Elio Henríquez, corresponsal

San Cristóbal de Las Casas, Chis. Las aproximadamente 800 organizaciones pertenecientes a la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de comercio justo (CLAC) en 24 países, vendieron diversos productos por más de 9 millones de dólares el año pasado, informó su directora ejecutiva, Xiomara Paredes.

En entrevista dijo que uno de los “grandes desafíos” que enfrenan los pequeños productores afiliados a la CLAC no es sólo el cambio climático sino las políticas públicas en diferentes países que no les benefician, pues están destinadas a beneficiar “a los grandes actores en las cadenas de valor”.

Agregó que los más de 230 mil productores y trabajadores que participan en la CLAC cultivan más de 900 mil hectáreas y venden café, cacao, miel, banano, vegetales y uvas para vino, principalmente.

“En 2015 las ventas fueron superiores a los 9 millones de dólares, cifra que subió 5 por ciento en 2016”, agregó la directora ejecutiva de la CLAC, cuya sede se encuentra en El Salvador.

“Existe un incremento de organizaciones de pequeños productores interesadas en participar en el comercio justo –que tiene tres pilares: El social, el económico y el ambiental-, pero no vemos un crecimiento proporcional entre la oferta y la demanda”, dijo.

“En la CLAC estamos convencidos de que el comercio justo es una herramienta eficaz y valiosa si queremos erradicar la pobreza, pero también que sólo trabajando con las organizaciones de pequeños productores podemos traspasar la brecha de la inequidad que existe en América Latina y el Caribe”, manifestó.

Paredes llegó a esta ciudad para participar en la ceremonia en la cual el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y la Coordinadora Mexicana de Pequeños Productores de Comercio Justo –que agrupa a más de 70 organizaciones- firmaron un convenio de cooperación.

El director de Ecosur, Mario Gonzáez explicó que “la idea es que con las experiencias académicas, la aplicación y desarrollo de tecnologías, experiencias de vinculación educativa, etcétera, la institución participe como aliada más formal de un esfuerzo que se ha venido involucrado con los productores a través de investigaciones que se han hecho sobre café y miel, fundamentalmente”.

En la declaratoria correspondiente, Ecosur se comprometió a “realizar esfuerzos para informar, sensibilizar y concientizar sobre el comercio justo para difundir el concepto, su práctica, objetivos, beneficios y resultados”, así como “continuar las actividades de vinculación y extensión con organizaciones de pequeños productores para la capacitación, asesoría, seguimiento técnico, y todo tipo de proyectos de colaboración”.

De esta forma, abundó, “podemos jugar un papel más activo en el cambio de los actuales estándares de producción y consumo y ayudar a las organizaciones de pequeños productores a ser protagonistas de su propio proceso de desarrollo, permitiéndoles invertir en sus comunidades, buscando la autosuficiencia y la autogestión”.

Agregó que “el comercio justo representa una relación más directa y solidaria entre el consumidor y el productor” y “al eliminar la intermediación excesiva, se procura un trato comercial más equitativo, tanto para el pequeño productor como para el consumidor”.

De esta manera, aseveró, el productor logra obtener un ingreso digno que refleje el valor real de su trabajo y le permita impulsar sus propios medios de desarrollo comunitario y comercial. “El comercio justo no es caridad, sino la elección conciente por parte del consumidor para comprar de manera justa al productor en el momento de realizar una adquisición”, se asentó en la declaratoria leída por Cristina Guerrero, directora de vinculación de Ecosur.

“Estamos convencidos de que al introducir los principios del comercio justo en nuestras decisiones, procedimientos y actividades, contribuimos a la equidad, a reducir la pobreza y a promover un desarrollo sustentable”, expresó.

Entrevistado después de la firma del convenio, el sacerdote de origen holandés, Frans Van Der Holf, dijo que el comercio justo inició hace 30 años “con nosotros en Oaxaca”, con la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo, organización conformada por campesinos cafeticultores de las comunidades indígenas de los zapotecos, mixes, mixtecos y chontales.

Añadió que el comercio justo ha beneficiado a los integrantes de las organizaciones que participan en él, aunque aclaró: “No tanto en lo económico porque estamos en una situación de globalización y del capitalismo, sino en el proceso de resistir, es decir, tener la capacidad de organización, hacer su propio camino a nivel social, democrático, organizativo y de búsqueda de alternativas.

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