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Buenos Aires. Ni siquiera Javier Mascherano, responsable del error que permitió el empate 2-2 de Perú ante Argentina, pudo salvar a la selección del desconcierto en que se sumerge cada vez que no cuenta con el salvador Lionel Messi.

Las estadísticas son contundentes: Argentina ganó los tres partidos de las eliminatorias sudamericanas al Mundial de fútbol que jugó con Messi, mientras que apenas pudo vencer en uno de los seis encuentros que disputó sin su capitán y máxima figura.

Ahora, el bicampeón mundial está en zona de repechaje y obligado a ganar el martes ante Paraguay para regresar a la zona de clasificación directa al Mundial de Rusia 2018.

Mascherano, histórico referente anímico del plantel más allá del paso de distintos técnicos, fue en Lima la imagen más clara del desequilibrio que padeció la selección de Edgardo Bauza.

Sin firmeza para guiar el juego, su fatídico error defensivo al dar un pase atrás se convirtió en una casi perfecta asistencia para el letal artillero peruano Paolo Guerrero. En un intento desesperado Ramiro Funes Mori intentó frenarlo en el área pero lo desestabilizó y el árbitro cobró el penal que selló el 2-2 final.

“No ganamos por mi error”, se responsabilizó en una dura autocrítica el jugador del Barcelona. Pero su fallo fue quizás sólo una anécdota en una selección que se mostró perdida y en la que sólo se lució el gol de Gonzalo Higuaín, en su regreso al conjunto nacional después de la derrota en la final de la Copa América Centenario, y el portero Sergio Romero con sus intervenciones ante el asedio de los locales.

En sus primeros tres partidos como seleccionador argentino, Bauza no pudo aún imprimirle su estilo a este conjunto de grandes estrellas del fútbol europeo.

Sin vueltas, reconoció que el equipo fue “impreciso” y le “costó hacer circular la pelota”. “No tuvimos el control del juego nunca y nuestro poco control les dio la chance de empatar dos veces el partido y no pudimos resolverlo con los cambios que hicimos”, resumió tras el partido en Lima.

El entrenador regresó hoy a Buenos Aires con un gesto de preocupación en el rostro y adelantó el horario de entrenamiento.

Su primera tarea en estos pocos días antes de viajar a la ciudad de Córdoba para recibir a Paraguay será rearmar la defensa. El martes no podrá contar con Pablo Zabaleta, Nicolás Otamendi ni Ramiro Funes Mori por acumulación de tarjetas amarillas, y no descarta convocar a un marcador central para el choque contra los guaraníes.

“La Argentina debe resolver a qué quiere jugar”, sentenció hoy el diario “La Nación”, que consideró que la selección “está a mitad de camino”. “No se protege como se debe, con alguna falla conceptual de los dos números cinco, Mascherano y Kranevitter, y ataca en el desorden, con la clase de Dybala y la velocidad de Di María, en contraataques ineficaces”.

Bauza no tuvo demasiado tiempo para planificar su trabajo. Asumió la dirección de un equipo golpeado por perder tres finales seguidas en dos años y con Messi renunciado. Se encargó de convencer al crack para que regresara, lesionado y todo, y salió a la cancha para enfrentar tres dobles fechas de eliminatorias en casi tres meses y con pocos días de entrenamiento.

Sabe que no podrá contar con la zurda de Messi ante Paraguay pero se ilusiona con recuperarlo para el clásico sudamericano con Brasil en noviembre. Y mientras tanto, darle identidad al plantel, solidez y la picardía con que suele distinguir a sus equipos.

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