El caos se trasladó a pleno campo donde una multitud corría, algunos envueltos en riñas, otros tratando de ponerse a salvo, y otros más en franco desorden carnavalesco, sonrientes y pidiendo selfies a algunos futbolistas que aún permanecían confundidos por los acontecimientos. Algunos jugadores, incluso, trataban de calmar los ánimos, pero fueron devorados por la muchedumbre y sus intenciones se diluyeron en ese alboroto.
Ningún plan de seguridad parecía contener los desmanes, no se distinguía la presencia policiaca o de seguridad privada. Los pleitos ocurrían en diversas zonas del estadio. Todo fue disturbio en tiempo real. Mientras las transmisiones televisivas continuaban, algunos rijosos golpeaban a sus rivales de la afición contraria.
Los jugadores fueron resguardados en vestidores y minutos después todavía quedaban aficionados en la cancha. El marcador favorecía al Atlas por 1-0 sobre el local Querétaro; el tiempo faltante del partido, unos 28 minutos, serán repuestos después.







