En días pasados se dio uno de los fenómenos más extraños que se puedan presenciar en una nación: se publica una copia, con pelos y señales, de la tesis profesional del mandatario en funciones, detallándose también las decenas y decenas de párrafos que han sido extraídos (plagiados, literalmente) de otros libros relacionados con la materia.
Algo así como la sexta parte del total del libro (o de la tesis) lo cual es enorme. Esto, que probablemente se ha dado muchas otras veces en la vida académica, resulta agravado en sus implicaciones por tratarse del primer mandatario de una nación, y sobre todo por el hecho de que haya procurado evitarse al máximo el conocimiento del hecho por el gran público, con la utilización de facto de los poderes que de todo modos detentan los primeros mandatarios.
Hay ya, desde luego, opiniones sobre el hecho de personajes oficiales, comenzado por el Secretario de Educación Pública y por el vocero de la presidencia, cuya coincidencia es perfectamente sólida. La unanimidad de los voceros del presidente es plenamente coincidente en que el tema, en el fondo y en la superficie, no tiene ninguna importancia y es irrelevante.
Es verdad, como afirmó Lorenzo Meyer en el programa de Carmen Aristegui, todo depende del punto de vista del observador y del panorama más general del personaje sobre la circunstancia política y social: para un político que espera el título para medrar y “hacer carrera”, como parece ser el caso de Peña Nieto, el caso puede no tener ninguna importancia para sus oficiales, pero desde el punto académico y moral, la recepción de grado es uno de los más importantes acto académicos, y la situación tiene otras dimensiones, empezando por el pésimo ejemplo que se le ofrece a otros jóvenes, y el hecho de que se inicia el primer acto de la vida profesional con un hecho que resulta fraudulento y un engaño. ¡ |imagínense el ejemplo nefasto que cunde de tal comportamiento!
Después de esta noticia muchos han comentado que no les sorprende en absoluto casi las cotidianas mentiras con que las que se trata al pueblo de México, la desfachatez con que también los altos funcionarios tratan a la ciudadanía, y el ambiente de mentira fraudulenta que gira en torno a las palabras que surgen de la mayoría de los funcionarios públicos.
Este conjunto vemos que es una cuestión cultural y educativa general, y que en su lado más negativo tienen que ver los altos funcionarios del país. Hechos como el anterior, por su carácter ejemplar, no hay duda de que están en la raíz de muchas de las corrupciones y mentiras que vivimos en México.
De ahí, por ejemplo, que resulta increíble que en el caso de los maestros y las empresas televisivas sean tan duras con los profesores y sus exámenes de admisión y pasen por alto precisamente las profundas irregularidades con que se llevó a cabo en el examen profesional del Presidente de la República.
Estas apenas son unas cuantas pruebas ligeras de la parcialidad con que se manejan los medios masivos de comunicación. ¡Todo para sus intereses, nada para las instituciones de la nación!
En realidad, Aristegui y amigos, que aparecieron en su programa sobre el enorme y vulgar plagio de Peña Nieto para alcanzar el título de abogado (después la gubernatura del Estado de México, y todavía después la Presidencia de la República), quiere ser una llamada de atención ética sobre la vida mexicana y sus frecuentes cinismos y otra vez una llamada de atención sobre los peligros que encierra el filo de la navaja sobre la que transcurre hoy la vida mexicana.
Tal vez en una cosa si hizo bien el Presidente: guardar silencio él mismo sobre su grave desaguisado. Las críticas hubieran diluviado. Es verdad que ya estaba desnudo. Una felicitación cordial a Carmen Aristegui y a sus compañeros que aparecen en el programa.





