Federico Anaya Gallardo

Hace semanas me propuse hacer sentido racional de las irracionales posiciones de las derechas mexicanas. Llevo diez entregas y no creo haber avanzado suficientemente en mi objetivo. Acaso ocurre que la oposición al obradorismo está más impregnada de sentimiento que fundada en proyectos. En los últimos días revisé cómo había reaccionado el espacio alazrikiano ante los resultados de la elección intermedia del 6 de junio de 2021 y encontré lo que a continuación comparto. Al día siguiente de los comicios, Atypical TeVe hizo un largo programa (4hrs21mins) invitando a muchos de sus contertulios. Al inicio de esta emisión, Carlos Alazraki señalaba que las cosas eran “un vaso medio lleno o medio vacío”. (Liga 1.)

En las semanas que siguieron, este espacio de TV dedicó varios programas a analizar “qué le pasa a…” cada uno de los partidos de la coalición opositora y a Morena. El capítulo dedicado al partido del gobierno federal se transmitió el 1 de julio de 2021 (Liga 2) y el debate lo abrió Carlos Alazraki del modo siguiente: Primero, reportó que grandes señores del PRI, como César Camacho del Estado de México y Ulises Ruiz de Oaxaca, están muy molestos con los resultados de la coalición. (¿Será una molestia semejante a la de los panistas Javier Corral y su fallido sucesor en Chihuahua, Gustavo Madero?, Liga 3.) Segundo, criticó al PAN por no haber facilitado la candidatura a reelección de la diputada federal tlaxcalteca Adriana Dávila Fernández. Es relevante decir que Dávila ya había sido diputada federal (2006-2009), senadora de la República (2012-2018) y una fuerte candidata panista a la gubernatura de Tlaxcala en 2010. En esta elección perdió ante el priísta Mariano González Zarur por margen estrechísimo: PRI (44.17%) contra PAN (43.89%). Siendo que los dos partidos tradicionales de las derechas mexicanas formaban la columna vertebral de la coalición anti-obradorista de 2021, las críticas de Alazraki deben ser explicadas. Es evidente que el gerente de Atypical TeVe tampoco está satisfecho con los resultados. Y la línea que lleva su crítica es clara: los partidos tradicionales podrían haber hecho mejor trabajo. Por lo mismo, no es de extrañar que en la transmisión del 2 de julio que voy a reseñar invitara a Fernando Belaunzarán –un perredista-galileo cercano a Javier Corral.

Por supuesto, Alazraki no invitó a nadie de Morena para analizar qué pasa con esa agrupación. Para este trabajo convocó, aparte de Belaunzarán, a Lilly Téllez. El conductor lo explicó llanamente: “Pus de Morena, nos valen madres los de Morena. Ustedes [se dirige a Belauzarán y Téllez] no nos valen madres, todo lo contrario. Y creo que son mujeres, mujeres y hombres objetivos, no subjetivos. Aunque tú [se dirige a Téllez] estuviste un rato con ellos. [Alazraki es, en verdad, un inquisidor.] Pero son muy inteligentes y creemos que nos pueden, en esencia, este… ayudar [a entender] cómo está el rollo.” Atypical TeVe no esconde la cruz de su parroquia ni su violencia contra el obradorismo. Con todo, lectora, te pido que te detengas un momento en el “lenguaje llano” del conductor. Él califica sus espacios como programas de política para los no-políticos y se presenta a sí mismo como un ignorante de “lo político”. Se trata de una estrategia de mercadotecnia para identificarse sentimentalmente con sus audiencias. Por supuesto, es una falsa pretensión. Alazraki es un político consumado que se hace tonto para tragar a puños –como diría mi Nana Mary.

Más interesante es su evaluación global de los resultados de la jornada del 6 de junio de 2021: “El PRI y el PAN no crecieron, máximo crecieron un punto. Estuvieron entre .84 y un punto; con menos votos que el presidencial. Ergo no crecieron. No decrecieron pero no crecieron. El Movimiento Ciudadano creció 4%. El Verde Ecologista (esa basura) creció 1.4 ¿lo puedes creer? 1.4 creció. … [El] PT… fíjate la pinche suerte: con .03 mantuvo su registro, 3.03, Lilly Téllez, por poquito lo pierde. ¡No lo perdió! Pero bueno… ya lo perderá [voz de villano de serie televisiva]. Morena sí perdió tres puntos, que tampoco es mucho. No nos hagamos payasos.”

Alazraki resume: “Y la elección, pus valió madres, terminó empatada. Todo igual. Que menos 50 diputados, sí. Pero, como dijo Flores Rico –hace tres semanas– pues nada más depende quién va a [una] votación de diputados. Entonces ya tampoco importa mucho saber si son muchos o son pocos, ¿mmhh?” Alazraki cierra: “Entonces, hay un presidente tipo Echeverría de los setentas, unos morenistas que ni siquiera tienen partido como lo era el PRI en los setentas.”

Ante este pesimismo del conductor de derechas, Lilly Téllez trató de levantarle el ánimo, explicándole que (a) como Morena llevaba tres años en el poder; (b) como tiene un poderoso sistema de propaganda política (las mañaneras); (c) como practica el clientelismo a través de los programas sociales, y (d) como está aliada con el crimen organizado; “con todo eso debieron haber arrasado”. Nota, lectora, cómo la senadora ahora-panista habla desde el canon del viejo régimen. El león cree que todos son melenudos, dice cierto político de Tepetitán, Tabasco.

