Luis Ricardo Guerrero Romero

Estaban todos ocupados, miraba con ansia el abrir y cerrar de puertas con la misma emoción con la que un niño ve abrir los regalos para poseerlos, pero la formación era larga y la urgencia taladraba mi ser. Por fin mi turno, sentado en aquel aposento lo único que pensaba era en la satisfacción, sin embargo, en cuestión de minutos mis ojos fueron coaptados por una lista o mejor dicho una exposición grafológica de sentencias, frases, aforismos y máximas sanitarias, las había de caligrafía detallada, sutil; o estilos dignos de paleografía con crayones al muy estilo prescolar. Eran en efecto recados risibles que me hicieron tener un rato ameno disipando con risas el olor ambiental, aquellas ideas escritas fueron mi bufón mientras yo en el trono sentí ser el rey. Entre la gama de mini textos se hallaban los que formaban parte de recados: yo conocí entre sábanas a la de servicios al cliente; si tienes ganas de follar llámame: 4878710073; si lo lees te la comes. Pero también estaban los textos que clasifiqué como lógicos o sapienciales: esto es una mentira; la verdad es que yo no escribí esto; cuando un cuerpo ejerce una fuerza (acción) sobre otro, este cuerpo produce una fuerza (reacción) de la misma intensidad opuesta a la primera (tercera ley sobre la mecánica de fluidos). Pero los que llamaron más mi atención mientras el cerrar de puertas ofrecía privacidad a sus ocupantes, eran los aforismos que se dibujaban en forma de “U” sobre la barda trasera, justo arriba del depósito esas líneas que al estilo de caligramas hacían trazos semejantes a copas o cabezas de ganado me hicieron detener mi paso obligado en aquel baño público: “es más fácil llenarse de bebida que de comida”, “el hambre calma la borrachera”, “en las fiebres agudas, los espasmos y dolores fuertes en las vísceras mal síntoma”, “los que tienen sedimentos arenosos en la orina padecen de cálculos en la vejiga”, “una mujer embaraza aborta, si, de repente, le disminuyen los pechos”, “el testículo derecho, cuando se enfría y contrae, es señal mortal”. Firmé como Hipócrates luego de acabar de escribir, pues lo que se dibujaba en “U” eran aforismos que había memorizado del libro: Tratados y creí que aquellos aforismos que yo escribí podían competir contra los dichos, chistes o leyendas triviales que adornaban las mamparas de aquel higiénico público. De allí que los diseñara como trofeos, a ver quién me los compite.

La experiencia de usar algo público: teléfonos, regaderas, computadoras, hostales, lavanderías, mujeres, transporte, etcétera, puedo o no resultar grato, pues es directamente proporcional a la forma en que el usuario lo viva. Así fue en la situación pasada en donde algún lector de Tratados quiso ser parte de aquella “grafoteca” pública, donde lo que menos interesaba era escribir, pues los mensajes que se rotularon fueron sólo pasatiempo mientras el cuerpo desahogaba lo execrable que transitoriamente reside en él. Mas no están estas líneas para hablar de escatologías, sino para revisar el cómo llegó a nuestro léxico alguna palabra, y es el caso del sustantivo: trofeo. Para muchos es común relacionar el trofeo con una competencia, una suerte de esfuerzos para ganar una presea, no obstante, eso a lo que llamamos hoy trofeo tiene orígenes de sangre y pasión, puesto que efectivamente el personaje del relato anterior hizo bien en dibujar en forma de “U” o cabeza de ganado los aforismos hipocráticos, ya que la palabra trofeo mucho adeuda a esto, debido a que, desde su origen la voz griega: τροφη (trofe> trofeo): alimento, comida; asignaba el éxito de alguna caza, y el signo de haber ganado era colocar la cabeza de la bestia sobre algún sitio visible. Así pues, el que obtenía comida para sus géneres o familia, era un triunfador, vencedor ante los demás que intentaban cazar y adquirir comida o sencillamente demostrar coraje. Gráficamente es de obviar la semejanza de una copa con asideros grandes y un cráneo cornudo, de la última surge el diseño de la primera. Pero, en competencias artísticas o deportivas no sería muy grato recibir una osamenta animal que signifique ser el vencedor. Aunque hay aún brutos incivilizados amantes de la taxidermia animal que tienen en sus cuevas “trofeos” de sus víctimas.

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