la palabra violencia. Desde la idea de βια α ας ε (masculino, femenino, y neutro de la idea de energía corporal). Los griegos en su sabiduría lo conocían, hay quehaceres que ocupan violencia. Desde los más trabajosos por el peso o esfuerzo, hasta los más nobles, como las relaciones sexo-genitales. Siendo sinceros. Asimismo, la idea de [bia] pasó al latín como: violens, impetuoso; y con esto acertamos en decir que, tanto el vehemente, como el fogoso, son impetuosos. Esto es otra idea de violencia, que no está satanizada, pues el pueblo la ocupa para su trabajo, o bien, para su procreación.

Reloj Actual - Hora Centro de México