César Arellano García

Ciudad de México. La democracia se fortalece cuando mejoramos las instituciones, aseguró el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien añadió que “no se vale reconocerlas solo cuando ganamos, y nunca cuando perdemos”.

Los desafíos que tenemos como país, dijo, no se vencen con personalismos, sino a través de la buena política, para que juntos, como gobierno y sociedad, estar a la altura de los retos de los tiempos actuales y de las propias expectativas como nación que le apueste por la unión y no por la división.

En la presentación de la Estrategia Nacional Cultura Cívica 2017 (ENCCÍVICA), en el Museo Nacional de Antropología e Historia, hizo un llamado a todos los actores a trabajar juntos para responder a la exigencia de inclusión, de mayor igualdad y de mejores oportunidades, “para lograra el objetivo de un país más justo y más libre”.

Esa es la tarea, agregó, no sólo de un gobierno o partido ni de una sola institución, sino de todos como coautores del porvenir colectivo para lo cual se requiere hacer buena política. “La que crea, suma y construye. La que dialoga, argumenta, propone y acerca a quienes piensan diferente. La que tiene puentes de pluralidad y permite generar una agenda común. La que va más allá de lo inmediato y pone siempre en primer lugar, el interés de México. Esa es la pauta que nos guía y a partir de la cual seguiremos trabajando en favor de la gobernabilidad y la convivencia democrática”.

Por su parte el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Raúl González Pérez, manifestó que en un contexto donde la violencia, el incumplimiento de la ley, la desinformación, el miedo y la corrupción parecieran ser las pautas que pretenden condicionar nuestra existencia cotidiana, la educación abre la puerta a la posibilidad de una convivencia pacífica, sustentada en un verdadero Estado de Derecho.

“El uso de la fuerza reprime y controla. La educación forma y previene. La mejor inversión que puede hacer este país para resolver sus problemáticas actuales es en educación, así como en la atención de las causas que generan las profundas desigualdades existentes”.

Añadió que ha llegado la hora de que la violencia e impunidad den paso a la aplicación de la ley, a la justicia, a la convivencia pacífica, a la inclusión y a la solidaridad.

Acompañado por Alexandra Haas, del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Ximena Puente, presidenta del INAI; Sylvia Schmelkes, titular del INEE; entre otros, El ombusdman nacional expresó que desde la perspectiva de los derechos humanos, la situación más apremiante que enfrentamos a nivel internacional es el que se presencia en varios países, como los Estados Unidos, el surgimiento de un verdadero discurso de odio, que tiene entre sus destinatarios principales a los migrantes, muchos de ellos mexicanos.

“Este discurso legitima formas de rechazo y discriminación, las cuales se hacen presentes cada vez con mayor fuerza en las calles, colegios, lugares de trabajo y las redes sociales de los Estados Unidos. El radicalismo político siempre se ha nutrido de las retóricas intransigentes y el simplismo conceptual. El odio pretende imperar en el imaginario colectivo de los estadounidenses con palabras que intimidan, discriminan y promueven la violencia. No debemos olvidar nunca las lecciones de la historia. Lenguajes de odio que recurrieron al insulto, al maniqueísmo y la descalificación promovieron la deshumanización de grupos humanos cosa que fue, muchas veces, paso previo a su eliminación física”.

El presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, reconoció que que ni las instituciones, partidos, ni las organizaciones de la sociedad “hemos estado a la altura de los desafíos que nos imponía una realidad tan cruda como la nuestra.

“En muchos sentidos, y lo digo de manera autocrítica, hemos fallado en lograr que nuestra ciudadanía se apropie de los principios y valores de la convivencia democrática y con ello sea repelente a las expresiones antidemocráticas que campean en el mundo y también en nuestro país”.

En ese sentido, comentó que la desigualdad, pobreza, violencia, impunidad y la corrupción que integran el ominoso diagnóstico del que parte la ENCCÍVICA no sólo siguen presentes, sino que en ocasiones se han agravado a la par que la sociedad mexicana aterrizaba su transición política.

“Esos males, esos grandes problemas nacionales de nuestro tiempo fungen como un poderoso solvente de la cohesión social, que es la base para que la democracia se recree. A la par, el distanciamiento de la política, de los partidos, de los políticos frente a la ciudadanía y la incapacidad de atender y resolver esos problemas hoy, parafraseando un texto de Norberto Bobbio de finales de los años ochenta, constituyen auténticas promesas incumplidas del cambio democrático, y han provocado en muchos sentidos un divorcio entre el Estado y la sociedad que hoy nos urge subsanar.

“En la medida en que no lo logremos, estaremos abonando el terreno para que echen raíces valores, prácticas y pulsiones antidemocráticas, como está ocurriendo peligrosamente en todo el mundo”.

 

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