Jaime Nava
La opacidad con la que ha sido tratado el tema de la modificación del convenio entre el ayuntamiento de la capital y la empresa Panavi, SA de CV, para la instalación de luminarias led ha encendido los ánimos de un grupo de personas agrupadas bajo el nombre de Frente Común de Comerciantes Potosinos, quienes ayer bloquearon los accesos del Congreso del Estado obligando a los diputados a trasladar la sesión ordinaria de este jueves al salón Manuel Gómez Morín que se encuentra en el edificio Presidente Juárez.
Pasadas las diez de la mañana por las calles de 5 de Mayo y Vallejo fue posible ver a los legisladores locales, seguidos por sus respectivos séquitos de asesores, caminando de la plaza de Armas con dirección a la sede del Poder Legislativo. “¡Se ve, se siente, Mireles está presente!”, coreó el priísta Óscar Bautista Villegas mientras paseaba junto al diputado recientemente expulsado de Morena.
A las afueras del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Chessani encabezaba un mitin para explicarle a las más de 200 personas que ahí se reunieron, entre mirones, comerciantes y microempresarios, que la clausura del Congreso se debió a las irregularidades cometidas en su contra de parte de la administración municipal, así como para hacer patente su rechazo a la iniciativa enviada por Ricardo Gallardo Juárez desde agosto del año pasado para, entre otras cosas, aumentar en 200 millones de pesos la cifra original del convenio para la compra de lámparas led.
“Nos quieren ver la cara con Panavi, nadie está a favor de las luminarias, sólo los bots y perfiles falsos”, expresó Rodríguez Chessani, y acusó al alcalde de la capital, Ricardo Gallardo Juárez, de pretender cometer un robo a los potosinos con la compra de luminarias. “Hay terror, hay miedo entre la gente, estamos al borde de un estallido social”, sostuvo, al tiempo que el grupo de comerciantes que resguardaba la puerta lateral del Congreso continuaba manifestándose al grito de: “¡Únete San Luis, únete San Luis, Gallardo es delincuente y nos quiere destruir!”.
La hora del desayuno
Por su parte, una vez iniciada la sesión en el salón Manuel Gómez Morín, como si quisieran calmar la sed provocada por la caminata matutina, los asesores de los diputados y empleados del Poder Legislativo comenzaron a servirse y repartir cafés. “¿Y el desayuno?”, se escuchó preguntar a alguno. La respuesta tardó poco en hacerse presente en forma de dos hombres de cuyos brazos colgaban dos bolsas negras con envases de unicel en su interior.
“¡Llévenlas a mi oficina!”, ordenó la oficial mayor, Beatriz Benavente. Gorditas, gelatina, yogurt, uvas, manzanas, salsas, refrescos, aguas y cafés. El menú de jueves para que los legisladores y sus allegados no pasaran hambre. “¡Vámonos a desayunar!”, le dijo con palabras y señas el panista Enrique Flores al perredista Guadalupe Torres Sánchez, situación que fue aprovechada por éste y otros medios de comunicación para interrogar a Guadalupe Torres sobre el sentido de su voto en el caso de las luminarias.
“Una ciudad bien alumbrada es una ciudad segura, ¿no?, los potosinos quieren eso”, respondió Torres Sánchez antes de que un reportero pudiera terminar su pregunta. ¿Una empresa que sólo ha instalado cinco mil luminarias de las más de 40 mil que estaba obligada en un periodo de dos años merece 200 millones de pesos adicionales?, se le cuestionó y, visiblemente molesto, el perredista respondió: “Bueno, precisamente es lo que estamos estudiando ¿no?; también hay que ver, porque parece ser que usted sabe mucho, que el contrato original establece cláusulas rescisorias y obligaciones a cargo de la institución municipal”.
