Ignacio Betancourt

Como desde hace cuatro años, el Encuentro Sindical Internacional organizado por el Sindicato Independiente de Trabajadores y Trabajadoras de Gobierno del Estado (SITTGE), en colaboración con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Federación Sindical Mundial (FSM), resultó un evento de importancia relevante para los trabajadores sindicalizados en el estado de San Luis Potosí. Realizado los días 11, 12 y 13 de agosto en el Teatro de la Paz, en el encuentro se plantearon temas como las agresiones al derecho al trabajo, la llamada reforma educativa, los anticonstitucionales acuerdos del Congreso potosino y los derechos en riesgo de los trabajadores de la salud, entre otros asuntos. Por los 16 años que cumple el SITTGE en “La genuina defensa del trabajador”, y por los magníficos resultados de su cuarto Encuentro Sindical Internacional, desde esta columna una solidaria y combativa felicitación.

Si resultado del nefasto sexenio de Enrique Peña Nieto (y las mitomaniacas “reformas estructurales”) su nivel de aprobación, según las más recientes encuestas ha caído en 31 puntos porcentuales, cómo es posible que aún se atreva a cuestionar a los medios “que nos inundan o nos quieren inundar con malas noticias”. Si alguien lo ha hecho todo mal cómo puede esperar aprobación, sólo si se vive en un permanente engaño puede alguien sentirse tratado injustamente cuando si se compara su cuarto año de gobierno con el de Zedillo, por ejemplo, quien a esas alturas de su también nocivo sexenio contaba con una aprobación ciudadana del 60% y un 26% de desaprobación; o en el caso de Fox quien en esos mismos rubros y misma duración las cifras eran de 58% y 34% respectivamente, y hasta las del nefasto Calderón eran de 62% y 39%. En cambio el actual (iluso dictador) recibe 39% de aprobación y 58% de desaprobación. Cómo aspira el fallido gobernante a una aceptación de millones de afectados (pobres, ricos y miserables, clases medias y burocracia) por su mal desempeño y el de su gabinete, de ahí la peligrosidad de su accionar, cómo puede alguien comportarse como el hacedor de un “milagro mexicano” cuando lo único que ha sido capaz de propiciar es un lamentable 16% de aprobación en cuanto a la seguridad que embusteramente prometió ofrecer a la ciudadanía. Si las promesas peñistas se vieron vulneradas (según ellos) por la realidad internacional ¿por qué no consideraron una variable tan significativa antes de prometer? En síntesis, 76% de los mexicanos considera deplorable al actual gobierno. Una prueba palpable de alguien que vive ajeno al acontecer nacional (para acabarla de amolar se trata del llamado presidente de la república) es la idea de que los aumentos a la electricidad sólo repercuten en industriales y comerciantes, cuando estos de inmediato pasan los costos al consumidor. Si alguien es incapaz de entender la continuidad de las relaciones de causa y efecto en las disposiciones gubernamentales, la población está en una situación verdaderamente preocupante pues cuando la represión se intensifique será por “la defensa de los intereses de la población” y contra quienes sólo miran lo malo sin reconocer lo bueno del actual gobierno.

Obviamente la galopante impunidad de empresarios favorecidos por el régimen y de funcionarios que por haber aportado a la fraudulenta campaña electoral priísta se sienten con derecho a reclamar su pedazo de país para saquearlo según su deshumanizada voluntad, es algo que está haciendo crisis (lo cual peligrosamente ignoran) y no podrá conducir a nada bueno para la población. Ante un panorama de tan malos augurios para las mayorías ciudadanas los reclamos deberán incrementarse, cito a continuación un fragmento de una nota aparecida en el periódico La voz de la mujer, publicado (en español) el 21 de julio de 1907 en El Paso, Texas: “ Antes que tener hombres esclavos renunciemos de su contacto y evitemos tener hijos cobardes. Antes que la felicidad del hogar está el deber de legar a nuestra prole una herencia de libertad que dignifique al futuro ciudadano. ¡Que nuestra naturaleza no se agote formando eunucos! ¡Que nuestra existencia no fallezca alimentando parásitos! ¡Que nuestros desvelos no se consagren a fomentar siervos doloridos! ¡Nuestra Patria necesita héroes!

Los grandes empresarios se quejan de las acciones del magisterio agredido y de que sus “manifestaciones han sido violentas y han vulnerado la libertad de terceros”, lo hipócrita de tales reclamos consiste en que se detienen en la reacción de los ofendidos sin señalar nunca la causa que la provoca ¿por qué no exigen al gobierno que detengan sus agresiones disfrazadas de “reformas”? si de verdad les interesara la paz deberían comenzar por impedir los atropellos de personajes como el sargento Nuño, quien autonombrado defensor de la niñez mantiene sus embestidas contra la estabilidad laboral del magisterio, y criminaliza obsesivamente el legítimo derecho de la población a oponerse a todo aquello que la afecta. ¿Por qué los empresarios no participan en la reparación de cientos de miles de escuelas que carecen de los servicios más elementales? ¿Por qué no aumentan los salarios y dejan de entrometerse en los temas educativos? ¿Por qué no proponen una amplia y profunda discusión sobre la educación en donde participen los profesores, los alumnos, los padres de familia? Pide Claudio X (mafioso de Mexicanos Primero) la represión contra el magisterio aparentando defender a quienes cotidianamente explota inmisericordemente y declara en el colmo de la desvergüenza: “Tampoco se puede permitir que se rompa con absoluta impunidad y descaro el orden jurídico afectando a millones de personas y a cientos de miles de niños…” Sobra señalar que la impunidad y el descaro está en las imposiciones gubernamentales que obedeciendo a las presiones del capitalismo más depredador (urgido de mano de obra barata y además calificada) ha decidido diseñar la educación pública (sic) sólo al servicio del interés empresarial.

Del poeta guatemalteco Otto René Castillo (1936-1967) va el fragmento de su poema titulado Informe de una injusticia: (…) No te imaginas lo que duelen estas injusticias./ Normales son entre nosotros./ Lo anormal es la ternura/ y el odio que se tiene a la pobreza./ Por eso hoy más que siempre/ amo tu mundo,/ lo entiendo,/ lo glorifico/ atronado de cósmicos orgullos.// Y me pregunto:/ ¿por qué, entre nosotros,/ sufren tanto los ancianos,/ si todos se harán viejos algún día?/ Pero lo peor de todo es la costumbre./ El hombre pierde su humanidad,/ y ya no tiene importancia para él/ lo enorme del dolor ajeno./ Y come, y ríe, y se olvida de todo./ Yo no quiero/ para mi patria estas cosas./ Yo no quiero para nadie en el mundo/ estas cosas./ Y digo yo,/ porque el dolor debe llevar/ claramente establecida su aureola./ Este es el mundo libre, dicen./ Ahora compárame en el tiempo,/ y dile a tus amigos que la risa mía/ se me ha vuelto una mueca grotesca/ en medio de la cara./ Y que digo amén su mundo,/ y lo construyo bello./ Y que me alegro mucho/ de que ya no conozcan/ injusticias tan hondas y abundantes.(…) 

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