Washington. Cuando el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden viaje este miércoles a Turquía y se reúna con el presidente Recep Tayyip Erdogan la cita será delicada. Oficialmente Estados Unidos está de parte de este socio de la OTAN, cuyo valor geopolítico es inmenso.
Pero una vez se apaguen los flashes de las cámaras puede ser que la tensión se pueda cortar con un cuchillo. Washington mira con preocupación lo que está pasando en Ankara y por ello viaja en primer lugar un viejo zorro de la política como Biden que, para ir calmando las aguas, ya ha asegurado que el hombre fuerte en el Bósforo es “viejo amigo”.
El gobierno turco quiere exigir a Estados Unidos la extradición del predicador Fethullah Gülen. Se trata de uno de los muchos problemas o tal vez el que más urgencia tenga. Erdogan responsabiliza a Gülen, que vive en el exilio en Pennsylvania, del golpe de Estado fallido cometido a mediados de julio en Turquía.
La razón de la solicitud de extradición se remite a delitos de los que se acusa al predicador de 77 años y que datan de antes del golpe de Estado, según señala la Casa Blanca.
El gobierno turco está impaciente porque la extradición de Gülen, al que ahora se le hace culpable no sólo de intentar derrocar al gobierno, sino de todos los males del país, no va lo suficientemente rápido. “¿Pero no somos socios estratégicos? ¿No nos entregamos delincuentes?”, dijo recientemente en tono enojado Erdogan durante una intervención ante representantes de organizaciones civiles islámicas.
Siempre que Estados Unidos ha pedido la extradición de un terrorista, Ankara respondió enseguida en base a un acuerdo de extradición. “Nunca exigimos los comprobantes”, agregó.
Hace un año, Erdogan ya solicitó al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la extradición de Gülen. Y renovó la petición tras el intento de golpe de Estado el pasado 15 de julio. Como Estados Unidos pidió la documentación, se le enviaron 85 paquetes con actas y comprobantes.
El primer ministro turco Binali Yildirim aseguró además que bajo ningún concepto Turquía pretende poner en juego las relaciones con Estados Unidos y “menos aún por un líder terrorista”. Sin embargo se da por descontado que las relaciones no fluirán como la seda mientras Gülen siga teniendo cobijo en Estados Unidos.
Es por ello que la Casa Blanca insiste en asegurar que ni Obama ni Biden tienen la posibilidad de inferir en el “proceso judicial”.
Tiene que ser un juez el que decida sobre la extradición y eso puede durar años debido a la democrática separación de poderes en Estados Unidos.
El ministro de Justicia turco, Bekir Bozdag, dijo, sin embargo, que está plenamente convencido de que el servicio secreto CIA dispone de más pruebas de que Gülen puso en marcha el golpe de Estado que la propia Turquía. “Decirnos a nosotros que la CIA, que sabe exactamente cuántas veces late al minuto el corazón de Fethullah Gülen, cuántas veces respira, que conoce a todos los que entran y salen de su casa, e incluso el sexo de cada mosca que ronda su casa por la noche, que no sabe si Gülen está implicado en esto, significa que se está riendo de los turcos y de todo el mundo”.
A largo plazo, más que Gülen y la suerte que puede correr, lo que realmente preocupa en la Casa Blanca es la niebla que se extiende sobre la política turca en los numerosos frentes abiertos en Cercano Oriente.
La repentina simpatía que Ankara siente por el presidente ruso Vladimir Putin, justo un año después de que la Fuerza Aérea turca derribara un caza ruso, repulsa a los estadounidenses, al igual que la política de Erdogan con los kurdos.
Las tropas terrestres kurdas son las que luchan con Estados Unidos contra el EI desde hace meses y son uno de los pocos socios fiables en la lucha antiterrorista de Occidente. Pero para los turcos, los kurdos son enemigos del Estado y una nación kurda en el norte de Siria sería “inaceptable” para Turquía.
La respuesta de Ankara al intento de golpe de Estado es algo que Washington considera cuestionable aun cuando no lo diga en público.
Las purgas de profesores y periodistas hacen perder la confianza en una democracia ejemplar de corte occidental, que es la que a Estados Unidos le gustaría ver en amplias partes de la región.
Y ya se ha abierto el debate sobre si la base militar turca de Incirlik es el lugar adecuado donde almacenar armas atómicas estadounidenses. El hecho de que por la ubicación del lugar no se analice ninguna otra alternativa muestra el dilema de los estadunidenses con su aliado turco.





