Armando G. Tejeda
Después de siete años viviendo fuera del país, el ex presidente Carles Puigdemont regresó a Cataluña, dio un discurso a las puertas del Parlamento a pesar de tener una orden de búsqueda y captura en su contra y tras haberse activado un dispositivo policial para su detención, y volvió a desaparecer. La presencia de Puigdemont en Cataluña fue pública, anunciada con antelación y con decenas de cámaras transmitiendo en directo su primer mitin político, y aún así el ex mandatario fue capaz de evadir los controles y sin que se conozca hasta ahora su paradero. Algunos sostienen que va de regreso a Bélgica, donde ha vivido desde hace siete años, y otros que está en el sur de Francia.
Puigdemont tiene todavía una orden de búsqueda y captura en su contra por un presunto delito de malversación, que según los jueces españoles del Tribunal Supremo no entra en la ley general de amnistía aprobada durante este legislatura y gracias a la cual le exoneraron del resto de causas abiertas contra él, incluidas las de los delitos de sedición y desobediencia pública. De ahí que el ex presidente catalán era consciente de que su regreso a Barcelona supondría también un dispositivo policial para su detención, pero aún así anunció con varios días de antelación que estaría en Barcelona para participar en el debate de investidura del socialista Salvador Illa.
En su reaparición en Cataluña, Puigdemont fue recibido por unas mil personas en un breve mitin en las inmediaciones del parque de la Ciudadela, donde se encuentra el Parlamento regional. Ahí dio un breve discurso y después salió del escenario rápidamente, escondiéndose en una pared blanca con una puerta de salida y de repente ya no estaba, se había difuminado entre la multitud.
Tras desaparecer, la policía autonómica catalana, los Mossos d´ Esquadra, que eran los que tenían la encomienda de cumplir la orden judicial para su detención, activaron durante cuatro horas lo que llamaron la “Operación Jaula”, que pretendía localizar y detener al ex presidente. Pero fue inútil. El único resultado concreto del operativo fue la localización del vehículo en el que huyó, que era propiedad de un policía autonómico catalán, que fue detenido posteriormente.
Además, se registraron 22 heridos leves durante la concentración y posterior disolución de los simpatizantes de Puigdemont a las puertas del Parlamento. La maniobra de Puigdemont pretendía también impedir que se formalice el pacto de gobierno entre el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y ERC, para sacar adelante la investidura del socialista Illa, que se convertirá en el tercer líder socialista en presidir la Generalitat desde la restauración de la democracia, después de Pasquall Maragall y José Montilla.