Lo que acabo de contarte me clarificó que uno de los elementos que amalgama a la coalición anti-obradorista es cultural. Se trata de aquel “priísmo ambiente” del que hablaba Heberto Castillo y que nos corroe a todas. Los convidados de Alazraki, todos ellos, están tan acostumbrados a presidentes omnipotentes que no pueden creer que un presidente deba bregar diariamente para ganar cada centímetro de su influencia. Por eso confunden las mañaneras con un perverso aparato propagandístico –siendo que es solamente el bully pulpit desde el que una presidencia acotada ejerce sus facultades en los márgenes de los otros poderes constitucionales. (En esto sigo, entre otros, a Jeffrey K. Tulis en su The Rhetorical Presidency, Princeton University Press, 1987.) No entienden que una presidencia democrática está necesariamente acotada por esos otros poderes.

La supuesta “dictadura” obradorista es negada a diario por la acción libre de otros poderes, constitucionales y fácticos. El juez Gómez Fierro, titular del juzgado de competencia económica que decretó suspensión erga omnes en el caso de las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica de 2020, fue perfectamente capaz de detener al supuesto dictador y éste debió litigar su caso, muy republicanamente, ante el tribunal colegiado que conoció en alzada el asunto –y que apenas hace unos días echó atrás la suspensión.

Retornemos a otro de los argumentos de Lilly Téllez. Ella dice que el presidente López Obrador debió arrasar en la elección porque usaba clientelarmente los programas sociales. Sin embargo, de acuerdo con la edición del 14 de junio de 2021 de Milenio (medio que forma parte de la coalición anti-obradorista) “La 4T perdió en 45 de 100 alcaldías donde concentró apoyo de programas sociales” (titular para la nota de Rafael López, Liga 4). Tomando en consideración que la pérdida neta de curules del partido en el gobierno fue 50, los datos que aporta Milenio son contundentes: en una elección realmente democrática –y por lo mismo polarizada– los programas sociales universales no impactan tan duramente. En cambio, los esquemas de focalización usuales desde Salinas hasta Peña, en los que el/la beneficiaria del programa debía cumplir ciertas condiciones, los funcionarios que vigilaban el cumplimiento de las mismas podían también vigilar el comportamiento electoral de “sus” beneficiarios. Por eso es que “el PRD en la Cámara de Diputados catalogó la entrega universal de recursos económicos como un ‘despilfarro’.” (Porque no hay modo serio de verificar que los beneficiarios voten “como deben”.)

Lo fascinante es que las derechas rabiosas de la campaña ahora se lamentan al mismo tiempo del vaso medio vacío en que quedó su esfuerzo electoral y de que el gobierno debió haber arrasado. Yo intuyo que lo que ocurre es que no han terminado de entender las novedades que están ocurriendo. Tal vez deberían recordar aquella “monsivada” que rezaba: No entiendo lo que está pasando o ya pasó lo que estaba entendiendo. Regresemos, lectora, a lo que dijo Alazraki al principio de su programa del 2 de julio de 2021: “Hay un presidente tipo Echeverría de los setentas” que está al frente de “unos morenistas que ni siquiera tienen partido como lo era el PRI en los setentas”. Las derechas repitieron tanto su mantra de que López Obrador era un retorno al populismo echeverriísta que se lo han tragado. Por eso les cuesta tanto trabajo entender que el presidente no tenga un partido disciplinado como era el PRI en los tiempos de arriba y adelante. La cosa es al revés: La disolución del partido ultra-hegemónico “de la Revolución Mexicana” empezó precisamente en tiempos de Echeverría. Los abusos de éste, tanto en la guerra sucia como en la política económica, debilitaron aún más el aparato estatal postrevolucionario y lo dejaron a merced de las élites capitalistas que el mismo régimen había prohijado. La hegemonía neoliberal que impusieron esas élites al vetusto gobierno priísta provocó el quiebre neocardenista (1982-1988) y facilitó la insurrección neozapatista (1983-1994). La aparición del PRD y el EZLN obligaron a profundizar la transición democrática. Desde 1997 y hasta 2018 ningún partido ha controlado simultáneamente los poderes ejecutivo y legislativo. (A Morena le ha ido mejor, pero sólo marginalmente: todo debe negociarse en las cámaras. De allí el poder inopinado de gente como Mario Delgado y Ricardo Monreal.) La reforma judicial de 1996 aseguró la autonomía del poder judicial. (El escándalo causado por la pretensión de alargar el mandato del presidente del máximo tribunal sólo demuestra lo fuerte y prestigiosa que es ya la autonomía judicial.) La descentralización del gasto público fortaleció a los municipios desde tiempos de De la Madrid y generó, a partir del zedillismo, el feudo-federalismo que se tragó las ganancias petroleras de principios del siglo XXI (y que permite hoy en día la aparición de una alianza de gobernadores dizque-federalistas). López Obrador no es un dictador y ni él ni su movimiento pueden restaurar la presidencia imperial de antes de 1968.

Al oír a Alazraki quejarse de que los morenistas no tienen un partido como aquel PRI me pregunto si la furia de las derechas no se debe, en realidad, a que AMLO no ha restaurado el viejo régimen que tantas ganancias les dio a las élites hoy desplazadas. Si lo hubiese hecho (aparte de vestirse bien y bolearse adecuadamente los zapatos) Alazraki y su entourage ya estarían cantando hosannas –y pontificando cómo todos los políticos sensatos deben regresar, tarde que temprano, a las tradiciones bien probadas por el tiempo… y por las élites opresoras. Pero Andrés Manuel no ha hecho tal. Ni lo hará. Y jamás se lo perdonarán.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=6mb81RAS_CM

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=8YlTNypzD_o

Liga3:
https://www.elheraldodechihuahua.com.mx/analisis/los-que-queriamos-frenar-a-morena-tenemos-muy-poco-que-celebrar-6819487.html

Liga 4:
https://www.milenio.com/politica/4t-pierde-45-100-alcaldias-pese-programas

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