Luis Ricardo Guerrero Romero

En las fiestas era muy común ir paso a paso viendo, es más, observando lo que la gente traía. Allí estaban: los atuendos de cholos sin saber nada de la película de “Sangre por sangre”, y los amantes sin haber suspirado con Werther de Goethe. Asimismo, encuentro a los mercaderes que se alejan de las pautas de Marx y se bofan de Stuart Mill, por allá, en la esquina con carácter de olvido están morando los ancianos que, entre enchiladas, algodones de azúcar, reliquias inservibles y pirotecnia le responden con mesura a Simone de Beauvoir en su libro: La vejez. O sea, lo que deseo plantear es que todo es una tómbola, pero no cualquier tómbola, sino una de luz y de color, según lo compuso Augusto Algueró; los Augustos son siempre acertados. Hace no poco yo supe de uno que renovará el mundo.

Totalmente, era inevitable preguntar todo esto a German, quien sabía de grimorios, alquimia, ciencia y verdad, él era un masón de antiguo y aceptado y del rito escocés, o al menos eso le entendí la misma tarde, en la misma fiesta, en el mismo sitio en donde las palabras se resucitan, reviven, reincorporan, se hacen cuerpo y alma, se hacen palabras de sangre en tinta negra. No obstante, a todo lo anterior lo buena onda de German era su valentía para confrontar la vida, no las vidas, ni la tuya ni la mía, sino la vida, es más ni la suya de sí, sino la vida. Por eso y otras cosas que en las letras no puedo expresar, tan sólo con el pulso de corazón, era German. Él, adicto a varias rarezas que pocos conocen. Por citar una de ellas: la infusión de la albahaca (como alucinógeno) pero lejos de las fiestas donde uno espectador recuerdo su rostro lleno de carisma.

Tuve la oportunidad de expresarlo, eres un hombre con pletórico de frente a él, y me increpó: ¿qué es la plétora? Ahora lo diré.

Resulta que ese asunto es algo que emana desde el pecho, es eso que el pectoral sublime expiara, son en definitivas cosas del corazón. Como lo dicta el griego antiguo: πληθωρα [plethora> plétora] plétora: es decir, plenitud de sangre; abundancia excesiva de alguna cosa. De tal suerte, aquel que tiene mucha vida, tiene mucha sangre, pues la sangre es lo que da la vida en un simbolismo biológico, si me permiten decirlo.

Ya que, la mujer o cualquier hembra mamífero sangra para preparar la vida, y desde luego, la sangre erguida del varón, luego del ciclo oportuno de sangre de la varona se conjugan, se comprometen, se meten, se asumen, se suman, se sumen, se calientan las sangres de ambos que ya no son ambos, sino uno. Otelo, lo dijo: “el monstruo de dos cabezas”. Lo pletórico es la magia de la vida en cualquier ámbito, es dejar la sangre, dejar el flujo vital henchido, enamorado. De aquí también lo pleno, el pleonasmo, pleistoceno. Siempre lo lleno de algo. ¿Quién de aquí se siente pleno de algo hoy en la plenitud del mes de abril?

l.ricardogromero@gmail.com

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