Diputados entraban y salían del salón donde se desarrollaba la sesión. Al interior, se presentaban iniciativas a las que pocos legisladores les prestaban atención: en sus lugares permanecían unos con la vista fija en sus celulares; otros, reían y disfrutaban conversar con sus compañeros; los menos, atendían los asuntos para los que fueron electos. Lo anterior obligó a que Héctor Mendizábal, en su calidad de presidente suplente, pidiera silencio a los presentes para continuar con el orden del día.
Llegan los comerciantes
No obstante, afuera el ruido se intensificó con el arribo de los comerciantes quienes solicitaron ingresar a la sesión para exigirle a los diputados que votaran contra la propuesta del alcalde capitalino. “¡Déjennos entrar!”, “¡Queremos dialogar!” fueron las primeras peticiones cordiales que emitieron. El personal del Congreso se plantó frente a la puerta del salón para evitar que los inconformes se metieran por la fuerza.
Al agotarse, en un primer momento, el diálogo, el grupo de comerciantes forcejeó con los encargados de la seguridad con la intención de abrir la puerta y hacerse escuchar. A una mujer se le informó que la puerta estaba cerrada por dentro y que estaban “pidiendo la llave” para permitirles pasar; luego de varios minutos la desesperación la hizo expresar en reiteradas ocasiones: “¡Me cae que de una patada tumbo la puerta!”, lo que trajo consigo el despertar de los presentes al grito de: “¡Todos adentro!”.
La presión obligó a que se pactara el ingreso de una comisión de 10 personas; sin embargo, cuando tres personas se introdujeron las puertas volvieron a cerrarse provocando el enojo de los manifestantes y nuevos empujones entre ambos bandos. Los comerciantes comenzaron a desplazar de la puerta a los trabajadores del Congreso; fue entonces que los gritos, mentadas de madre y jalones causaron la caída de un trabajador de nombre José Jonguitud, quien quedó tendido en el suelo sobándose una pierna, que a simple vista no parecía haberse golpeado. Dicha situación fue aprovechada por algunos para golpear y patear a Jonguitud aún sobre el sueldo; aunque rápidamente intervinieron en su defensa el resto de empleados que ahí se encontraban.
El altercado sirvió para que Rodríguez Chessani y sus acompañantes se colaran a la sesión, donde permanecieron por varios minutos. A los medios de comunicación no se les permitió pasar debido a que temían que más personas nuevamente se confrontaran. Policías armados con escudos y equipo antimotines ingresaron al edificio y planeaban desalojar a los comerciantes haciéndose pasar por civiles, según explicaba por celular el general de División, Diplomado del Estado Mayor retirado, Ángel Gamez Segovia, quien se desempeña como director de Seguridad Pública del Estado.
A los uniformados no les dio tiempo de ejecutar la trampa pues antes de que pudieran cambiar sus escudos por ropa civil, Chessani y los manifestantes salieron de la sesión. “Solamente, concretamente les dijimos que no cometieran ese atraco, que no cometieran ese robo del asunto ese de las lámparas luminarias del contrato que quieren concesionar”, explicó Rodríguez Chessani en un improvisado mitin para informar a quienes permanecieron afuera sobre lo ocurrido en la sesión.
Comentó que desde 2015 Panavi debió instalar las lámparas en 90 días; no obstante, han transcurrido más de 600 días y sólo han colocado cinco mil de las más de 40 mil que se contrataron. Razón suficiente, sostuvo, para penalizar a la empresa con millones de pesos “¿cuánto creen que han pagado? No han pagado un solo peso, al contrario, se les quiere premiar con otros 200 millones de pesos que es el moche de Gallardo”.
Antes de que se retiraran los comerciantes, José Jonguitud, el empleado agredido, fue sacado en camilla del edificio Presidente Juárez y trasladado en ambulancia de la Cruz Roja a un hospital para recibir atención médica. Los comerciantes se fueron en paz y dejaron a los diputados continuar con la sesión. Se decretó un receso y algunos legisladores lo aprovecharon para descansar en la oficina que utilizaron como improvisado restaurante.





