Juan Pablo Duch
Rusia Unida, el partido del presidente Vladimir Putin, no sólo logró repetir la mayoría calificada de dos tercios (301 diputados) en la Duma, sino tendrá 13 legisladores más que los necesarios para ocupar tres cuartos de los escaños, dejando a los restantes grupos parlamentarios, siempre leales al Kremlin, un papel decorativo, por cuanto le permite aprobar cualquier ley, incluso modificar la Constitución, sin tomar en cuenta la opinión de nadie.
Esta conclusión se desprende de los datos preliminares –los resultados definitivos se conocerán el 25 de septiembre– que aportó este lunes Ela Pamfilova, presidenta de la Comisión Central Electoral: con 97.37 por ciento de las boletas escrutadas y una participación de 59,32 por ciento del padrón, por votación de listas de partido Rusia Unida sacó 57.96 por ciento; Partido Comunista, 13.67; Partido Liberal Democrático, 8.96; Gente Nueva, 7,96; y Rusia Justa, 5.10.
De este modo, la bancada de Rusia Unida estará formada por 355 diputados. El oficialismo nunca había tenido tantos parlamentarios en la Cámara baja: obtuvo 125 curules de 225 por votación de listas de partido; sus candidatos se impusieron en 208 de los 225 circunscripciones uninominales; y se benefició, con 22 legisladores adicionales, como partido vencedor del reparto de votos de las formaciones que no pudieron superar el 5 por ciento requerido.
Rusia Unida consolida su dominio parlamentario
La llamada “oposición tolerada” –las votaciones de cualquier ley en la legislatura anterior muestran que siempre terminó votando como el oficialismo, según especialistas que han estudiado el fenómeno del parlamentarismo en Rusia– dispondrá de un máximo de 90 diputados, divididos así: Partido Comunista, 40; Partido Liberal Democrático, 25; Gente Nueva, 20; y Rusia Justa, 5.
Impedidos de registrar su candidatura por citar, por ejemplo, “que siempre haya paz”, estrofa de una canción popular, en carteles de campaña sin pagar regalías a los descendientes del autor, muerto hace años, y que cedieron los derechos; asesinados o encarcelados sus líderes; exiliados sus militantes más famosos, los adversarios del Kremlin daban por hecho que Rusia Unida tenía asegurado el triunfo.
Recuerdan que no era una ocurrencia suya, sino una realidad que se basaba en que unos meses antes trascendió que la Oficina de la Presidencia, mediante un documento que se filtró a la prensa y que funcionarios locuaces confirmaron sin ser esa su intención, “recomendó de modo enfático” a las autoridades regionales “usar toda su influencia y recursos” para que el resultado del partido oficialista en las legislativas no fuera inferior a 55 por ciento del voto.
Rusia Unida amplía su mayoría en la Duma
Pero nadie esperaba que hasta Guennadi Ziuganov, dirigente máximo de la segunda formación más votada, el Partido Comunista, siempre fiel a la línea del Kremlin, se haya quejado anoche (lunes) de las irregularidades que, a su juicio, redujeron de modo drástico sus resultados.
Ziuganov, en entrevista a la televisión pública rusa, denunció que “volvieron los impunes años noventa” (cuando quiso demostrar que Boris Yeltsin, según él, le “robó” la victoria en los comicios presidenciales de 1996) y “como entonces, ahora pasaron cosas incomprensibles que hay que investigar”.
A modo de ejemplo, el dirigente comunista se preguntó: “¿Por qué se prohibió que los observadores de nuestro partido pudieran ejercer su función en muchos sitios? Y ¿para qué cada noche, después del cierre de las casillas, los responsables de muchos colegios electorales se encerraron en cuartos durante horas sin ningún motivo?”, dando a entender que ahí “ajustaron” los resultados de las boletas depositadas.
Contundente, Ziuganov remató su desahogo ante la atónita reportera que lo entrevistó: “Las cifras que ustedes están dando en su pantalla nada tienen que ver con la realidad”.






